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Tania Valeria Intriago Sánchez

Fecha de nacimiento: 14 de mayo de 2000,  Portoviejo (Ecuador)
Fecha de entrada en las Siervas: 17 de octubre de 2015
Fecha de muerte: 16 de abril de 2016, Playa Prieta (Ecuador)

Valeria Intriago Sánchez, 15 años: ¿Qué más puedo hacer por ti, Señor?

Valeria con su madre

Valeria con su madre y su hermana pequeña

Valeria transmitía ganas de ser buena. Al mirarla yo solo pensaba en cómo puede alguien darse tanto y olvidarse tanto de sí”. Así se expresaba Carolina Aveiga en su testimonio sobre Valeria. En otros muchos testimonios que hemos recibido sobre ella, sus amigos comentan: “su mirada transmitía mucho a Dios”, “tenía un alma muy grande”, “siempre estaba alegre”, “era como un ángel”, “era como ver a la Virgen”, “era un alma enamorada del Señor”… Cuando te dicen cosas así sobre una niña de quince años, uno estaría tentado a pensar que esa muchacha es el fruto de una familia feliz, de padres virtuosos y unidos que han sabido trasmitir la fe a su hija y protegerla del mal. Pero, en el caso de Valeria, esa suposición sería algo muy lejos de la realidad. 

La realidad es que la infancia de Valeria fue muy dura. Nació el 14 de mayo de 2000 en Portoviejo, capital de la provincia de Manabí (Ecuador). El 9 de diciembre de 2001, con poco más de un año y medio, Valeria fue testigo del asesinato de su madre. Su padre la mató de un disparo, dándose después a la fuga y dejando abandonadas a Valeria y a su hermana pequeña, Jennifer, de apenas unos meses de edad.

Valeria pequeña

Después del terrible acontecimiento, los abuelos maternos, Teresita y Antonio, pasaron a ocuparse de las pequeñas. Valeria les llamó siempre “papi” y “mami”, porque realmente actuaron como tales con sus nietas. Dicen los que la conocieron que, después de la tragedia, Valeria se convirtió en una niña seria: “una niña que se enojaba por cualquier cosa y que asustaba a sus compañeritos de clase con sus increíbles ojos verdes”. 

Valeria

En Pueblo Nuevo – muy cerca de Playa Prieta - en el nuevo hogar al que tuvo que trasladarse, estudió primero en la “Escuela Ambato". Con once años recién cumplidos, solicitó plaza para poder estudiar en nuestro Colegio, en la “Unidad Educativa Sagrada Familia”, de Playa Prieta. El curso ya había comenzado, pero la historia de Valeria y de su hermana conmovió a las hermanas. Más cuando pudieron comprobar la precaria situación económica en la que vivía la familia. Gracias a los Grupos Misioneros del Hogar de la Madre (GMHM) pudimos apadrinar a la familia y becar a Valeria. La Hna. Virginia Jiménez, que les conoció en ese tiempo, recuerda: “No sabían cómo agradecernos lo que hacíamos por ellos. Cada vez que les llevábamos los alimentos a su casa, su abuelita lloraba de agradecimiento. Valeria nos lo decía todo con su mirada transparente y su sonrisa enorme”.

valeria pequeña

La vida de Valeria cambió radicalmente a partir del momento en que puso sus pies en nuestro colegio. La Hna. Virginia sigue recordando: “Era impresionante verla esforzarse por ponerse al día con las clases y poder alcanzar el nivel de sus compañeros. Observadora, silenciosa, responsable, con una sonrisa constante, pendiente de todos… Era para todos los profesores un encanto. Realmente estábamos orgullosos de ella. Como lo estaba también su abuela, que siempre nos decía lo buena que era Valeria, lo mucho que se esforzaba con los estudios y cómo ayudaba con su ejemplo a su hermana, a la que no le gustaba tanto eso de estudiar y se dejaba llevar por la pereza”.

Valeria con sus compañeros

Los estudios la costaron siempre. Arrastraba el retraso de su azarosa infancia. Pero se esforzaba todo lo que podía. Su amiga, Erika Tuárez nos cuenta: “Recuerdo una noche que vino a estudiar a mi casa, y me dijo: Por favor, enséñame, enséñame mucho, que las Siervas son muy inteligentes y yo quiero ser como ellas”.

Si a nivel humano la vida de Valeria dio un vuelco, a nivel espiritual la transformación fue completa. Cuando llegó al colegio no había hecho aún la Primera Comunión. Se preparó muy bien y pudo recibir al Señor por primera vez el 8 de diciembre del 2012. A partir de ahí, conoció al Señor, conoció su amor y el amor del Señor curó las heridas de su alma. Realmente, el Señor derramó una misericordia enorme con ella, pero también es cierto que ella supo responder a la gracia con prontitud y con fidelidad. En una ocasión, nuestra superiora general, la Madre Ana Campo, le preguntó si recordaba la muerte de su madre. La respuesta de Valeria fue que ella lo había puesto ya todo en Dios, y que procuraba no traer esos recuerdos amargos a su cabeza. Su abuela, días después de la muerte de Valeria, le comentaba a una hermana cómo Valeria le había insistido mucha veces: “Mami, tiene que perdonar a mi padre, porque yo ya lo he hecho”. Una amiga, Karolina Vera, corrobora este dato: “Decía que ella ya lo había perdonado, porque en su corazón no podía haber odio ni venganza”.

