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Cuando yo era pequeñaja

Para las navidades de 2009, la Hna. Clare escribió este artículo para HM Zoom+, la revista para niños del Hogar de la Madre. Además, lo tenemos grabado por la Hermana Clare misma. Pedimos la gracia esta Navidad de que Jesús siempre esté en el centro de nuestro corazón, como ella pide al final del artículo.  Si Él falta, quedará un gran espacio vacío, como en esta historia del puzle. 

Y por cierto, Shauna y Megan, hermanas de sangre de la hermana Clare, todavía se acuerdan de este puzle gigante de la jungla.

«Una de las cosas que a mis hermanas pequeñas y a mí nos gustaba hacer, aparte de saltar en las camas y cantar con un cepillo como si fuese un micrófono, era hacer puzles. A veces hacíamos competiciones para ver quién terminaba el puzle la primera. Como yo era la mayor, casi siempre ganaba.

Para Navidad un año, una de nuestras tías nos regaló un puzle gigante de la jungla. Tenía 75 piezas (para nosotros eso era ¡muy grande!). Como solo había un puzle, mis hermanas y yo teníamos que compartirlo y construirlo juntas. Uno de nuestros tíos se reía y decía «no sé si van a poder terminarlo». Y sólo por decir eso, nos determinamos a acabarlo.

Cada día, después del colegio, cuando terminábamos los deberes, íbamos directamente al puzle. Tengo que decir que no era fácil.

DibujoMi hermana, la más pequeña, no tenía paciencia y aunque una de las piezas no encajaba con otra, ella hacía todo lo que estaba en su mano para poderlo encajar. Y decía con los brazos en jarra: « ¡Nunca lo vamos acabar!» Mi otra hermana y yo estábamos firmes en nuestra decisión de terminarlo. «Espérate a ver. Cuando lo hayamos acabado, todo el mundo va a decir que somos geniales», le decía yo. La pequeña estaba de acuerdo.

Estábamos entusiasmadas. Mientras poníamos las últimas piezas pasó algo traumático: ¡no podíamos encontrar la pieza del medio! ¡El gorila no tenía cabeza! Yo eché la culpa a mi hermana pequeña, ella me la echaba a mí y mi otra hermana se echó a reír diciendo que ya sabía ella que no íbamos a poder acabarlo. Pero no, yo estaba determinada a hacerlo. Encontraría la pieza que faltaba y terminaría ese puzle.

Miré debajo del sofá, detrás de la tele, en todas las habitaciones de la casa. Hasta miré en mi zapato, por si acaso, pero la pieza no estaba por ninguna parte. Me desilusioné. ¡Era la pieza que va en medio y el puzle no estaría completo sin ella!

Chicos y chicas, muchas veces parece que tenemos nuestros corazones llenos de cosas que no son Dios. Parece que amamos a nuestros videojuegos, nuestra música, juguetes, la tele y los deportes más que a Dios. Todas estas cosas parecen hacernos verdaderamente felices. A veces sí, pero solo por un rato. Nuestro corazón es como mi puzle, que le faltaba una pieza, con un espacio grande en medio. No podía completar mi puzle sin ella, igual que nuestro corazón no se puede llenar y estar completo sin Jesús.

Jesús debería tener un lugar especial en nuestros corazones. Él debe ser el centro de nuestro corazón.

¡Sin Él, estamos incompletos, nos falta la parte más importante! Hay un espacio que pertenece sólo a Él y nosotros, como mi hermana pequeña, intentamos meter otra cosa en su lugar.

En esta Navidad, vamos a pedir a la Virgen María que nos de la gracia de poner al Niño Jesús en el centro de nuestros corazones ahora y para siempre. Él es la pieza central, la pieza más importante del puzle de nuestros corazones».

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