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Lunes, 12 Septiembre 2016 10:17

Quiero estar con ellos, Madre

Hermana Gema, Ecuador:

hna gemita Le costó responder a su vocación, pero al final dio un “sí” generoso a Dios, y su alegría el día que entró era inmensa.

La Hna. Gema Menéndez, novicia de las Siervas del Hogar de la Madre, conoció a M Augusta desde que ambas iban al Colegio Nacional “Amazonas” en Chone (Manabí, Ecuador).

María Augusta en la Resi

Yo conocí a María Augusta en el Colegio Nacional “Amazonas” donde estudiamos las dos. Pero realmente empezamos a ser amigas cuando ella entró en el Hogar. Era una chica muy alegre. Quería mucho a sus amigos del Colegio, estaba muy unida a ellos. Cuando empezamos a ser mas amigas, a veces me pedía oraciones por ellos, cuando se enteraba de que algo les había pasado o de que andaban en algo malo.

María Augusta entró en el Hogar en un campamento. Verdaderamente, fue un punto muy importante en su vida, para que empezara a querer más a Dios y a la Virgen. Recuerdo que en ese campamento se abrió a Dios. Al final del campamento le dieron un premio por su buena disposición. Después de esto, iba a casa de la hermanas, hacia oración y trataba de esforzarse en las virtudes. Era muy acogedora. Recuerdo que, como ella cursaba un año más que yo en el Colegio, en algunas ocasiones le preguntaba cosas que no entendía, especialmente las formulas químicas.

Le gustaba mucho la Medicina y por eso fue a estudiar a Portoviejo. Junto con otras chicas, fue una de las primeras que vivieron en la Residencia de estudiantes del Hogar de la Madre. Lo decidieron porque comprendieron que la Residencia les iba a ayudar mucho a cuidar su fe. En esta casa se hace muy presente la Virgen. Cada una de las chicas que vive ahí, se esfuerza para que la convivencia entre todas sea de verdaderas hermanas. Tienen como modelo y madre a la Virgen. Cuando yo fui a vivir a la Resi, las chicas que vivían allí eran un ejemplo para mí. María Augusta era una de ellas. Yo la recuerdo mucho enseñándome a rezar la Liturgia de las Horas, que las chicas que viven allí rezan.

Pude tener una relación de hermana con ella. Puedo decir que ella siempre estaba haciendo lo que tenía que hacer, a pesar de que su carrera era muy difícil y que le ocupaba mucho tiempo de estudio. Nunca puso en el primer lugar su carrera, sino que trataba de todas las maneras posibles de ir a misa, hacer oración, ir a las reuniones del Hogar... Tampoco se despreocupó de los cargos de la casa que como residentes teníamos, para arreglar la casa entre todas. Cuando le tocaba cocinar (¡le gustaba cocinar!), lo hacía alegre, incluso en algunas ocasiones cantando. Por cierto, le gustaba mantener todo limpio.

María Augusta como estudiantes de Medicina

María Augusta como estudiante de Medicina

Recuerdo que una noche que me quedé estudiando con ella por la noche. Como yo no estaba tan acostumbrada a quedarme hasta muy tarde estudiando, la cabeza se me caía del sueño que tenía. Ella, tan amablemente y a la vez riéndose de mí graciosamente (con simpatía), me hizo una taza de café bien cargado. Estaba buenísimo y me animó para seguir estudiando.

Otro recuerdo que tengo grabado es de cuando yo iba a entrar de candidata. Se lo fui a contar para alegrarnos juntas, y también porque me imaginaba que tenía vocación. Ese día ella se alegró mucho conmigo y me preguntó si tenía ropa para entrar. Yo le dije que aún no. Entonces ella me dio una de sus blusas, que era como las que utilizaban las candidatas. Me dijo que le avisara de cualquier cosa que necesitara. Nos dimos un abrazo.

María Augusta fue una chica muy entregada. Recuerdo los campamentos, en los que ella era monitora. Ayudaba mucho a las chicas y, aunque había cosas que seguramente no le gustaban, como por ejemplo, ensuciarse (lo sé porque la conocía) o enseñarle a las chicas que debían de comerse todo lo que se servían, ella lo hacía todo por amor a Dios y por amor a las almas.

Ella en algunas ocasiones dio charlas a los estudiantes de la Universidad Técnica de Manabí a los que invitábamos como apostolado, para que conocieran a Dios. Sus palabras siempre eran atrayentes, porque vivía lo que estaba diciendo.

Cuando viví con ella en la Resi, su amor a la Virgen también se hacía visible. Le gustaba mucho ir al Santuario de Cajas, porque allí se sentía más cerca de ella. Me decía que le encantaba la canción “Tomad, Virgen Pura”, porque es una canción en que se le dice a la Virgen que quieres estar con Ella y con los ángeles. Le encantaba cuando dice la canción: Mil querubes bellos, quiero estar con ellos... Su corazón, a pesar de las luchas, era de Dios y de la Virgen, y su alegría venía de la entrega que tenía.

Le costó responder a su vocación, pero al final dio un “sí” generoso a Dios, y su alegría el día que entró era inmensa. Lo demostraba con la gran sonrisa que tenía ese día.

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