Catalina

Catalina Navarrete Falcones

Fecha de nacimiento: 7 de noviembre de 1992, Tosagua, (Ecuador)
Fecha de muerte: 16 de abril de 2016, Playa Prieta, (Ecuador)

Catalina, 23 años: «Voy a cambiar, voy a dejar esta vida que llevo».

Catalina había tenido una fuerte conversión después de una vida muy alejada del Señor. Llevaba dos años preparándose para entrar en las Siervas del Hogar de la Madre. Había sido ya admitida y, aunque no había llegado a emitir su compromiso oficial, compartía ya muchos momentos de la vida de la comunidad. Por eso, cuando hablamos de las cinco jóvenes que murieron con la hna. Clare en el terremoto del 16 de abril de 2016 en Ecuador, hablamos de las cinco candidatas a Siervas del Hogar de la Madre, incluyendo a Catalina en el número de las Siervas. Nuestro razonamiento ha sido el siguiente: si existe el bautismo de deseo, debe existir también la consagración de deseo. Y Catalina deseaba ardientemente entregarse a Dios como Sierva del Hogar de la Madre. De hecho, en su corazón, ya había realizado esa entrega, y lo estaba demostrando con su vida.

Primera comunion de Catalina

La primera comunión de Catalina

Gladys Catalina Navarrete Falcones nació en Tosagua (Manabí, Ecuador), el 7 de noviembre de 1992. Sus padres se llaman Juan y Mirasol. Tenía cinco hermanos: Selena, Valentín, Juan Jesús, Sabino y Valeria, que murió hace varios años. Su primera escuela fue la "Veinticinco de enero". Su madre la describe, en sus primeros años, como “una niña muy inquieta, solo quería jugar y brincar”. En la escuela sacaba buenas notas y fue escolta de la bandera. Pasó después al Colegio "Nacional Tosagua", pero el nivel académico no era demasiado alto y Catalina – que se sabía inteligente y aspiraba a ir a la universidad -  decidió continuar sus estudios en el Colegio "María Luisa", de las Hijas de la Caridad. En este Colegio perteneció al grupo de la Medalla Milagrosa. Las hermanas la querían mucho y Catalina las acompañaba a muchas actividades.

Karolina Vera relata un detalle que nos habla del buen corazón de Catalina: “Antes de terminar el bachillerato, Catalina tenía que hacer prácticas de pasantías en un negocio. Hizo un excelente trabajo en las pasantías, tanto que allí decidieron contratarla. En este primer trabajo ganaba solo veinte dólares al mes, pero para ella eso era muchísimo. Siempre ayudaba a su familia, por eso, de los veinte dólares, ella solo se quedaba con diez, y los otros diez se los le daba a su madre”.

Catalina en sus 15 años con su mamá y sus hermanos

Catalina en sus 15 años con su madre y sus hermanos.

En la Universidad de Tosagua, comenzó los estudios de Secretariado Ejecutivo. Pero Catalina estaba comenzando a dar malos pasos y, con su carácter de líder, arrastraba a sus amigas tras de sí. En alguna ocasión fueron a "Montañita", un pueblo costero con muy mal ambiente, hasta el que llegaban muchos jóvenes, muchos de ellos extranjeros, para hacer surf.  Catalina comenzó a llevar  una vida muy mundana. En su tercer semestre dejó la Universidad y se trasladó a Quito. Allí pasó un año trabajando y jugando en un equipo de fútbol. Karolina Vera señala: “Catalina era muy buena deportista, la mejor que he conocido hasta ahora”. Otra amiga insiste: “Sobresalía de entre todas sus compañeras de juego. ¡Messi y Maradona le quedaban corto, je je je! Brillaba con luz propia. Verla jugar era extraordinario. Tenía un carisma que cautivaba a los observadores”.

Su madre sufrió mucho en este periodo, porque sabía que su hija había escogido un mal camino.

