jazmina


Jazmina Jessenia Castro Delgado

Fecha de nacimiento: 9 de febrero de 1994,  Chone (Ecuador)
Fecha de entrada en las Siervas: 20 de abril de 2015
Fecha de muerte: 16 de abril de 2016, Playa Prieta (Ecuador)


Jazmina Castro, 22 años: “Yo sé que la Virgen me quiere mucho”.


De Jazmina dicen las hermanas que podría ser nombrada protectora de los chicos y chicas que tienen miedo a tener vocación. Efectivamente, Jazmina se moría de miedo solo de pensar en ser llamada por Dios a la vida consagrada. La hna. Ruth Ibáñez recuerda de ella: “Era de esas personas que, cuando empiezan a hacer oración, enseguida ven con claridad lo que el Señor quiere de ellas. Y ella vio enseguida que el Señor quería que fuera Sierva, pero le daba miedo y se veía sin fuerzas”. Gracias a Dios, el miedo no la apartó del Señor ni de las actividades del Hogar de la Madre, aunque pasara por momentos difíciles. Y si nunca llega a ser nombrada oficialmente “protectora de los miedosos”, sí que su ejemplo puede ayudar a muchos jóvenes a vencer sus temores y a entregarse al Señor.

Jazmina con sus padres después de su graduación

Jazmina con sus padres

Jazmina Jessenia Castro Delgado nació el 9 de febrero de 1994 en Chone, en la provincia de Manabí (Ecuador). Sus padres se llaman Ángel Sigifredo y Lilia. Era la pequeña de seis hermanos: Edison, Arnaldo, René, Magdalena, Angélica y ella. Estudió primero en el Colegio Amazonas y luego en el UNE. Su madre dice de ella: “Se graduó con buenas notas, era buena estudiante, aunque de carácter vivo. Se ponía siempre de parte del más débil por eso la llamaban la abogada”. Sus amigas la recuerdan como una chica alegre, muy sincera. Lo que tenía que decir lo decía. No era con intención de hacer daño sino una exigencia de la franqueza de su carácter. La hna. Ruth continúa su testimonio diciendo: “La recuerdo siempre riendo y muy espontánea: arrolladora”. Y Carolina Aveiga completa la descripción diciendo: “Sus miradas lo reflejaban todo: si estaba triste, feliz, cansada... Solo tenías que mirarla a los ojos y enseguida descubrías lo que llevaba dentro”.

Empezó a frecuentar las actividades del Hogar en la Navidad de 2009. Llegó a las primeras reuniones del grupo de chicas con Mayra Alcívar, su mejor amiga. Era una jovencita vanidosa, cuidadosa de su aspecto físico y llena de apegos. Su amiga, Gema Vergara, recuerda: “Cuando empezó a asistir a las reuniones del grupo Hogar de la Madre, su vida se fue transformando mucho. En esos primeros momentos, mientras iba conociendo al Señor y a nuestra Madre la Virgen, se le notaba que le daba miedo la idea de que le fuera pidiendo pequeñas cosas, pero ella poco a poco se lo iba dando con generosidad. Recuerdo que ella estaba muy apegada a su celular y, por una semana, se lo dejó a la Virgen en casa de las hermanas para ofrecerlo como sacrificio”. Esos pequeños gestos son mucho más importantes de lo que parecen a simple vista, porque fortalecen la voluntad y la disponen para entregas cada vez más grandes. La hna. Kelly María Pezo añade a este respecto: “Realmente tenía un apego muy fuerte al celular, que hacía mucho daño a su alma. Ella lo sabía. En muchas ocasiones experimentaba que la Virgen le pedía el celular y a veces se lo dejaba por una semana. Otras veces no se lo daba a nuestra Madre, y le hacía mucho daño. Solo después de haber aceptado su vocación, muy poco antes de entrar de candidata, pudo de corazón desprenderse del celular”.

