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Sábado, 07 Mayo 2016 16:17

Decía que la muerte era el inicio

Gema Menéndez, Ecuador:

gema menendezCuando fue acercándose a Dios y ya formaba parte del Hogar de la Madre, decía que la muerte era el inicio.

Gema Menéndez es de Manabí (Ecuador) y es candidata de las Siervas del Hogar de la Madre. Compartió muchos momentos con nuestras hermanas fallecidas durante los últimos años.

Cuando conocimos a Catalina tuvimos una conversación sobre la muerte. Recuerdo que, en ese momento, ella nos dijo que tenía miedo de morir. Pero cuando fue acercándose a Dios y ya formaba parte del Hogar de la Madre, decía que la muerte era el inicio.

Ella amaba mucho al Hogar y decía que permanecería por siempre en el Hogar. Amaba mucho a las hermanas y a las candidatas. Tenía mucho celo apostólico: quería que las almas conocieran a Dios y le amaran. En una conversación al terminar el campamento del mes de marzo de 2015, ella contó su experiencia como monitora. En su unidad había tenido una chica que no era católica, y que ni siquiera estuvo todo el campamento. Catalina explicó que tenía certeza de haberse dado totalmente a todas, sin distinciones. Añadió que si no hubiera sido así, su conciencia se lo reprocharía, pero que realmente se había dado totalmente, y por eso tenía paz y estaba alegre. Se preocupó de conseguir el contacto de esta chica que no era católica para poder escribirla. Me consta que la chica se fue contenta del campamento.

Unas de las frases que más le gustaban era: “Vive amando, ama sufriendo, sufre callando y siempre sonriendo”. Creo que le gustaba porque era lo que ella trataba de vivir cada día. Otra de sus frases, que casi siempre usaba como conclusión de sus cartas era: “Que el Señor y nuestra Madre te guarden en sus purísimos Corazones”.

En diciembre de 2015, Catalina estuvo trabajando con una señora mayor. La estuvo cuidando durante un periodo en el que su familia no iba a poder estar con ella. Catalina trataba a la señora con muchísimo cariño. Se notaba su unión con el Señor en la manera de tratar a los otros, que le permitía dar lo que tenía en su corazón, que era mucho amor de Dios. La señora no recordaba lo que se le hablaba y volvía a preguntar lo mismo una y otra vez. Ella se lo repetía con muchísima paciencia. Como Catalina iba a misa todos los días, también se preocupaba de llevar a la señora con ella.

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