Menu
Jueves, 19 Mayo 2016 11:15

Una chica sencilla y alegre

Hna. Virginia Jiménez, España:

hna virginiaObservadora, silenciosa, responsable, con una sonrisa constante, pendiente de todos… Era para todos los profesores un encanto.

Hna. Virginia S.H.M. conoció a Valeria en mayo de 2011, cuando ella tenía once años recién cumplidos.

El 25 de mayo de 2014 recibí una carta de dos alumnas de nuestro colegio en Playa Prieta de quienes fui tutora cinco años. En esa carta me contaban emocionadas que habían hecho una peregrinación al Cajas en Cuenca (Ecuador), donde se apareció la Virgen con el título “Guardiana de la fe”. Posteriormente habían hecho unos ejercicios espirituales. Fruto de una y otra actividad fue que decidieron tomarse su vida espiritual en serio formando un pequeño grupo junto a otras chicas. A ese grupo lo habían llamado HM YPEP (Hogar de la Madre - Yo prefiero el Paraíso) y tenía como objetivo ayudarse entre ellas y levantarse en las caídas.

Después de ir nombrando a cada una de las chicas que componían en ese momento  el grupo, me escribían: “Valeria está muy unida a nosotras y con su sencillez nos ayuda mucho”. Esa era Valeria: una chica sencilla y muy agradecida.

h clare con ninos

Valeria como estudiante del colegio de Playa Prieta

Conocí a Valeria en mayo de 2011, cuando ella tenía once años recién cumplidos. Una tía materna suya tenía un hijo – Dandy - estudiando en nuestro Colegio de Playa Prieta. Un día se acercó a nosotras para pedirnos ayuda e interceder por sus sobrinas: Valeria y su hermana Jennifer. Hasta ese momento habían vivido en Portoviejo, pero por motivos familiares serios se habían trasladado a vivir a una casita muy cerca de nuestro colegio. En la casita vivían Valeria, su hermana Jennifer, su bisabuela, ya muy mayor y a la que Valeria quería muchísimo y que murió al poco tiempo, y su abuela materna que hacía las veces de madre con ellas, pues su madre había fallecido cuando ellas eran muy pequeñas. Su padre delante de ellas la había matado.

Su tía nos pidió en que por favor las admitiéramos en nuestro colegio, aunque ya habían comenzado las clases. En el hemisferio sur el curso escolar comenzaba en esa época a finales de marzo o principios de abril. Nuestra respuesta fue aceptarlas inmediatamente y decirle que haríamos todo lo posible por ayudarlas, pues estaban pasándolo muy mal económicamente.  Su situación nos cogió el corazón y nos pusimos manos a la obra.

Gracias a los Grupos Misioneros del Hogar de la Madre (GMHM) pudimos apadrinar a la familia y becar a Valeria. No sabían cómo agradecernos lo que hacíamos por ellas. Cada vez que les llevábamos los alimentos a su casa, su abuelita lloraba de agradecimiento. Valeria nos lo decía todo con su mirada transparente y su sonrisa enorme.

Era impresionante verla esforzarse por ponerse al día con las clases y poder alcanzar el nivel de sus compañeros. Observadora, silenciosa, responsable, con una sonrisa constante, pendiente de todos… Era para todos los profesores un encanto. Realmente estábamos orgullosos de ella. Como lo estaba también su abuela, que siempre nos decía lo buena que era Valeria, lo mucho que se esforzaba con los estudios y cómo ayudaba con su ejemplo a su hermana, a la que no le gustaba tanto eso de estudiar y se dejaba llevar por la pereza.

Hubo una época en que pedimos a las familias de los niños becados que, como agradecimiento por la ayuda recibida, nos ayudaran una vez cada dos meses con la limpieza de las aulas comunes: computación, biblioteca, kínder y los baños. Valeria, su abuelita y su tía jamás faltaron a esa cita aunque acabaran muertas de cansancio, pues hacían la limpieza a conciencia. Nada de escaquearse haciendo lo mínimo como hacían otras familias.

Valeria jamás se aprovechó de su situación de pobreza. Aún recuerdo lo que me costó que aceptara una mochila nueva con algunos útiles escolares. Nos las habían traído nuestras hermanas de Jacksonville unas Navidades para los niños más necesitados. Quería que se la diéramos a otro niño que lo necesitara más. Decía que todavía podía valerle la suya. Sólo la aceptó cuando la dije que había para todos y que nosotras queríamos hacerle este obsequio a ella. Nos dio las gracias con su sonrisa habitual.

Así era Valeria: sencilla, alegre, agradecidísima, responsable…

Gracias, Señor, por haberme permitido conocerla.

 

Buscar

Redes sociales

Newsletter semanal

Elegir idioma

Escríbenos

Si tienes algún recuerdo o has recibido algún favor de la hna. Clare o de alguna de las 5 candidatas fallecidas en el terremoto de Ecuador, así como fotos o vídeos, te rogamos que nos lo mandes enviando un e-mail a: hermanaclare@hogardelamadre.org

Por favor, no olvides indicar de dónde eres, sobre quién es la historia que nos cuentas y cómo la conociste.

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.
De acuerdo