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Viernes, 23 Septiembre 2016 21:00

¿A quién no le sacó ella una sonrisa?

 

catalinaCatalina me enseñó que, a pesar de tener días malos, debía de sonreír.

Todos los que la conocieron coinciden en afirmar la simpatía de Catalina. Una amiga suya nos escribe contándonos una ocurrencia de Catalina durante una peregrinación que el grupo de jóvenes del Hogar de la Madre hizo al Cajas (Cuenca, Ecuador).

Las hermanas nos han pedido que contemos algunas experiencias vividas con las chicas y la Hna. Clare... Tengo muchos recuerdos, graciosos y lindos... ¡Espero que les sirvan!
Saludos.

Decir “Catalina” es comenzar a reír. Es que… ¿a quién no le sacó ella una sonrisa con sus ocurrencias? Tengo un recuerdo muy gracioso con ella. A finales de octubre del 2015 tuvimos una peregrinación al Cajas (Cuenca, Ecuador). Una tarde nos bajamos del autobús a almorzar, y nos sentamos todas en un parque para comer unos bocatas. Después, cuando ya habíamos terminado, nos fuimos a sentar con otra chica a una banca un poco distanciada de donde estaban todas. Luego llegó Catalina y se sentó con nosotras. Al olor de la comida, andaban algunos perritos que merodeaban por ahí. Catalina y yo los vimos y nos dio mucha pena. Se veía que tenían mucha hambre. Yo le dije a Catalina que les diéramos un poco de nuestro pan.

El perrito movía la cola demostrando que estaba feliz y… ¡pun! Una de las hermanas nos descubrió. Cata y yo le decíamos: "Es que ellos también tienen hambre". Al final, las hermanas terminaron apoyándonos en darles un poco de comida a los perritos.

Después de eso, de broma con Catalina, decidimos que íbamos a hacer una fundación de animales, que recogeríamos todos los perritos de la calle y los cuidaríamos. La fundación se llamaría "Guau Way", pues Catalina siempre decía: "¡Que way!" cuando algo le gustaba o le parecía chévere... Se lo contamos a una hermana y nos dijo: "Pero si hay tantos niños en la calle, ¿por qué no ayudarlos a ellos?" Entonces propusimos que íbamos a cuidar también a los niños de la calle, y a cada uno le daríamos un perrito, así cada cual tendría un dueño...

Cata me enseñó que, a pesar de tener días malos, debía de sonreír. Me decía que invitara a más chicas al grupo, que perseverara, que eso hacía feliz a nuestra Madre... Siempre se despedía con un abrazo y diciéndome: "Pilas pelada, nos vemos. Sé fiel. ¡Y pilas con la fundación!"

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