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Miércoles, 03 Enero 2018 21:00

Un “amigo” de la Hna. Clare en Italia

Hna. Anna Riordan, SHM

Hna. Anna Riordan, SHMLa Hna. Clare había hecho un milagro: el milagro de la victoria de la VIDA, de la victoria de la GRACIA en el alma de Giovanni.

La Hna. Anna Riordan nos cuenta la historia de Giovanni, que después de una vida muy complicada —Giovanni pasó diez años en la cárcel por su implicación en un homicidio— acaba de morir de cáncer a los cincuenta años. Guiado por la Hna. Clare, Giovanni vivió una gran transformación en sus últimas semanas de vida.

Es curioso cómo hay ciertas personas que puedes conocer desde hace años y no experimentar ninguna conexión con ellas, mientras que hay otras que, después de solo una hora, puedes sentirles tan cercanos como hermanos gracias a la fe. Es porque en el mundo del espíritu, la lógica es distinta. Las cosas funcionan con una lógica divina. 

Esto es precisamente lo que comprobamos con Giovanni, un hombre de cincuenta años que conocimos hace aproximadamente un año, en un pueblo del norte de Italia. Lo llamamos «el amigo de la Hna. Clare». Ciertamente, según su fecha de nacimiento él tenía unos 50 años, pero parecía un niño de cinco hacia el final de su enfermedad. 

Yo le conocí por primera vez en octubre de 2017. Íbamos dos hermanas, Siervas del Hogar de la Madre. Lo encontramos en su casa: un hombre fuerte, durito, sentado en su sofá. Tenía tatuajes en los brazos. Ya estaba luchando con la enfermedad que algunos dicen «le llevó a la muerte», pero que prefiero calificar como la enfermedad «que le llevó a la Vida». En este primer encuentro, él se mostró un poco distante, desinteresado. Pero consideramos todo un éxito el poder convencerle para rezar una Ave María con nosotras. Este hombre había estado más de diez años en la cárcel acusado de estar implicado en un homicidio. 

La Hna. Clare en un asilo

La hna. Clare en un asilo.

Pero después de este primer encuentro, algo empezó a cambiar en Giovanni. Le empezamos a hablar de la Hna. Clare y, al poco, expresó su deseo de confesarse y empezar a recibir a Jesús Sacramentado en la Comunión.      

Él quería mucho a la Hna. Clare. Recordando su gran conversión antes de hacerse Sierva, él sonreía y decía: «Ella era mala como yo». Un día nos dijo que quería hacer un mural dedicado a la Hna. Clare en su casa. Era como su héroe. Era un durillo, pero tenía un gran sentido del humor, y se volvía cada vez más como un niño hacia el final de su vida terrena. Nos impresionó a todas las hermanas que fuimos a verle. 

Una vez, fuimos a llevarle la Comunión. Le dijimos, «No te preocupes, Giovanni, te vamos a dar solo un trocito de la Hostia». Y él dijo como con voz de niño: «Él se hace pequeño para mí». Esa frase se convirtió en nuestra meditación para el Adviento. «Él se hace pequeño para mí». Su esposa nos contó que él estaba triste porque no iba a poder hacer el Belén grande en su casa este Navidad, por la enfermedad. Pero un día fuimos con la Eucaristía y no teníamos donde apoyar el corporal y purificador. Su mujer nos acercó una mesa de madera. Él nos dijo: «Esta mesa la hice yo». Y así le dijimos que, al final, SÍ que había hecho él un «pesebre» donde apoyar al Niño Jesús (la Eucaristía). Parecía muy contento. 

En otra ocasión, le llevamos la Eucaristía y también una imagen que del rostro y la mano alzada del Jesús de la Divina Misericordia. Al verlo, levantó la cabeza con muchísimo esfuerzo pero una gran sonrisa, como si estuviera viendo su mejor amigo, a quien hacía tiempo que no veía. Decía en bajito pero con ilusión de niño: «Ciao! (Hola)» Y levantó su mano para tocar la mano de Jesús en el cuadro. Esa vez, después de recibir la Eucaristía, bajó la cabeza y la apoyó encima de la imagen de Jesús de la Divina Misericordia que estaba en la mesa. Empezó a hablar en voz baja y no entendíamos. Su mujer se acercó preguntando: «¿Que te pasa, Giovanni?» Y él: «¡Que estoy hablando con el Señor!» Lo dijo en tono de: «¿Por qué me interrumpes?» Y ciertamente tenía razón, no era el momento para otros discursos.

Realmente ha sido una gracia poder acompañarle. La última vez que lo vimos fue el día antes de su muerte, ya casi en coma. Rezamos solamente una Ave María. Le dijimos: «Giovanni, te estás preparando para ir a ver a Jesús. No tengas miedo de nada». Murió esa noche. Teníamos la sensación de que la Hna. Clare estaba muy presente.

La hna. Clare en un asilo con un grupo de chicas

La hna. Clare en un asilo con un grupo de chicas.

Su mujer, un día antes de su fallecimiento y viendo que no se curaba físicamente, dijo: «La Hna. Clare no ha hecho el milagro». Nosotras respondimos que sí había hecho un milagro: el milagro de la victoria de la VIDA, de la victoria de la GRACIA en su alma. Le dijimos: «La VIDA ha vencido en él. Y ¿qué felicidad más grande existe que saber que la persona que más has amado en la tierra está preparada para ir al encuentro de Jesús?» Giovanni se había ido transformando. Yo le conocí en octubre y puedo decir que, en sus últimas semanas, era ya una persona distinta. Su alma era hermosísima. Era como el más inocente de los niños. Nos llamaba «mis hermanas» y, realmente, fue como nuestro hermano en el Señor. Su cuerpo estaba literalmente podrido por dentro a causa del cáncer, pero su alma era resplandeciente.

Un día, Jesús quiso enseñarnos que la santidad no consiste en parecer buenos, sino en hacer la voluntad de nuestro Padre que está en los Cielos: «¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: “Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña”. El respondió: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: “Voy, Señor”, pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?». «El primero», le respondieron. Jesús les dijo: «Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él». (Mateo 21, 28-32). Giovanni era uno de estos del «No quiero». Pero después, «se arrepintió y fue». Ciertamente, almas así son las que hacen sonreír a Dios. Que ellas nos ayuden a unir nuestro «Voy, Señor» con «y fue».

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