En estos primeros años, pensar que Dios la podía estar pidiendo todo, le daba una tremenda sensación de vértigo. La Hna. Estrella escribe: “Cuando Jazmina estaba muy revuelta por no responder a su vocación, se echó de novio para huir del Señor”. De hecho, cuando ya la Hna. Estrella estaba en España para hacer el noviciado, recibió una carta de Jazmina en la que se trasluce la inquietud interior de esta: “No te preocupes por mí que estoy muy bien. Y sí, salgo con un chico y es bueno. La verdad es que estoy muy feliz. No reces por mí, ya una vez te lo dije, no es necesario. Reza por las demás almas, por tu familia, por tus amigos, por las Siervas… Pero por mí ¡¡noooooo!!”

Jazmina y Mayra con unas amigasEn el año 2013 comenzó sus estudios de Ingeniería en Sistemas, en la Universidad ULEAM de Chone. En el primer semestre hizo unas amistades muy malas que le hicieron mucho daño. Como ella no era capaz de separarse de ellos, el Señor mismo intervino antes de que se perdiera del todo: en el segundo semestre, por cuestión de horarios, no volvió a coincidir más con esos malos amigos. Fue al separarse de ellos cuando se dio cuenta del daño que le habían hecho.

Siguió participando de las actividades del Hogar de la Madre, aunque muchas veces la costaran. Así se lo confiesa a su buena amiga Ani Moro, consagrada en las ACIM: “Espero que estés rezando mucho por nosotras, más ahora que llegan los campamentos y a mí me cuestan un montón”.

Una fecha clave son los Ejercicios Espirituales que el P. Rafael Alonso – fundador del Hogar de la Madre - dio al grupo de chicas en Ecuador en el año 2013. A Jazmina la ayudaron muchísimo. La Hna. Reme Rodríguez, que acompañaba al Padre en ese viaje, recuerda: “Yo estaba ayudando en la cocina y Jazmina me pidió si podíamos hablar. Me contó un poco de sus miedos y sus luchas. La animé a no tener miedo”. Poco después de volver a España. la Hna. Reme recibió un e-mail de Jazmina: “¡Hola! Espero que esté muy bien. ¡También espero que recuerde quién soy! ¡¡Soy la chica que el Padre dijo que tenía más miedo que vergüenza!! Bueno, ya no tengo mucho miedo… Eso es lo que creo”. Y Jazmina termina su carta pidiendo: “Hna. Reme, rece mucho por mi, para que deje de ser vanidosa y pueda desapegarme de muchas cosas que a veces me alejan de DIOS. Yo quiero ser buena, pero me es difícil. Pero bueno, por lo menos lo quiero”.

Poco después de esa fecha, escribió para la Revista HM: “Ser del Hogar es lo mejor que me ha pasado en la vida. El Hogar me ha ayudado a reconocer a Dios y a amarlo en la Eucaristía. Me ha ayudado a sentir a la Virgen y a experimentarla como Madre de Dios y Madre nuestra. Esto es y será la alegría más grande de mi vida: saber que la Madre de Dios es mi Madre.” Lo que nunca le faltó a Jazmina – a pesar de sus miedos personales - fue una gran valentía para dar testimonio de su fe y defenderla en cualquier situación. Nunca se echaba para atrás cuando se trataba de defender al Señor, incluso ante profesores y compañeros de clase. Gema Vergara lo confirma: “Cuando tenía que decir algo a alguien acerca de Dios, de nuestra fe, o cualquier otro tema, lo decía con una seguridad que solo Dios le podía dar. Defendía a capa y espada a la Eucaristía y tenía un amor incalculable a la Virgen”.