Valeria con una amiga

Valeria con una amiga

A pesar de haber sido probada tan duramente, el mal nunca enraizó en su corazón. Al revés, su bondad era tan notoria que hacía que todos sus compañeros de clase quisieran estar siempre con ella. Muchas veces, sus compañeros le decían, como asombrados, a las hermanas: “Es que Valeria es muy buena, muy buena”, haciendo hincapié en la palabra “muy”.

Las hermanas se dieron cuenta enseguida de la sensibilidad tan especial que Valeria tenía para las cosas de Dios y que le permitió descubrir muy pronto la llamada del Señor. Una joven voluntaria de EEUU, Michaela Decker, fue testigo de ese momento: “Una tarde vi a Valeria en el colegio. Vino hacia mí y me dijo que tenía algo que decirme. Parecía muy entusiasmada. Al principio, como no podía entender lo que me decía, le pregunté si podía ir a buscar a una hermana para que me tradujese. Me pidió no llamar a nadie más y simplificó lo que decía para que yo pudiera entenderlo. Me dijo que había decidido que quería ser hermana. Siempre recordaré este precioso momento”.

 

Valeria con su hábito rosa

Valeria con su "hábito" rosa

Comunicó su decisión a su familia de una forma muy simpática. Su tía recuerda que, un día, llegó a su casa y le dijo a sus abuelos con un poco de misterio que estaba enamorada, que ya tenía novio. La abuelita la observaba intrigada, tratando de averiguar quién era ese novio. Valeria les mostró una foto de su “novio”: era el Señor. El abuelito reaccionó al punto y, dirigiéndose hacia la foto, le dijo al Señor: “Oye muchacho, cuida de mi gata (de Valeria)”.

El 14 de mayo de 2015, cumplió quince años. En Ecuador es una tradición muy arraigada celebrar este cumpleaños por todo lo alto. La “cumpleañera” viste un traje color rosa, hay fiesta, presentación en sociedad, baile, brindis… Pero el corazón de Valeria, hacía tiempo que le pertenecía ya a Jesús. Y ella no quería tener una fiesta de quinceañera mundana. Sin que Valeria sospechara nada, las hermanas junto con sus mejores amigas, organizaron un fiesta sorpresa totalmente diferente a las fiestas de las demás quinceañeras. En esa fiesta, hubo vestido rosa… ¡pero no un vestido de fiesta cualquiera! Las hermanas prepararon a Valeria el único vestido que a ella le podía hacer ilusión: un hábito exactamente como el nuestro, pero de color rosa. Erika Tuárez recuerda ese día feliz: “Al ver el hábito comenzó a llorar de la emoción y, una vez puesto, tenía la cara más iluminada de lo normal. ¡Era la quinceañera más guapa que he visto en mi vida!” A su lado en la mesa, las hermanas pusieron a su “enamorado”, como dicen en Ecuador: representando a su prometido, la imagen del Corazón de Jesús de la capilla.

Valeria en 2015

Valeria era demasiado joven para entrar de candidata, ya que las candidatas deben tener al menos dieciséis años cumplidos y el permiso de sus padres mientras son menores de edad. Por eso tuvo que entrar como aspirante. Sus abuelos le concedieron el permiso necesario y realizó su compromiso el  17 de octubre de 2015. Karolina Vera recuerda: “El día que sus abuelitos firmaron la autorización para que ella pudiera entrar como aspirante fue el día mas feliz de su vida. Era tanta la emoción que se le salía por los poros”.

Doménica Salazar explica cómo, en un momento clave de su propio discernimiento vocacional, el ejemplo de Valeria fue fundamental para ella: “Yo no podía creer que una chica de su edad pudiera estar tan contenta con su vocación, que hubiera dicho ya su sí y que estuviera tan enamorada del Señor. Me dijo: «Lo mejor que yo he hecho es haberle dicho que sí al Señor».  Esa frase me impactó mucho, viniendo de una chica de quince años tan enamorada del Señor. Yo, en ese segundo, le di mi respuesta al Señor diciéndole: Ayúdame a enamorarme tanto como ella”.

Valeria durante las navidades de 2015-16

Valeria durante las navidades de 2015-16

Nosotras la comparábamos con Santo Domingo Savio, el joven discípulo de San Juan Bosco, porque al igual que él, Valeria tenía la persuasión – y así lo manifestaba de vez en cuando – de que tenía que ser santa rápido, porque no le quedaba mucho tiempo. Viendo como se han desarrollado los acontecimientos, viéndola morir con quince años, da la sensación de que realmente fue una persuasión que el Señor puso en su corazón. Después de ver la película de San Felipe Neri, hizo suyo - como lema de su vida - el famoso: “Prefiero el paraíso”.

