Mayra sonriendo

Mayra Alejandra Alcívar Vega

Fecha de nacimiento: 1 de octubre de 1994,  Chone (Ecuador)
Fecha de entrada en las Siervas: 1 de enero de 2015
Fecha de muerte: 16 de abril de 2016, Playa Prieta (Ecuador)

Mayra Alcívar, 21 años: “Dejé mis miedos y me decidí por lo mejor”.

Mayra Alejandra Alcívar Vega nació el 1 de octubre de 1994 en Chone (Manabí, Ecuador). Sus padres se llaman Quirino y Aracely. Tenía una hermana de diecisiete años que se llama Wendy.

Vivía en el barrio “El Vergel “ de Chone, donde conoció a una vecinita que se convirtió en su mejor amiga y en su compañera inseparable: Jazmina Castro. Juntas jugaron de niñas, juntas fueron creciendo, juntas conocieron al Señor al entrar en contacto con el Hogar de la Madre. Tiempo después descubrieron su vocación de Siervas del Hogar de la Madre, aunque la primera en responder fue precisamente Mayra. Y juntas murieron en el terremoto del 16 de abril de 2016, bajo los escombros de nuestro Colegio “Unidad Educativa Sagrada Familia”.

Mayra era una chica atractiva. De jovencita incluso se presentó a algunos concursos de belleza en su escuela. Estaba llena de cualidades a nivel humano. Wendy, su hermana pequeña, añade: “Siempre quería participar en todos los bailes”. Le encantaba bailar y lo hacía muy bien. Tenía mucha gracia con los bailes manabitas, que se realizan con esas faldas de volantes largas y de muchísimo vuelo. Las hermanas de Chone recuerdan: “Ya convertida, utilizaba este don del baile para el apostolado. Preparaba coreografías en los campamentos y convivencias, con canciones cristianas, para hacer bailes sanos. Las chicas la seguían con mucha alegría”. Su hermana, nos sigue contando: “Otra cosa que le gustaba mucho era jugar al fútbol. Y lo hacía bastante bien. Jugaba durísimo. Era muy luchadora, y en el campo también. Era un buen delantero y metía muchos goles. No le gustaba perder”. Era además una buena estudiante. Lo demostró primero en la Escuela “Río Chone”, después en el Colegio UNE y finalmente en la Universidad.

Su amiga, Gema Vergara, dice de ella: “Era una chica con chispa, más aún cuando entró de candidata, mucho más”. Efectivamente, cuando Dios entra en la vida de una persona, entra mejorando a esa persona, sacando de ella lo mejor, entra perfeccionando, plenificando. 

Jazmina y Mayra con otros jóvenes haciendo su compromiso en el HMJ

Mayra y Jazmina (a su derecha) haciendo su compromiso en el HMJ.

Con su inseparable Jazmina, llegó a las reuniones del grupo de jóvenes del Hogar de la Madre en las Navidades del año 2009. Ella misma lo contó en un testimonio que escribió para la Revista HM en el año 2013: “Entré al Hogar porque lo experimenté como una llamada. El Señor me ha dado esta bellísima vocación y la Virgen ha querido que forme parte de su regalo. Aunque he de reconocer que, al principio, lo que más me atrajo fue que al final de la reunión jugábamos mucho... Dios se sirve de todo”.

De esta primera etapa en el Hogar, la Hna. Ruth Ibáñez escribe: “La recuerdo siempre con la sonrisa en los labios, calladita. Recuerdo de ella que era muy buena. Las hermanas siempre comentábamos lo buena que era”. Y la Hna. Gema Díaz añade: “Cuando yo la conocí, Mayra tenía catorce años. Siempre me dio la impresión de ser muy sincera y recta a la hora de tomar decisiones en su vida”.

Mayra, como su amiga Jazmina, era muy valiente a la hora de dar testimonio del Señor y defender su fe. Le daba igual lo que le dijera la gente: si ella sabía que tenía que hacer algo porque entendía que Dios lo quería, entonces iba derecha a hacerlo. De hecho, la Hna. Ruth comenta: “Tuvo siempre muchas dificultades para venir a casa, a las actividades… Pero ella luchaba por venir, con valentía, y al final lo conseguía”. Y la Hna. Gema explica: “Era una chica de una gran fuerza de voluntad, de tal manera que buscaba todas las vías posibles para conseguir aquello que ella entendía que tenía que hacer. No le importaba el esfuerzo que le supusiese”.

Mayra quería muchísimo a las hermanas y, como tenía un carácter fuerte, las defendía con todas sus fuerzas cuando había necesidad. Nos lo confirma Aura Cristina, que señala: “Se enojaba, sobre todo, si alguien hablaba en contra de su fe o de sus hermanas”. La Hna. Kelly María Pezo recuerda varias anécdotas que reflejan el carácter decidido de Mayra: “Allí en Chone, el ambiente entre los jóvenes no es muy sano. De hecho, en la misma calle, las chicas pueden recibir la invitación de un chico para hacer cosas deshonestas, sin conocerle siquiera. Esto le ocurrió un día a Mayra cuando iba caminando por la calle. Era un poco menos de un año antes de entrar de aspirante. Ella ya sabía que tenía vocación. Un chico la miró y le dijo: ¿Te vienes de paseo conmigo? Es una forma de invitar a hacer cosas feas. Y ella, con el fuego que llevaba dentro y con la chulería propia de quien no soporta este tipo de comentario, le contestó: Pasea a tu perro, que yo ya tengo dueño. Sabemos que el Dueño al que ella se refería era Jesús, su Buen Pastor”. Mayra tenía mucho cariño por una estampa en que se representa a Jesús vestido de Buen Pastor. La Hna. Kelly María añade: “Me quedé muy impresionada cuando nos enteramos de que había muerto, ya que era precisamente el domingo del Buen Pastor”.

En otra ocasión, iban Jazimna y Mayra hacia casa de las hermanas para rezar el Rosario. Las asaltaron unos chicos que las amenazaron con cuchillos para robarlas sus teléfonos móviles. Mayra no se amedrentó sino que les plantó cara, mientras que Jazmina se moría de miedo y solo era capaz de pensar que ella no estaba preparada para morir. Al final se llevaron el móvil nuevo de Jazmina pero no encontraron el de Mayra. “Llamaron a la policía que llegó enseguida. Mayra dijo que se subía al coche de la policía para ir en busca del ladrón porque ella le iba a reconocer. Jazmina no salía de su asombro y decía: Un día nos van a matar, porque esta niña no tiene miedo a nada”.

Aura Cristina sigue diciendo: “Era muy alegre. Pasaba mucho tiempo en casa de las hermanas ayudando en todo lo que podía”. La hna. Gema Díaz lo confirma: “Era una chica muy disponible, siempre dispuesta a hacer todo lo que se le pidiera, más aún tratándose de las hermanas. Tenía una alegría desbordante que te contagiaba cuando estabas con ella”. Gema Vergara, que estudió en el mismo Colegio que Mayra, Jazmina y María Augusta, recuerda: “Eran muy alegres y divertidas. A medida que pasaron los años se las veía cada vez más entregadas, aunque con mucho miedo a aceptar lo que Dios les estaba pidiendo a cada una”. 

Mayra junto a una imágen de nuestra Madre

Mayra en la peregrinación al Santuario de la Rosa Mística

En noviembre de 2012 el grupo de jóvenes del Hogar de la Madre organizó una peregrinación al Santuario de la Rosa Mística, en Olón. Para Mayra fue un momento de gracia muy especial en el que recibió mucha luz para comprender cuál era la voluntad del Señor para con ella. Su amiga, María Cristina Pinargote, recuerda: “A Mayra le encantaba recordar el momento en el que descubrió su vocación de Sierva. Fue en el Santuario de la Rosa Mística, en Olón - Santa Elena. Le salía una sonrisa enorme cuando lo contaba. Le gustaba mucho ir a ese lugar”.