Después de un campeonato de fútbol en Chone 2014Algo en lo que todos concuerdan es en hablar del celo por las almas que tenía Jazmina. Ella era consciente de su responsabilidad para con las almas, y por eso escribía así a una amiga: “Cuando tu corazón no arda de Amor, muchos morirán de frío”. Carolina Aveiga escribe: “De Jazmina aprendí muchas cosas. De ella puedo decir que aprendí a defender mis criterios, aprendí la importancia del apostolado, aprendí que no basta solo con invitar a chicas al grupo, sino que hay que insistir y darme por entero en las reuniones que tenemos. Siempre estaba pendiente de todas y tenía un don especialísimo para conocer a la gente. Ella sabía cuando a una chica le pasaba algo y siempre trataba de animarla”. Denisse Muñoz lo confirma con su propia experiencia: “A Jazmina la conocí cuando conocí el Hogar, hace tres años. Ella fue la primera persona que se dirigió a mi al llegar a la reunión. Se portó conmigo como si me conociera de toda vida. Con cada chica que llegaba al Hogar siempre era así de atenta y nos hacía sentir muy incluidas en el grupo”. La hna. Kelly María Pezo concuerda al afirmar: “Es verdad que sentía una responsabilidad especial hacia las chicas. Se preocupaba muchísimo por ellas y hacía todo lo posible para acogerlas lo mejor que podía. Incluso cuando ella estaba mal (espiritualmente) se esforzaba por ponerles buena cara. Decía que las chicas no tenían por qué saber que ella estaba mal. Le daba miedo pensar que podía hacer daño a las chicas si actuaba de otra manera. Hacía buen ambiente incluso estando ella revuelta y aunque no le apeteciera nada. En esto era realmente admirable. Es gracioso, pero incluso durante sus luchas contra la vocación (había tomado la decisión de nunca responder), cuando veía una chica que estaba luchando le hablaba muy fuerte”.

Febrero de 2014 es otra fecha clave en la vida de Jazmina: fue su primera expedición misionera al Puyo. Cada tres o cuatro meses, las hermanas organizan una semana de misiones para entrar en la selva amazónica, en el Puyo, en el Oriente ecuatoriano. El objetivo es evangelizar a los indios Shuar, que están recibiendo ahora las primeras noticias acerca del Reino de Dios. Jazmina quería participar de esta expedición, pero se la avisó de que si iba era para ayudar y para hacer todo lo que se le dijera sin quejas. Ella aceptó las condiciones.

Hna Kelly y Jazmina en el Puyo

Jazmina con la Hna. Kelly María en el Puyo

Hay que señalar que Jazmina aborrecía la suciedad. Como dicen en Ecuador era una chica “muy aniñada”, incapaz de beber de un vaso en el que hubiera bebido otra persona, ni aunque fuera su misma madre. No se le escondía que en la misión tendría que esforzarse mucho en este sentido. No es solo que en la selva se vive en una pobreza total y que no hay baños, ni duchas, ni nada de nada. Hay más que eso. Cuando uno llega a un poblado Shuar, lo primero que se le ofrece al recién llegado es un vaso de “chicha”. La chicha es una bebida realizada con yuca. La yuca primero se cuece para reblandecerla. Después, las mujeres de la comunidad la mastican y la escupen en un caldero que van removiendo con sus propias manos. La operación se repite una y otra vez hasta alcanzar la consistencia adecuada. Se deja fermentar hasta el día siguiente y entonces ya se puede consumir. Forma parte de la alimentación básica de los Shuares, que la ofrecen a sus visitantes como muestra de acogida y hospitalidad. Rechazarla significa rechazar su amistad. Por eso, el misionero se tiene que tragar la repugnancia instintiva que le provoca y beberla con gesto amable. Es el primer paso para que el Evangelio pueda ser anunciado en un poblado Shuar.

