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Miércoles, 08 Marzo 2017 21:00

¿Ya sabes lo que Dios quiere de ti?

Valeria rodeada de hermanas
Hna. Merly Alcívar, SHM:  Ella veía la vocación no como una carga, sino como un regalo. En ese tiempo tenía 13 años.

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La Hna. Merly Alcívar fue la guía espiritual de Valeria. Es por tanto una de las personas que mejor conoció el alma de Valeria, y el instrumento del Señor para guiar a esta niña por el camino de la intimidad con Cristo. La Hna. Merly –superviviente del terremoto en el que Valeria perdió la vida- nos ha hecho el inmenso regalo de escribir sus recuerdos sobre Valeria. Poco a poco los iremos publicando. Estamos seguros de que van a hacer mucho bien a muchas almas.

Valeria venía de una familia católica. Desde su niñez, Dios siempre la cuidó y la protegió. Se crió con sus abuelitos a causa de las circunstancias que la Providencia le regaló, pero ella nunca renegó de esos momentos que el Señor había permitido que sufriera. Al contrario, daba gracias a Dios por ser tan bueno con ella, y por dirigir su camino trayéndola a vivir a Playa Prieta. Fue su abuelita la que le enseñaba las cosas de Dios desde pequeña.

A la edad de 13 años, después de unas convivencias de chicas organizadas por las Siervas del Hogar de la Madre, ella supo que el Señor la estaba comenzando a cambiar interiormente. ¿Por qué? ¿Acaso era mala? No, ella siempre desde pequeña guardaba la pureza de su alma y de su cuerpo, sobre todo con la manera de vestir. El cambio que Jesús la pedía era que tenía que ser santa. Decía que Jesús le mostró que tenía que amarle más. En las convivencias de julio de 2013, en el último día, durante la cena, la Hna. Estela -que estaba en su misma mesa- hizo una pregunta a todas las chicas que estaban con ella, pero para Valeria en concreto fue una pregunta muy importante: “¿Ya sabes lo que Dios quiere de ti? ¿Se lo has preguntado?” Decía Valeria que esas dos preguntas se le habían clavado en el corazón, y que sabía que tenía que hacerlo cuanto antes, preguntar y saber lo que Dios quería de ella, para ser santa. Desde ese momento su deseo era tan grande que quería conocer de qué manera Dios le hablaba a un alma, y cómo esa alma podía saber lo que Dios quería de ella. 

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Después de la convivencia, se hizo el propósito de preguntarle en la oración a Jesús qué quería de ella. Valeria tenía la costumbre de ir todos los días a visitar a Jesús en la capilla del colegio. Lo hacía porque decía que Jesús estaba solo, y ella en esos momentos le podía acompañar. Pero, a partir de empezar a preguntarle a Jesús qué quería de ella, descubrió que se podía hablar con Jesús, porque anteriormente solo iba a mirarle y a pedirle. Así, poco a poco, el Señor le fue dando a conocer en cada momento lo que Él quería de ella, y fue descubriendo cada vez más el amor que Dios la tenía. También, en la oración, Jesús le dijo que tenía que hablar con una hermana de todo esto que le estaba pasando.

Después de unos pocos meses, vio claramente en la oración cómo el Señor le mostraba la vocación a la vida religiosa y, en concreto, en las Siervas. Le parecía que el Señor le había hecho un regalo tan grande, porque para ella la llamada a una vocación consagrada le parecía que era un privilegio, un don que nadie se merece. Por eso, siempre decía que cómo podía estar triste ante una llamada tan grande, si le podía dar a Dios sus mejores años. Estaba dispuesta a dárselo siempre con alegría. Ella veía la vocación no como una carga, sino como un regalo. En ese tiempo tenía 13 años.

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