Miércoles, 26 Julio 2017 11:56

«¿Qué no ves que estoy aquí?»

Catalina
Dios vive en mi alma y lucho, como todos ustedes, por alcanzar la tan anhelada santidad, por llegar al Cielo.

La Revista del Hogar de la Madre tiene una sección titulada «Cómo conocí el Hogar» en la que, los miembros de su movimiento, van contando cómo conocieron y cómo fueron descubriendo su vocación al Hogar. Catalina Navarrete Falcones dejó escrito su testimonio, pero no dio tiempo a publicarlo. Lo hacemos hoy, con las fotos que ella misma seleccionó para enviar a la revista.

Cómo conocí el Hogar: Catalina Navarrete Falcones, 22 años

Dios tiene diferentes formas, unas ordinarias y otras extraordinarias, para que vuelvas a Él. No es que me haya buscado de una forma super extraordinaria, pero si viene de Él mismo, de por sí, es asombroso. A veces es indescriptible e increíble creer que, por algo tan sencillo, la vida puede cambiar, y te das cuenta de que sí tiene sentido. Antes de nacer ya estaba invitada a ser parte de esta gran familia, un designio de Dios para mí. No es mágico lo que hace la Divina Providencia, sino una realidad trascendental, que siempre actúa para el bien personal de cada uno.Catalina y mas jovenes

Fue un día de esos, en el que salía de la Universidad de regreso a casa. Me hallaba esperando mi bus y, de pronto, Gema Menéndez, Candidata a Sierva del Hogar de la Madre, se me acercó y empezó a platicarme mucho sobre un grupo. Me hablaba como si no hubiese otro momento después de ese. Era el año 2013, octubre. Quiero mencionar aquí también que esta chica ya me había visto antes y que, movida por Nuestra Madre Santísima y por la Providencia, sintió el llamado de acercarse e invitarme a conocer la Residencia de Estudiantes del Hogar de la Madre, a las jóvenes que vivían allí, a las Siervas del Hogar de la Madre, y a un grupo de jóvenes que viven cristianamente, ganándose por méritos propios lo que son: ser el regalo que Dios le quiere hacer a su Madre. Así comenzó todo, sin poder prever en esos momentos lo que me esperaba: la Resurrección de Jesucristo para darme vida…

Catalina y Hna. Ruth MEn aquella parada de autobús, el Señor —valiéndose de ese instrumento— empezó a dar desde ese instante un giro a lo que en ese entonces llamaba «vida». De a poco me adentraba, sin mérito propio, por el camino de la conversión, en aquella llama ardiente del Corazón de la Virgen, que no quema sino que calienta el alma y nos vuelve sensibles por el Amor del Señor.

Estuve en el Encuentro de Semana Santa en el 2014, en Playa Prieta. Allí fue donde percibí mi vocación al Hogar de la Madre. Mientras rezábamos el Santo Rosario, mantenía la mirada en el suelo, juzgando y desconfiando de lo que muchos decían acerca de lo que «experimentaban». De pronto advertí cómo la Virgen me decía: «¿Qué no ves que estoy aquí?» Y, alzando mi cabeza, me encontré con su mirada… Me quedé un poco —o un mucho— atónita ante ese golpe de luz interior, que me ha dejado marcada hasta el día de hoy. Aunque, ¡claro!, dudaba de aquello.

Luego asistí a mi primer campamento. A pesar de que lo hice de forma irregular, fue un tiempo de gracia. Por mi parte hubo momentos de dudas y arrebatos, porque iniciaba a ver que la vida que mantenía no era agradable a los ojos de Dios, y que esa «vida» mía era inerte. Dudas, porque no sabía qué hacer: si dejar «todo» —que es nada en realidad— y a todos —sobre todo mis malas amistades, que eran las únicas que tenía—. Dejar malos ambientes, malas lecturas... Y arrebatos causados por mis dudas, que me llevaban de una sutil subida a una brutal caída.Chicas de la resi

De esta manera, para no alargarme demasiado, llegué al Hogar. ¿Quién me trajo? Pues Ella, la Virgen María. Me llevó a su Hijo, y ahora yo permanezco en Él o Él permanece en mí, y me guarda dentro de su costado que yo misma traspasé.

Ahora formo parte de este gran regalo. Soy miembro del Hogar de la Madre desde agosto de 2014. Hice oficialmente mi compromiso como experta —aunque ya vivía el de veterana— en el Cajas (Santuario de Ecuador), frente a la Virgen Guardianita. Vivo desde el año pasado en la Residencia de Estudiantes «Nuestra Señora del Carmen», de Portoviejo. Dios vive en mi alma y lucho, como todos ustedes, por alcanzar la tan anhelada santidad, por llegar al Cielo.

Catalina y María Augusta¡¡Cuánto me ha dado el Señor!! No sé cómo retribuirle yo a Él todo lo que me da, dándose enteramente Él mismo sin limitarse. ¡¡Tantas gracias, tantos dones, la resurrección, la vida, su Vida!!

Como dice el P. Rafael: «Gracias Señor por todo lo que me das y por todo lo que me quitas, porque todo lo que me das y todo lo que me quitas procede de tu Amor, y cuando me quitas algo, es para darme algo mejor».

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