Las hermanas y los jóvenes acompañadas por un sacerdote y algún médico, realizaron una larga marcha atravesando la selva con el barro por las rodillas hasta alcanzar el poblado Shuar al que querían llegar. Al llegar, fueron acogidos por los indígenas, que les invitaron a sentarse y descansar. Al momento llegaron las mujeres trayendo la chicha. La hna. Kelly María nos cuenta lo que sucedió después: “Una mujer de la aldea me dio un vaso entero de chicha. Lo probé, pero no iba poder con el vaso entero, entonces se lo di a la niña Shuar que tenía sobre mis rodillas. Al poco, me dio cargo de conciencia y tomé de nuevo el vaso para beber un poco más. Lo tenía en mi mano pero, al ver que no bebía, Jazmina me lo cogió y se lo bebió todo. Yo la miré con ojos agradecidos, pero ella hizo como si nada hubiera pasado”. Con el rostro sereno, sin hacer ningún tipo de aspaviento. Al terminar el acto de acogida tampoco hizo ningún comentario sobre el esfuerzo que – sin duda – le habría supuesto. Un comentario a su amiga Ani Moro, lo confirma. Jazmina escribe: “Sí, la chicha me cuesta. Pero me encanta el amor con que nos la dan”. “Si podía hacer algo para aliviar a una hermana lo hacía”, afirma en su testimonio la hna. Kelly María. Y añade: “Para ella el Puyo era una cosa muy grande. Yo no sé qué le pasó allí, pero le encantaba. Decías el nombre Puyo y se le iluminaba la cara. Cuando recordábamos a los niños del Puyo, ella siempre preguntaba que cuándo volvíamos. Se entregaba con muchísima generosidad y alegría y, como Dios no se deja ganar en generosidad, siempre recibía mucho cuando iba”.

Jazmina el día de su entrada como candidata

El día de su entrada
como candidata

Jazmina siempre decía que si no hubiera sido por su madre, tal vez nunca hubiera llegado a responder a su vocación. A su amiga, Gema Vergara, le contaba Jazmina: "Mi mami fue la que me dijo: Oye Jazmina, ¿hasta cuando piensas no responder a lo que Dios te está pidiendo? Ya es hora de que digas tu sí. Y tu sí debe ser para siempre, no por unos días sino para toda tu vida. No seas tonta, no esperes a ser viejita para decir que sí. Tú sabes que yo te apoyo. Si tú eres feliz, yo también seré feliz.” Finalmente, después de tanto luchar, Jazmina entró como candidata de las Siervas del Hogar de la Madre. Era el 20 de abril de 2015, en una peregrinación al Cajas, un lugar mariano en la Serranía de la provincia de Cuenca (Ecuador). De nuevo es Gema Vergara la que nos transmite estas preciosas confidencias que Jazmina le hacía: “Recuerdo que el año pasado, antes de entrar de candidata, me decía que tenía mucho miedo, que le costaba dejar muchas cosas de su vida, pero que a la vez era inmensamente feliz de que el Señor la hubiera escogido a ella, que no se merecía nada”.

Una dura prueba le esperaba a Jazmina poco después de su entrada en la comunidad. A su madre, esa mujer verdaderamente cristiana, valiente y ejemplar, le diagnosticaron un cáncer de difícil pronóstico. Jazmina recibió la noticia con espíritu de fe y procuró ayudar a su madre todo lo que pudo. La hna. Kelly María recuerda que se desvivía por su madre. En estas dolorosas circunstancias, le confió a Ani Moro: “Sí, a veces se me hace cuesta arriba seguir. Ya sabes que mi mami está enfermísima. Pero Dios me da la gracia y la fuerza para seguir. Reza mucho por mi”. Su amiga, Gema Vergara, recuerda: “A pesar de la dura noticia de la enfermedad de su mamá, nunca la vi triste, al contrario estaba más feliz, y siempre decía esta frase: Dios me escogió y le doy gracias por ello porque yo no soy nada, soy una miseria. Sin Él yo no soy más que miseria. Él sabe porque permite estas cosas”.