Después de estar un año en Quito, decidió regresar a Portoviejo para volver a la universidad. Comenzó la carrera de Administración de Empresas en la Universidad Técnica de Manabí. En Portoviejo seguía en el mismo ambiente y viviendo muy lejos de lo que es la vida cristiana, hasta que un día conoció a Gemita Menéndez, candidata de las Siervas del Hogar de la Madre, en una parada de bus: “No lo olvidaré nunca. Cuando la conocí fue como experimentar que la Virgen quería que Catalina fuera toda suya. Yo estaba en la Iglesia del Espíritu Santo, en Portoviejo. Al terminar la Eucaristía, miré hacia atrás y la vi. Experimenté fuertemente que la Virgen me decía: «Ve y háblale a esa chica». Como soy muy vergonzosa, no lo hice en ese momento, pero le dije a la Virgen que si la volvía a ver la hablaría y la invitaría a las reuniones para jóvenes que teníamos en la Universidad”.  La sorpresa para Gema fue que, días después, coincidió con Catalina en la parada de autobús y pudo cumplir su promesa de hablarla si la volvía a ver.

María Augusta, Catalina y Mayra

Gema sigue contando: “Ella - desde que conoció a Dios - no paró de querer conocerle más y más, hasta el punto de cambiar totalmente de vida y querer entregarse por entero al Señor. Catalina fue una chica que se enamoró completamente de Jesús, se arrojó en sus brazos, y Él la purificó a través de la confesión y la Eucaristía. Amó mucho a Jesús en la Eucaristía, y su trato con la Virgen fue de madre a hija”. Quizás la parte más emocionante del testimonio de Gema es cuando afirma: “Desde que se convirtió, sus ojos estaban puestos en el Cielo. Tenía muchas ganas de ver a aquellos que habían cautivado su corazón: el Señor y nuestra Madre la Virgen”.

Poco tiempo después de conocer a Gema, y de su manos a las Siervas Hogar de la Madre, Catalina decidió ir a vivir con otras jóvenes del grupo a la Residencia de Estudiantes que el Hogar tenía en Portoviejo. Orientó también sus estudios hacia una carrera que le permitiera servir a los pobres. Se matriculó para eso en el Instituto Superior en Educación Religiosa y Valores San Pedro donde estudiaba “Promoción social”. Ese cambio de ambiente fue trascendental para ella. Karolina Vera afirma: “Su vida cambió de una forma radical. Incluso su familia se daba cuenta de que algo había cambiado en ella. Una vez, Catalina estaba en su casa llorando y le decía a su madre: «Voy a cambiar, voy a dejar esta vida que llevo». Ella decía eso porque ya se había encontrado con Dios. Desde ese día Catalina se convirtió en otra persona: alguien espectacular. Yo personalmente, la recuerdo siempre con el rosario en la mano. No le daba vergüenza ir por la calle mostrando su rosario. Eso me impresionaba de ella. Siempre me animaba a rezar el rosario con ella. Para Catalina, lo mas importante en el día eran el rosario, la misa y la oración. Yo la vi enamorarse de Dios”.

Estas líneas que Catalina escribió a Gema Menéndez en 2014, reflejan la firmeza en su decisión de seguir a Cristo: “Haré todo lo posible, porque lo imposible está en manos de Él y de Ella. Trataré y trataré hasta conseguir ser una persona de bien, así sea que llegue hasta los noventa años. Mejor dicho, trataré a cada momento y cada día ser mejor y agradable a Dios. Lucharé y estarás presente con todas las chicas de la resi en mis oraciones, porque pediré fervientemente por ustedes. Que Diosito y la Virgencita nos bendigan y nos libren de todo peligro y males inesperados. DIOSITO NOS QUIERE”.

Catalina con un grupo de chicas

Catalina tenía madera de líder y un carácter alegre y cariñoso. Tras su conversión, todos los dones de que el Señor la había dotado – que eran muchos – se convirtieron en instrumentos al servicio del apostolado y de la caridad. La hna. Kelly María Pezo recuerda: “Cuando estaba ella te asegurabas el buen ambiente y la alegría verdadera.  (…) Fue la jefa del último campamento de Manabí, este año 2016.  Las monitoras nos contaban que a veces iban donde ella para contarle sus penas y sus preocupaciones con respecto de las niñas de sus unidades, pero que no llegaban a contárselo.  Y es que, cuando se lo iban a decir a Catalina, ella saltaba con alguna tontería o algún sonido gracioso, se tronchaban de la risa y se les pasaban sus agobios”.