En el año 2013 comenzó sus estudios de Ingeniería en Marketing, en el mismo Chone, en la Universidad ULEAM. Paralelamente, su amiga Jazmina se matriculó en Ingeniería en Sistemas. Mayra fue testigo de cómo su amiga, a causa de las malas amistades, se alejaba peligrosamente del Señor. Siendo amigas tan íntimas, hubiera parecido lo normal que Mayra siguiera los pasos de Jazmina. Pero no fue así sino que Mayra se mantuvo firme y fiel en el Señor. Eso sí, sufrió mucho, porque se quedó sola. Pudo llevar a cabo eso que había escrito meses atrás: “El Hogar me ha ayudado a superar mis debilidades, a tener fuerza para luchar contra ellas, a reconocer mi miseria y a esforzarme por ser fiel cada día. En definitiva, a querer llevar una vida guiada por Dios y la Virgen”. A pesar de gran amistad que le unía a Jazmina, Mayra demostró que tenía personalidad propia, que era capaz de tomar sus propias decisiones, y de dar los pasos que el Señor le pedía, sin depender de nadie.

Su experiencia en la Universidad le sirvió para poder ayudar a las chicas más jóvenes del grupo del Hogar de la Madre. María Cristina Pinargote relata: “Siempre nos animaba a ser buenas. Nos decía que cuando fuéramos a la universidad teníamos que ser muy fuertes, porque ahí encontraríamos un ambiente muy malo. Nos animaba a ser fuertes para no caer en esos ambientes. Esto lo contaba con mucha tristeza y pena. Ella nos lo decía porque nos quería”. Trató también de ayudar a su hermana pequeña. Wendy recuerda: “Me regañaba muchísimo porque no iba al grupo los domingos. Me animaba a que no lo dejara porque si no me iba a perder. Me insistía mucho en que tenía que luchar, y no dejar nunca de luchar, porque si no me iba a vencer el demonio”. Su amor por el Señor y por las almas quedó manifiesto en algo que pasó en el campamento de este año: “Una tarde estábamos en la reunión por unidades hablando. Recuerdo que Mayra dijo que no entendía cómo muchas personas se han olvidado completamente del Señor y dicen que son felices... Empezó a llorar y decía: Pero es que Él sufrió tanto… Dio su vida por cada uno de nosotros. Y nos olvidamos de Él sin darnos ni cuenta. La afectaba mucho darse cuenta de que muchos nos olvidamos de quién nos creó”.

Tenía mano con las jóvenes y era una buena educadora. Una joven cuenta: “Mayra fue mi monitora en el campamento de este año y me enseñó muchas cosas. Siempre nos decía que podíamos dar más, que aunque dijéramos que ya lo habíamos dado todo, que ella sabía que podíamos dar mas, mucho más”. Otra acampada, Melina Flores de Valgas añade: “Mayra fue mi monitora y le doy muchas gracias al Señor, porque me ayudó muchísimo a vivirlo bien. Debo confesar que el anterior campamento no lo viví bien. Su amor y entrega a cada una de las almas era impresionante”. Y Carolina Aveiga escribe: “Conocer a Mayra fue realmente crucial para mí. Fue ella quien me acogió y la que me animaba cuando yo estaba intentando volver a Dios. La recuerdo siempre animándome cuando yo ya no podía más. Si dejaba un día de ir a casa de las hermanas ella, junto con Jazmina, me llamaban para preguntar por qué no había ido y me animaban a ir. Cuando me quería decir algo, solo me miraba, y ya podía saberlo. Una vez me dijo: Mi niña (que era como solía llamarme), no dejes nunca la oración porque es la que te va a dar la fuerza para soportar todo. Estás llamada para cosas grandes. Tienes que ser fuerte y hacer mucho apostolado. Ánimo, mucho ánimo que te quiero ver bien”.