Carolina Aveiga, recuerda una conversación en que Valeria le dijo: “Es que yo no puedo negarle nada a Dios. ¿Cómo podría hacerlo si es DIOS? Nunca le niegues nada a Dios. De verdad, Carolina, nunca le niegues nada”. Otra amiga, Maryerlin Juleisi nos contaba: “Cuando le preguntábamos: ¿Por qué eres tan feliz? Ella nos decía: Por hago lo que Dios quiere”. Hemos sido testigos de que la disposición constante de Valeria, desde que conoció al Señor fue la de: “¿Qué más puedo hacer por ti, Señor? ¿Qué más puedo hacer?” La hna. Estela Morales afirma: “Valeria estaba siempre donde tenía que estar, haciendo lo que tenía que hacer. Y siempre con una sonrisa”.

Recibió la confirmación el 16 de enero del 2016. Su madrina fue una de sus hermanas candidatas, María Augusta Muñoz, abrazada a la cual murió bajó los escombros del colegio el día del terremoto.

valeria con candidatas y compañeras

Valeria con candidatas y compañeras

Unos días antes del terremoto, la llamó su abuela, preocupada por las inundaciones que habían anegado el colegio. La abuela le propuso pasar esos días en su casa, mientras las cosas volvían a la normalidad. La respuesta de Valeria pareció, a primera vista, desproporcionada: le respondió a su abuela que ella quería morir con las hermanas. Karolina Vera - que tanto nos ha ayudado a preparar esta biografía – recuerda que no era la primera vez que Valeria decía algo así, pero añade un dato importante: “Valeria ya venía diciéndole a su abuelita que ella ya quería morirse, porque ya estaba preparada y ya quería encontrarse con su novio. Ella quería morir con sus hermanas las Siervas, porque las amaba”. Y añade: “Valeria era única. Con tan solo quince años era un ejemplo para todos, incluso para algunos adultos. Tenía un alma grande. Contagiaba ese amor que tenía por Dios y por nuestra Madre. Para ella lo más importante eran Ellos. A mí me impresionaba su forma de ser, porque ella odiaba las cosas del mundo, el pecado. Solo el mirarla ya me ayudaba”.

El mismo día del terremoto que acabaría con su vida, el 16 de abril de 2016, ocurrió un hecho que – mirando hacia atrás – fue realmente premonitorio. Las hermanas y las candidatas, junto con Valeria y Catalina y alguna otra chica de Playa Prieta, llevaban toda la semana limpiando las toneladas de fango que la inundación había dejado a su paso por las instalaciones del colegio. Estaban siendo días de trabajo intenso, al que se habían entregado con toda generosidad. Esa mañana estaban trabajando en la biblioteca. Mayra y Valeria trataban de sacar todo el barro que había bajo una gran estantería llena de tomos de enciclopedias. De repente la estantería cedió y se desplomó sobre ellas estrepitosamente, mientras los libros caían golpeándolas. Las hermanas acudieron en su auxilio. Ellas, bromeando se decían: “¿Te imaginas que morimos juntas?”

Valeria durante la navidad

En la sobremesa, la hna. Estela, superiora de la comunidad, aprovechó lo que habían vivido por la mañana para lanzar una pregunta: “Imaginaos que sucede como habéis dicho, imaginaos que muriésemos todas. ¿Estamos preparadas?” La primera en responder fue Valeria: “Estoy preparada. Y lo estoy deseando. Deseo ver cuanto antes al Señor”.

Solo unas horas después, a las 18:58 horas, un terremoto de 7,8 de magnitud derrumbaba el edificio principal del colegio “Unidad Educativa Sagrada Familia”. Amigos y vecinos acudieron en ayuda de las hermanas y de las chicas atrapadas bajo los escombros. Con riesgo de sus propias vidas, consiguieron rescatar vivas a la hna. Estela, la hna. Merly y la hna. Théresè junto con Mercedes y Guadalupe. Unas veinticuatro horas más tarde encontrábamos los cuerpos de las seis hermanas fallecidas. Entre ellas estaba Valeria, la pequeña Valeria, que vivió de tal forma que el Señor pudo cumplir todos sus deseos: morir a los quince años, morir con las hermanas, verle pronto.

Hay un último detalle que consiguió emocionarnos más aún. Valeria fue enterrada en Pueblo Nuevo, el lunes 18 de abril de 2016. La vistieron con una túnica blanca y un pañuelo blanco a modo de velo, imitando el hábito de las Siervas del Hogar de la Madre. Entre los escombros encontraron la cruz de votos perpetuos de una de las hermanas. Valeria fue enterrada con esa cruz sobre su pecho. 

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