Viernes, 30 Septiembre 2016 21:00

Se estaba volcando totalmente

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Estrella, Ecuador:  En el campamento de 2011, ella era la monitora de una de las unidades, y yo era submonitora.

Estrella Cornejo conoció a María Augusta siendo ambas dos jóvenes del Hogar de la Madre en su ciudad natal de Chone (Ecuador). Nos refiere aquí varias anécdotas que nos dan a conocer el espíritu de sacrificio y el celo por las almas, verdaderamente admirables, de María Augusta. De carácter tímido, María Augusta no permitía que la timidez la impidiera ser el apóstol de los jóvenes que el Señor esperaba de ella. 

En una ocasión participamos en unas misiones que se organizaron para evangelizar por el centro de Chone (Ecuador), que era nuestra ciudad. Teníamos que ir de dos en dos. A María Augusta le daba mucha vergüenza hablar y, como era tímida, le costaba mucho. Yo le dije que no se preocupara, que si no quería hablar que no lo hiciera. Pero ella me respondió que si nos había tocado juntas era justo que habláramos las dos. Tuvimos que visitar muchas casas, y se notaba que le costaba, pero al final había hecho un gran esfuerzo.

En el campamento de  2011, que tuvimos en San Andrés (Chone, Ecuador), ella era la monitora de una de las unidades, y yo era submonitora. Recuerdo que teníamos a cuatro chicas que eran amigas entre ellas. Eran lo que en Ecuador llamamos “súper chicas”, pues se quejaban por todo. Uno de esos días, había para comer algo que no les gustaba y no querían comérselo. Probaron la comida pero luego no hubo manera de hacérselo comer. Para no tirar la comida que tenían en el plato, María Augusta se puso la comida en el suyo y empezó a comérselo. Yo no salía de mi asombro porque sabía que justo esa comida a María Augusta le costaba mucho comerla, y además era tanto… Al ver que tenía el triple de comida, quise ayudarla pero fue imposible, no me lo permitió. Supongo que lo estaba ofreciendo todo.

María AugustaEn ese mismo campamento, María Augusta y yo habíamos hablado con la hermana responsable para ver si, separando en varias unidades a estas chicas que estaban dando problemas, se las podía ayudar. La hermana no lo vio acertado y nos dijo que tuviéramos paciencia, que la paciencia todo lo alcanza. María Augusta siempre me decía: “Estrella, ¿tú crees que podremos ayudar a estas chicas?” Yo solo podía repetirle lo mismo que ya la hermana nos había dicho, que la paciencia tiene que ver mucho con el sufrimiento, y que debíamos sufrir un poquito, que después si Dios quería veríamos el fruto.

En ese campamento teníamos un río cerca. A María Augusta le encantaba el río. Nuestras chicas no querían meterse en el río, pues les parecía que estaba muy sucio. Al final no se metieron. María Augusta pensó que si pasaba más tiempo con ellas, quizás se las ganaría y así sería más fácil que ellas fueran dóciles. Así que se quedó sin bañarse en el río, y me mandó a mi con el resto de las chicas de la unidad, para no dejarlas sola.
Hubo muchos detalles así, que me dejaron impresionada. Se estaba volcando totalmente.

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