Jazmina y Mayra

Mayra con Jazmina

El día de su Confirmación fue un día muy especial para ella. Se confirmaban el mismo día tres chicas del Hogar de la Madre, y las hermanas cuidaron mucho la preparación, tanto de las confirmandas como de sus madrinas, que también eran jóvenes del Hogar. Cada chica con su madrina, tuvo un día de retiro. Mayra reconocía que ese retiro había sido fundamental para llegar bien preparada y plenamente consciente a la ceremonia de Confirmación. Sus amigas recuerdan: “En la ceremonia de su confirmación, la vimos romper a llorar. Cuando el sacerdote pronunció su nombre para ungirla con el  Santo Crisma, ella experimentó que se le concedía en ese momento fuerza para todo lo que se le pedía: para defender su fe, para entregarse por entero a Dios… Y esto, ¡con mucha alegría!”

Las semanas que precedieron a su entrada como Sierva del Hogar de la Madre estuvieron marcadas por luchas muy fuertes. A las tentaciones normales se juntó el plantearse seriamente comenzar una relación con un chico. Las hermanas estaban organizando una nueva expedición misionera al Puyo, para evangelizar en los poblados de los indios Shuares. A Mayra le encantaba el Puyo. De hecho, después de su primer viaje, no se cansaba de repetir que era una gracia enorme que Dios la hubiera elegido precisamente a ella como un instrumento para llevar su amor a los Shuares.

Pero esta vez el viaje coincidía con su cumpleaños y le costaba pasar ese día lejos de su familia y lejos de Chone. Finalmente tomó la decisión de ir al Puyo y tuvo que confesar que ese cumpleaños había sido el mejor cumpleaños de su vida, que había sido un día de auténtica alegría. La hna. Kelly María recuerda: “Al volver, triunfó en ella la voluntad de Dios y, muy poco después, dio el paso de entrar como aspirante.  Dio el paso con una generosidad y entrega admirables. El día de su entrada todas las que la conocíamos alucinábamos de lo contenta que estaba Mayra. ¡Hasta saltaba de la alegría! Incluso Jazmina, que la conocía muy bien, comentaba impresionada: Nunca he visto a Mayra tan feliz”. Gema Vergara coincide en afirmar: “El día en que Mayra entró de aspirante irradiaba una alegría que nadie se la podía quitar. Estaba totalmente transformada. Fue muy perseverante en todo lo que el Señor le pidió, fiel en todo. Se le notaba que estaba completamente enamorada del Señor y nuestra Madre”.

Entró como aspirante el 19 de octubre de 2014 en la capilla de la casa de las Siervas del Hogar de la Madre, en Chone. Desde que entró, tuvo muy claro que debía entregar todo a Dios sin reservarse nada. Muy poco después, el 1 de enero de 2015, entró como candidata. También ese día era llamativa su alegría. Después de entrar de candidata, se trasladó a vivir a la Residencia de Jóvenes del Hogar de la Madre en Portoviejo. Allí se matriculó en el Instituto Superior en Educación Religiosa y Valores San Pedro, en la carrera de Promoción Social.

Durante la Semana Santa de 2015, su amiga Gema Vergara le preguntó si era feliz, aunque era evidente que lo era, ¡y mucho! Mayra le confesó: “Soy muy feliz, porque ahora puedo decir con certeza que he hecho la voluntad de Dios. Dejé mis miedos y me decidí por lo mejor. No sabes cuánto daría porque pasara el tiempo más rápido y poder hacer los votos perpetuos y morir como Sierva, dando todo por Él”. Y después añadió: “Ánimo, Gemita, que Dios te ama y espera una respuesta tuya. Me arrepiento de haber dejado pasar tanto tiempo negándole mi vida al Señor. Pero estoy feliz, porque en las pequeñas cosas diarias le podemos ofrecer mucho a Él que tanto sufre por ti y por mi.”

Jazmina, Mayra y María Augusta

Mayra concretaba sus deseos de entrega en un gran espíritu de caridad y de sacrificio que no pasaba desapercibido en los que la conocían. Aura Cristina lo describe así: “Estuve un tiempo viviendo con ella en la Residencia de Estudiantes y tenía mucha caridad con todas las chicas. Nos ayudaba a lavar, nunca comía nada sin ofrecerlo antes a las demás, tenía un gran espíritu de sacrificio. Recuerdo una Cuaresma en la que había decidido dormir en el suelo para acompañar a Jesús en su sufrimiento”.