Pero su sentido del humor no era reflejo de ligereza, sino de todo lo contrario: manifestación de su entrega a los demás. La hna. Kelly María la describe así: “Preguntaba muchísimo, era muy inquieta y pensaba un montón. Era como una esponja.  Si tenía cualquier duda, pedía una aclaración con muchísima sencillez y sinceridad. Y se asombraba de que hubiese tanta gente en el mundo que todavía no conocía a Dios de verdad (y se incluía). A mí me impresionaba ella que, en medio de su alegría y su capacidad de hacer el ganso, no era nada superficial. Al contrario, era muy profunda, con un alma preciosa, transparente y generosa”.

Los testimonios de sus amigas lo confirman. Carolina Aveiga recuerda: “Aún no he conocido a alguien con tanto sentido del humor como Catalina. Su disponibilidad, su alegría en la entrega, era algo realmente que trascendía. Cuando íbamos de excursión con las chicas de Estados Unidos, Catalina estaba siempre pendiente de todas e intentando por todos los medios que ellas tuvieran una buena experiencia. A pesar de los diferentes idiomas, si ella no sabía pronunciar o decir algo, se lo inventaba para hacernos reír. Siempre buscaba eso, hacernos reír, y por la gracia de Dios siempre lo lograba”. Gema Menéndez afirma: “Contaba muchos chistes para que las personas se rieran. Tenía un sentido del humor muy agradable”. M Cristina Pinargote añade: “Había en Catalina una virtud que resaltaba mucho en ella: era la servicialidad. Se preocupaba por los demás. Cuando estábamos comiendo, siempre se levantaba para ver qué faltaba en la mesa, y a la hora de ayudar ella era la primera”.

Hace unos meses, nuestras hermanas de la comunidad de Chone tuvieron experiencia de la capacidad de entrega de Catalina. Varias hermanas de la comunidad estaban enfermas a causa de un virus que se llamaba chikungunya. Justo esa semana, todas las mañanas, tenían programadas convivencias con los niños de un colegio cercano. Pidieron ayuda a las hermanas de Playa Prieta y la Hna. Estela llamó a Catalina y a Julissa. La hna. Kelly María refiere: “Fue muy en el último momento, pero las dos reaccionaron con una disponibilidad absoluta. Esa misma noche viajaron a Chone para ayudarnos, aunque no sabían exactamente en qué iba a consistir esa ayuda.  Pero llegaron y nos ayudaron muchísimo. La Hna. Leticia decía que Catalina era impresionante: antes de llegar a formular una necesidad, ya Catalina estaba en ello. Nunca le tuvo que pedir ayuda, porque antes de darse cuenta ella misma de que lo necesitaba, Catalina ya lo estaba solucionando”.

Carta de Catalina a Gema durante la Semana Santa de 2015

Como ejemplo de su intimidad con el Señor y con nuestra Madre, Gema Menéndez nos muestra una cartita que Catalina le escribió al terminar la Semana Santa del 2015: “Qué Semana Santa, ¿eh?!!! Ojalá siempre viviésemos junto a Él y con Él. Con Ella también. En el altar de la capilla de Playa Prieta estaba esto: «Busqué consoladores y no los hallé». Y me pregunté si éramos o somos su consuelo. No lo supe en ese momento. Ayer sábado, día de la Virgen, miré durante el Rosario a la Virgen Dolorosa, a su Corazón. Y Ella me dijo: «Eres mi consuelo. Tú»”.

Catalina fue enterrada dos días después de su muerte, el 18 de abril de 2016, en Tosagua. También ella, como Valeria, fue vestida con una túnica blanca, como expresión de su deseo de consagrarse a Dios como Sierva del Hogar de la Madre.

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