Jazmina cambió muchísimo después de aceptar su vocación y entrar de candidata. Carolina Aveiga da fe de ello cuando escribe: “Recuerdo un día que Mayra y Jazmina vinieron a mi casa. Al entrar en mi habitación, ella miró todo y dijo: "Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. Sabiendo lo vanidosa que siempre había sido Jazmina, Carolina se sintió fuertemente interpelada: “En ese momento supe que tenía que dejar de usar muchas cosas que me alejaban de Dios”. Y narra otra anécdota con Jazmina: “En otra ocasión, que empecé a ir al gimnasio, ella me dijo: ¿Por qué lo haces? ¿Acaso eso le agrada a Dios? Ella tenía clarísimo que todo lo que hacemos tiene que ser para dar Gloria a Dios, y siempre que yo lo perdía de vista, era ella la que me lo recordaba”.

Jazmina en Playa Prieta

Jazmina en Playa Prieta, días antes del terremoto

Las últimas fotografías de Jazmina, durante las inundaciones que asolaron Playa Prieta días antes del terremoto del 16 de abril de 2016 en el que murió, nos la muestran con el agua enfangada por la cintura, trabajando con energía y con mucha alegría. Nadie pensaría al verla así que había sido hasta hacía muy poco una joven “aniñada”, presumida y temerosa de la voluntad de Dios. Para llegar hasta ahí, Jazmina había cumplido punto por punto el consejo que diera a una amiga, que se sentía incapaz de responder a su vocación. Era el 10 noviembre de 2015: “Piensa en todo lo que hasta ahora te ha dado Dios. Y tú… ¿ya le has dado algo a cambio? Es bueno ir dándole al Señor todo lo que nos pide en cada momento. También es necesario que nos vayamos desprendiendo de cosas que sabemos nos hacen daño. Ya sé que ser obediente es difícil y nos cuesta, pero fíate mucho de la hermana (de tu guía espiritual). Déjate ayudar, abre tu corazón, sé transparente con ella y déjate conducir por el mejor camino, ese camino que Dios ya te mostró… No dejes ni un solo día la oración, porque es allí donde el Señor se derramará en ti. No dejes la Misa. Un día sin Eucaristía es un día perdido… Me gustaría mucho que te decidieras ya de una vez por todas a decirle sí, sin condiciones y para siempre. Pero debes fortalecerte mucho. El Señor te quiere dar su gracia. Tú debes recibirla y agradecerle al Señor. No te mires a ti misma, olvídate de ti. Mírale a Él, solo a Él. Nunca es tarde para volver a enamorarse de quien sabemos nos ama”. Jazmina junto a la Virgen con una amiga

La Hna. Kelly María concluye su testimonio diciendo: “Jazmina tenía un amor muy especial por el Corazón de Jesús. Se sabía además una predilecta de la Virgen. Incluso durante sus luchas decía: Yo sé que la Virgen me quiere mucho. Hablar de la Virgen era su debilidad. Se emocionaba solo con nombrarla. Al ver ahora su vida me da la impresión que, para la Virgen, también Jazmina era su debilidad… Nunca la dejó”. De esta certeza interior que tenía Jazmina del amor de nuestra Madre hacia ella, le habla también a su amiga, en esa carta del 10 noviembre de 2015: “Yo sé que a veces creemos que ya no podemos más, que ya no tenemos fuerzas, y mil cosas que pone el demonio en nuestras vidas para que no sigamos adelante. Esto lo viví yo también. ¿Recuerdas mis días locos? (…) Me da vergüenza solo recordarlo. ¿Sabes cuál era la mano amiga que siempre me levantaba? Mírala, era la Virgen. Ella me cuida. Pídele todos los días en la oración que te lleve a los brazos de Jesús para siempre”.

Termino esta narración con unas frases tomadas de uno de los últimos e-mails de Jazmina a Ani Moro. El texto nos la muestra tal y como era ella: enamorada de su vocación, consciente de su fragilidad, confiada en el amor de nuestra Madre la Virgen. Con su sinceridad habitual, Jazmina dice: “¡Ay, Ani! Es tan bonito responder al Señor… Pero también es un poco difícil ir muriendo a la vida de antes. A veces creo que no puedo, pero miro a la Virgen y le digo: ¡Claro que yo no puedo! Pero Tú me ayudas, y me haces poder entregarme al amor”.


 

 

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