Miércoles, 28 Marzo 2018 16:40

«Los mejores años de mi vida son para Ti»

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Hna. Merly Alcívar (Manabí, Ecuador): Desde ese momento vivió solo para Dios: todas las actividades que realizaba diariamente, las hacía por amor a Él y a Nuestra Madre. 

Una anécdota de Valeria del día del Corpus Christi del año 2014. Lo cuenta la Hna. Merly Alcíbar, que en ese momento era su guía espiritual. Valeria tenía apenas catorce años y ya sabía que Jesús la quería solo para Él. Un momento clave de su camino de entrega fue —precisamente— esa noche en la que el Señor «se las arregló» para que ella pudiera estar junto a Él.

A Valeria, los dos años que tuvo que esperar antes de poder entrar como aspirante de las Siervas del Hogar de la Madre, se le hicieron eternos. Pero, a la misma vez, comprendió era un tiempo que el Señor le regalaba para poderlo amar y demostrar más su amor a Él, siendo siempre fiel, especialmente en los compromisos que ella vivía.

Del 27 al 29 de junio de 2014 íbamos a tener una peregrinación a la Basílica del Voto Nacional de Quito (Ecuador), consagrada al Sagrado Corazón de Jesús. Para prepararnos, vimos la película «A prueba de fuego». Es una película donde un matrimonio que está roto y sin aparente solución, se vuelve a unir gracias a los esfuerzos del esposo por seguir «40 pasos» para conquistar nuevamente el corazón de su esposa. Decidimos hacer algo semejante, con propósitos diarios durante un mes para conquistar el Corazón de Jesús. Valeria decía que esos propósitos le iban haciendo vencer algunos de sus defectos que tenía.

La víspera del Corpus Christi, las hermanas invitamos a todos los miembros del Hogar de la Madre a participar en una vigilia de adoración. Después, las chicas que iban a ir a la peregrinación, tenían que participar de una invitación a cenar y acompañar a Jesús toda la noche por turnos ante el Santísimo.

Recuerdo que a Valeria se le hizo muy difícil poder participar de esta actividad, porque su abuelita al principio no dio permiso para venir y quería que esa noche se quedara en casa. Valeria era obediente a sus abuelitos y, por eso, después de la misa del sábado, sin que nos diéramos cuenta, se fue a su casa. Eso no era normal en ella. Al ver que no estaba antes de la vigilia, una de las chicas me pregunto: «Hermana, ¿ha visto a Vale?». Como Jesús la quería mucho, se las arregló para que viniera a la vigilia. Sí, digo que se las arregló, porque vino la misma chica y me dijo: «Hermana, vamos a ir a traer a Valeria. Hemos conseguido dos bicicletas y vamos a traerla».

Después ella me dijo que estaba en su habitación llorando y pidiéndole a Nuestra Madre que alguien fuera a su casa para hablar con su abuelita y que la dejaran ir a la vigilia. Valeria era así, ella rezaba con confianza, y el Señor y Nuestra Madre se lo concedían. Puedo decir que era una persona que confiaba totalmente en Dios y en Nuestra Madre.

Para Valeria esa noche fue un tiempo de gracia que Jesús le regaló. Decía que esa noche descubrió cuánto la amaba Jesús, que había dado su vida por ella y que ella debía de pagarle con lo mismo. Por eso, desde ese día, fue un entregar su vida de manera radical a Él. Decía que le había dicho esa noche al Corazón de Jesús: «Los mejores años de mi vida son para Ti. ¿Para qué hacer esperar más a un Dios tan bueno que me ama siempre?». Desde ese momento vivió solo para Dios: todas las actividades que realizaba diariamente, las hacía por amor a Él y a Nuestra Madre. Y siempre con alegría.

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