Y Gema Vergara añade: “Sonreía siempre, aunque le costara algo. Yo notaba que siempre ella hacía pequeñas cosas o sacrificios con verdadero amor a Dios. Todo lo hacía por Dios y por nuestra Madre. De verdad que me inspiraba ser santa, amar sin esperar nada a cambio y entregarme de verdad a los designios de Dios”.

También en el Puyo resultaba evidente su entrega y su espíritu de sacrificio. La Hna. Gema Díaz recuerda una ocasión en la que coincidió con Mayra en el equipo que llegó hasta Yampís, el poblado más alejado de la civilización. Para alcanzarlo hay que caminar a buen paso por la selva durante más de ocho horas: “Es un camino muy duro y en el que no te puedes detener mucho tiempo a descansar o a contemplar el paisaje. La selva es peligrosa y más aún si cae la noche. Por eso, teníamos que caminar casi continuamente”. En la última etapa del camino, avanzaban a través de un auténtico lago de fango que hacía muy difícil el avance de los misioneros: “Llegó un punto, ya casi al final del camino, en que yo físicamente ya no podía más. Mis piernas casi no aguantaban ni mi propio peso y me resultaba dificilísimo mover los pies para dar cada paso. Este último tramo, avanzábamos a través de una laguna de lodo. Las botas se sumergían en el fango y había que hacer un gran esfuerzo para sacar el pie y continuar caminando. Cada paso suponía un gran esfuerzo. Nos ayudábamos de las ramas del camino para poder salir del atolladero. Mayra, muchas veces, conseguía avanzar como si tal cosa, mientras que yo me quedaba ahí atascada porque el lodo chupaba mi bota y no podía salir. Como ella ya sabía que me pasaba esto, estaba atenta siempre a prestarme su brazo para ayudarme a salir del agujero. Y decía con gracia: Hermana, yo soy su ramita. Creo que si llegué hasta el final, ida y vuelta, fue gracias a esta rama que incansablemente me ofreció su ayuda hasta que llegamos”.

Podía parecer que Mayra podía tener esta disposición de estar pendiente de otros porque ella fuera sobrada físicamente. Pero la Hna. Gema nos revela un detalle que confirma el espíritu de sacrificio de Mayra y su capacidad de entrega y de olvidarse de sí misma: “Por el camino, yo le preguntaba de vez en cuando si iba bien. Ella siempre respondía: Sí, yo voy bien. Ya casi llegando seguía diciendo: Sí, voy bien… Aunque esta vez añadió: Solo parece que me aprieta un poco la bota en el dedo gordo. Cuando finalmente llegamos, y pudimos quitarnos las botas, me enseñó su dedo y tenía la uña morada: Me duele un poco, dijo. A los pocos días, ya de regreso en su casa, la siguiente vez que nos vimos, me dijo: Hermana, se me cayó la uña”. Tenía que dolerle bastante ese dedo, pero estando en el poblado Shuar, disimuló su dolor hasta llegar a parecer que no era para tanto. Las hermanas la recuerdan jugando con los niños al fútbol y ofreciéndose para todo lo que hiciera falta.

Mayra estaba enamorada del Señor y de su vocación de Sierva del Hogar de la Madre. Melina Flores de Valgas afirma: “Mayra estaba enamorada de su vocación. Siempre me pregunté por qué las hermanas y candidatas son tan felices y, compartiendo esos días de campamento con Mayra, descubrí la respuesta: son felices porque tienen al Señor en su vida. Cada vez que veía a Mayra siempre me decía a mí misma: Qué valiente fue. Nunca voy a olvidar cuando me dijo: Si tú te entregas y abres tu corazón y tienes al Señor en tu vida, siempre serás feliz”. Mayra lo decía por propia experiencia.

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