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Hna. Clare toca la guitarra

En este audio de la serie: «Cuando yo era pequeñaja», la Hna. Clare comparte sus sueños de fama y de grandeza de cuando era pequeña. Esta historia la escribió para animar a los niños a usar sus talentos para el bien y para la gloria de Dios, y para que no cayesen en la envidia.  La historia del audio está grabada por ella misma.

Cuando yo era pequeñaja mis hermanas, algunos amigos y yo formamos una banda de música. Nuestro sueño era llegar a las alturas de la fama.  Íbamos a hacer CDs, cintas, videoclips de música… pero primero, por supuesto, teníamos que comprar algunos instrumentos y después... aprender a tocarlos.

Cada sábado teníamos nuestra reunión de la banda en el garaje de detrás de mi casa. En este garaje metíamos bicicletas rotas, espejos rayados, trozos de pinzas de la ropa, etc.  Allí, entre los trastos, practicábamos nuestras canciones tocando nuestros instrumentos improvisados que consistían en un peine que yo, —la cantante principal—, usaba como micrófono, dos cajas de galletas de lata vacías que mi amigo usaba para la batería, cuatro rollos vacíos de papel higiénico cubiertos con papel de periódico, con piedras dentro, que usábamos como maracas, y nuestro vecino, que podía hacer un sonido de guitarra con su voz.

El tiempo volaba cuando hablábamos del futuro de nuestra banda.  Nos imaginábamos el día en que habría estuches con nuestra foto y calcetines con el nombre de nuestra banda. Decidimos el nombre de nuestra banda el primer día, después de un rato de discusión. Se propusieron: «Morado» – la idea fue de mi hermana pequeña (era su color favorito)-, «Chispas» – el nombre del perro del vecino -, «Fútbol es lo mejor» – que rápidamente fue abucheado por los miembros femeninos de la banda, y muchísimos más, hasta que decidimos llamarnos el «Grupo del garaje».

Éramos ocho en el «Grupo del garaje».  Cinco cantábamos y tocábamos “instrumentos”.  Los otros bailaban. Los que bailaban eran mi hermana pequeña, que estaba aprendiendo baile irlandés, una niña que hacía ballet y una amiga de mi hermana que tenía pies de pato.

When I Was LittleUn día, mientras estábamos ensayando, los bailarines empezaron a discutir:

- «No, lo tenemos que hacer así», la que hacía ballet empezó a girarse rápidamente. La amiga de mi hermana intentaba hacerlo pero después de dos segundos su cara se puso de cinco colores distintos a la vez y dijo:

 -«Estoy mareada». 

Mi hermana rehusó hacerlo.

- «No vamos a hacer eso, es mejor así...». 

Mi hermana empezó a hacer baile irlandés, aunque no lo hacía muy bien. Empezaba a saltar hacia arriba y hacia abajo y después paraba y hacía un movimiento con el pie que parecía que quería pisar un bicho. Mientras pasaba todo esto mi otra hermana, que tocaba una de las maracas, descubrió que ella también podía hacer el sonido de guitarra con la voz y dijo que era mejor que José tocase las macaras y que ella hiciese el sonido de guitarra. José no estaba de acuerdo. Después, mi amiga que tocaba la batería dijo que ella podía cantar también. Ella tocaba la batería muy bien, pero cantar era otra cosa. 

- «No, tú tienes que tocar la batería», le dije yo.

- «Si no puedo cantar voy a dejar la banda... y me llevo esta caja de galletas conmigo». (Una de ellas era suya). Cuando dijo eso hubo un gran silencio.

-«Si no puedo hacer el sonido de guitarra, me voy también». 

-«Estoy mareada», gimió la amiga de mi hermana; y después todo el mundo empezó a gritar a la vez, cada uno con sus quejas, hasta que salió mi madre.  

Cuando mi madre nos preguntó qué pasaba, todos empezamos a la vez a decirle nuestros problemas. Mi madre se puso el dedo en los labios y gritó:

- « ¡Basta!  Cada uno de vosotros tiene que estar feliz con el talento que tiene y tiene que usarlo lo mejor que pueda, no intentar hacer que los otros te envidien y no envidiar lo que tienen los demás. Si tú haces ballet, tienes que bailar lo mejor que puedas, pero esto no significa que los demás también tengan que bailar ballet. Si tú eres cantante, te digo lo mismo y no puedes esperar que los demás canten como tú quieres que canten. Todo el mundo es diferente y único...».

Es verdad, todos somos diferentes y únicos.  No hay nadie en este mundo que sea igual que tú. También es verdad que Dios nos ha dado a cada uno un talento o muchos talentos: poder dibujar, bailar, cantar, hablar... Pero tenemos que tener cuidado con los talentos que nos han sido dados. Como mi madre dijo: no hay que usarlos para que los demás te envidien o para que parezca que tú eres el mejor. Tenemos que usar nuestros talentos para hacer feliz a Dios. El «Grupo del garaje» hizo mal uso de sus talentos y al final, su egoísmo y soberbia impidieron que siguiese la banda. El Señor nos da talentos para que los usemos bien, no para impresionar a los demás o usarlos para cosas malas. Lo más importante es que los usemos para su gloria.

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