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Lunes, 20 Junio 2016 13:07

Fue una tarde llena de alegría

Ligia Roxana Mendoza Zambrano, Ecuador:

ligiaLa Hna. Clare, con mucha seguridad, al despedirse le dijo a Enrique: “Ya verás como la Virgen te ayuda a solucionar tus problemas”.

Ligia es miembro de los Laicos del Hogar de la Madre. Con su esposo Enrique, compartió con las hermanas de Playa Prieta la sobremesa del 16 abril 2016 y estuvo con ellas hasta pocas horas antes de comenzar el terremoto.

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Ligia con Jazmina, Mayra, María Augusta y otras chicas

El tiempo pasa pero el recuerdo vive aún más en mi mente y en mi corazón. Estoy plenamente convencida de que, haber compartido aquella tarde del 16 de abril de 2016 con las hermanas y las chicas, fue un regalo de Nuestra Madre.

Era un día con muchas expectativas. Era el único sábado que teníamos libre en mucho tiempo. En un primer momento lo habíamos destinado para irnos a pasar el fin de semana a la playa. Luego, con la inundación, dijimos que iríamos a ayudar a limpiar a las hermanas y organizar actividades para conseguir ayuda para reponer las cosas que se habían dañado en el colegio. Después, nos llegó una comunicación de que teníamos que asistir a un seminario en el Instituto San Pedro en Portoviejo. Sin embargo, al concluir el seminario, decidimos de todas manera ir donde las hermanas para coordinar cómo podríamos ayudar.

Al llegar nos recibió la Hna. Clare, con una sonrisa amplia y un fuerte apretón de manos a Enrique, mi esposo. Como estaban comiendo, les dijimos que mejor regresábamos otro día, pero ella nos insistió para que entráramos. Luego la Hna. Estela dijo que nos invitaban a comer. Como ya habíamos comido, aceptamos compartir el postre. Fue realmente un momento de familia, compartimos anécdotas… La Hna. Clare disfrutaba de cada cosa, al igual que las chicas. Recuerdo las sonrisas de María Augusta, Catalina y Mayra. Mayra había sido alumna de Enrique y, ese día, le reveló algunas travesuras de las cuales él nunca se dio por enterado hasta ese momento.

Fue una tarde llena de alegría y también de despedida. La Hna. Clare, con mucha seguridad, al despedirse le dijo a Enrique: “Ya verás como la Virgen te ayuda a solucionar tus problemas”. Esto porque le había comentado algunas dificultades que teníamos para sacar el permiso de instalar el trasformador de luz. Jazmina me dio un abrazo muy fuerte. Al despedirnos solo dijimos: “Chao, nos vemos”. Salimos y, de pronto, estaban todas detrás nuestro. Nos dimos un abrazo con cada una de ellas. Experimenté un gran amor. Después comprendí que era un hasta siempre.

Hubo algo que me impresionó mucho: la mirada de Valeria. Con ella yo no había tenido la oportunidad de compartir tanto como con las otras chicas pero al salir, no sé por qué, volví la mirada y me encontré con la de ella. Pude ver la serenidad, la pureza, la transparencia…, en otras palabras el amor de Dios. Y eso no lo digo ahora, lo comentamos durante el trayecto de regreso a casa. Hablábamos de lo que habíamos vivido aquella tarde, de la presencia de Nuestra Madre en cada una de las chicas y de las hermanas. Poco después comenzó el sismo.

Tengo la certeza de que mis chicas y la Hna. Clare gozan en la compañía del Señor y que, desde allá, están armando un alboroto para que seamos santos.

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