Miércoles, 25 Abril 2018 17:24

«Al ofrecerlo duele menos»

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Erika Alejandra Tuárez Cedeño (Playa Prieta, Ecuador): Vino hacia mí y me dijo: «Mira esto ¡qué bonito!» Y me enseñó el himno de las vísperas de esa tarde: «En esta tarde, Cristo del Calvario...

Erika Alejandra Tuárez Cedeño es de Playa Prieta (Ecuador). Fue muy amiga de Jazmina y la considera un ejemplo de alegría, no solo en los momentos buenos, sino también en los difíciles. Nos los demuestra con esta anécdota, en la que Jazmina la aconsejó a afrontar el sufrimiento desde su propia experiencia.

me siguen ayudando320Leyendo un libro sobre Santa Gema, encuentro que ella dice: «Miro a mi Jesús crucificado y me avergüenzo». Al leer esto, vino a mi mente un viernes del año 2016. Estaba yo en la «resi» (residencia de estudiantes) estudiando para mis últimos exámenes del colegio. Cerca, en el comedor, estaba Jazmina leyendo y estudiando el Catecismo.

Yo había tenido unos días muy cansados y estaba con una migraña que no podía más. Tomé alguna pastilla y, aunque no me quejaba exteriormente, mi cara lo decía todo. Y, además, Jazmina me conocía muy bien. Recuerdo que se levantó de la silla, fue al oratorio y tomó un diurnal. Vino hacia mí y me dijo: «Mira esto ¡qué bonito!» Y me enseñó el himno de las vísperas de esa tarde:

«En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?
¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?

¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?
Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y solo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta. Amén».

Después de leérmelo todo y muy despacio, me dijo que nuestros dolores y fatigas no eran nada en comparación de lo que Jesús había sufrido en la cruz por nosotros, que le ofreciera al Señor todos mis dolores: «Ya verás cómo al ofrecerlo duele menos». Me sonrío y siguió con sus cosas.

Experimenté un alivio muy grande en aquel momento, y ahora le pido ayuda para no quejarme y ofrecerlo todo a Cristo crucificado. Pienso que ella seguramente sufría por la enfermedad de su mamá, pero siempre se esforzaba por estar alegre.

Para mí, Jazmina es un ejemplo de alegría: no solo en los momentos buenos, sino también en los de dificultades.

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