Menu

Hna. Clare

La hna. Clare nació el 14 de noviembre de 1982 en Derry (Irlanda del Norte). Entró como candidata de las Siervas del Hogar de la Madre con 18 años, el 11 de agosto de 2001. Hizo sus primeros votos el 18 de febrero de 2006, eligiendo el nombre religioso de Hna. Clare María de la Trinidad y del Corazón de María. Profesó sus votos perpetuos el 8 de septiembre de 2010. Durante su tiempo de profesa, sirvió en las comunidades de las Siervas en Belmonte (Cuenca, España), Jacksonville (Florida, Estados Unidos), Valencia (España), Guayaquil (Ecuador) y Playa Prieta (Manabí, Ecuador). Murió en Playa Prieta a causa del terremoto del 16 de abril de 2016.

El testimonio que ofrecemos a continuación lo escribió ella en 2014 y le puso por título “¡Menuda película!”.


¿Por qué a mí?

HnaClare 2

Espero que este testimonio les pueda hacer mucho bien a sus almas y les ayude a acercarse más a Dios, porque estando cerca de Él van a ser felices de verdad…

Cuando yo tenía 16 años vino a mi ciudad un hipnotizador conocido. Yo ya lo había visto otros años y me encantaba la función. Quería que me hipnotizara a mí también. Antes de empezar el espectáculo, el hipnotizador nos dijo que solo ciertas personas con ciertos estados mentales podían ser hipnotizadas. A continuación, dijo que toda la audiencia –éramos unas 800 personas– tenía que hacer un sencillo ejercicio con las manos, al final del cual, los que quedaran con las manos entrelazadas tendrían que subir al escenario, porque ellos sí podían ser hipnotizados. Yo estaba con un grupo de amigos en una de las primeras filas del teatro. Ninguna de sus manos quedaron juntas; las mías tampoco. Pero yo actué como si estuvieran pegadas. A coro, todos mis amigos, animosamente, me dijeron: «Sube, Clare, que te va a hipnotizar». Yo subí al escenario con unas 30 personas más. Formamos una fila horizontal mirando hacia el público. El hipnotizador se paraba delante de cada uno de nosotros y, con la palma de su mano, tocaba cada una de nuestras frentes rápidamente, diciendo con voz grave: «¡Relájate!». Yo veía cómo algunos se caían encima de una silla que estaba preparada para esa gran caída detrás de ellos. A los que no se caían, el hipnotizador les mandaba regresar a sus sitios mientras la audiencia les daba un aplauso compasivo, ya que ellos no podían ser hipnotizados. Llegó mi turno. Me hizo exactamente lo mismo que había hecho a los demás, y me «caí» encima de la silla que tenía detrás. «Estoy totalmente consciente –pensé– no me siento hipnotizada». Efectivamente… Es que no estaba hipnotizada. A la cuenta de tres, el hipnotizador nos dijo que teníamos que abrir nuestros ojos y que estaríamos todavía bajo el efecto de no sé qué. De espaldas al público, nos decía mientras guiñaba el ojo: «Bueno, ya sabéis lo que tenéis que hacer». Ninguno de los que estaban en el escenario estaba hipnotizado; o bien eran actores, o era gente como yo capaz de seguir el juego al «insigne hipnotizador».

La audiencia, como me había pasado a mí en otras ocasiones, creía totalmente que todos estábamos hipnotizados. El apogeo del show llegó al final cuando «don Relájate» dijo que iba a dar a cada uno de los hipnotizados un regalo. Era un duende que solo nosotros podríamos «ver y tocar», nadie más. Este duende estaría con nosotros hasta las doce del mediodía del día siguiente. Al bajar del escenario la gente me rodeó preguntándome cosas sobre el duende: « ¿Qué ropa lleva?, ¿tiene barba?, ¿cómo se llama?, ¿me está mirando ahora mismo?...» Todos me creyeron. