Lunes, 26 Noviembre 2018 21:00

Recuperó la fe por la Hna. Clare

H Clare con micro

Abrahán:  Me dijo que, de vez en cuando, hay que tirarle del manto a la Virgen para que nos escuche.

La Hna. Beatriz Liaño nos escribe desde Alcalá de Guadaíra (Sevilla) esta anécdota vivida hace solo unos días. Abrahán, un joven padre de familia, le confesó: «Yo recuperé la fe cuando esta hermana me abrió la puerta y me llevó ante la Virgen».

Estaba en la sacristía del Santuario de Nuestra Señora del Águila, en Alcalá de Guadaíra (Sevilla) atendiendo a las personas que llegaban. De pronto entró un hombre joven. Se llamaba Abrahán. Bastaba mirarle a la cara para comprender que estaba sufriendo intensamente. De hecho, al comenzar a hablar, se le llenaron los ojos de lágrimas: «Hermana, ¿sabe? Hace unos años yo no creía en Dios ni me importaban las cosas de la religión. Pero a mi padre le descubrieron un cáncer, y los médicos nos daban muy pocas esperanzas de supervivencia. El día en que le operaban, le operaban a las doce, y yo me vine a primera hora aquí, al Santuario. Mis vecinos me habían dicho que el Santuario no estaba abierto y que no me iban a dejar entrar. Pero vine y llamé a la puerta, y esta hermana me abrió». Al decir estas palabras, alzó su mano para mostrarme el recordatorio de la Hna. Clare, que llevaba consigo. 

Tras una pausa para secarse los ojos, continuó hablando: «Yo sé que esta hermana ha fallecido, pero yo le quiero contar a usted lo importante que fue para mí que la Hna. Clare me abriera la puerta. Iba acompañada de otra hermana, pero fue ella la que me guió delante de la Virgen y me dijo que la hablara. Me dijo que, de vez en cuando, hay que tirarle del manto a la Virgen para que nos escuche. Que le pidiera a Ella la salud de mi padre. Y mi padre se curó. Y eso es algo que jamás olvidaré. Ahora vengo a pedir por mi hijo. Esta semana le hacen varias pruebas importantes. Yo recuperé la fe cuando esta hermana me abrió la puerta y me llevó ante la Virgen. Hoy vengo a pedir por mi hijo, a la Virgen y a la Hna. Clare».

Le prometí rezar por su hijo y traté de consolar su corazón de padre y de hacerle crecer en la fe. Cuando se fue, no podía sino darle gracias al Señor porque la Hna. Clare ese día estaba allí, donde tenía que estar, donde el Señor quería que estuviese. Y frente a una llamada quizás inoportuna —ciertamente, fuera de horario— con su caridad, no solo abrió la puerta física del santuario a este hombre, sino que le abrió también la puerta de la fe.

Semanas después, Abrahán volvió a la sacristía del Santuario. Esta vez traía a su hijo y su rostro resplandecía felicidad. El pequeño estaba sano. «Vengo a darle gracias a la Virgen. Y a la Hna. Clare, que es como mi ángel de la guarda, la que me enseñó que a la Virgen hay que tirarla del manto para que nos escuche».

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