Miércoles, 05 Octubre 2016 17:13

Transmitía pureza y sencillez

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Hna. Ruth María O’Callaghan, Irlanda: Desde que la conozco, su deseo fue siempre “ser del Señor y de la Virgen”.

hna ruth mariaLa Hna. Ruth María O’Callaghan, Sierva del Hogar de la Madre de nacionalidad irlandesa, fue profesora de religión y de inglés en la Unidad Educativa Sagrada Familia. Entre sus alumnos estaba Valeria. Nos cuenta sus recuerdos sobre ella, y los comentarios que las hermanas hacían en comunidad sobre ella, a medida que la iban viendo crecer y madurar.
 

La verdad es que, leyendo lo que se está publicando de Valeria, me he llenado de alegría y de sano orgullo por haberla conocido. A Valeria yo le daba clase de religión y de inglés. Yo estaba ya en el colegio cuando vinieron su abuelita y su tía a hablar con nosotras sobre Valeria y su hermana. Nuestra preocupación era si iban a estar demasiado “dañadas” a causa de lo que habían vivido de pequeñas. Pero, para nuestra sorpresa, Valeria estaba totalmente intacta. Era como si nuestra Madre la hubiera tenido ya en su Corazón y la hubiera protegido de todo.   

Siempre me impresionaba cómo nos miraba en clase, con esos ojos tan grandes. Tenía ojos de enamorada. Era guapísima, porque transmitía la paz que tenía dentro. Tenía una alegría especial, que llamaba mucho la atención. Un día le pregunté que porqué nos miraba tanto, y me dijo que era “porque nos quería mucho”. Su corazón estaba tan agradecido de poder estar en el colegio, y de todo lo que había recibido de nuestra Madre a través del Hogar de la Madre. Ella siempre vio muy claro que había sido nuestra Madre la que la había traído a nuestro colegio… ¡y nosotras también!

Valeria como estudiante en el colegio de Playa Prieta

Las hermanas siempre comentábamos cuánto nos impresionaba su serenidad y la paz que tenía, después de haber vivido cosas tan fuertes en su casa cuando era pequeña. Cuando vemos las fotos de Valeria, y vemos la sonrisa tan preciosa que tenía… No es que estaba posando para una foto: es que siempre era así, siempre. Era una alegría estar con ella.

Nunca la he visto molesta con nadie, ni enfadada… Ni siquiera cuando le costaban tanto a veces los estudios. Solo me decía: “Venga hermanita, lo voy a intentar”. Cuando hacía los exámenes, nunca intentaba que le facilitara la respuesta, ni buscaba pequeñas recompensas por ser del grupo del Hogar de la Madre, ni una atención especial… Ella realmente se esforzaba.

A veces, hablando de ella con las hermanas, decíamos que el Señor se le iba a llevar pronto, porque era demasiado buena para nosotras... Ella estaba enamorada de Jesús, pero Él estaba todavía más enamorado de ella. Nos decía: “Yo con ustedes, siempre”.

Su abuelita, cuando Valeria pedía permiso para ir a algún sitio, si era con las hermanas siempre era un sí. Era una mujer muy agradecida por la ayuda que la prestábamos.

Recuerdo que fuimos a visitar el Santuario de la Virgen de Cajas, en Cuenca, (Ecuador). De regreso, en el autobús, nos contó que había experimentado que la Virgen le pedía que fuera a Misa todos los días. Desde entonces jamás perdió la Misa diaria. Ella venía con nosotras todos los días. A veces incluso tenía dificultades para salir de su casa pero, aún así, era fiel siempre. Había hecho ese compromiso con la Virgen y no podía hacer otra cosa más que cumplirlo.

También, una vez en clase de religión, tenían que hacer un trabajo sobre cómo se imaginaban dentro de unos años. Toda su referencia era las Siervas. Su vida eran el Señor y las Siervas. Desde que la conozco, su deseo fue siempre “ser del Señor y de la Virgen”.

Era una chica muy sencilla, nunca llamaba la atención. Su manera de ser, su manera de vestir, todo transmitía pureza y sencillez. Hacía lo que tenía que hacer porque era lo que la Virgen le pedía.

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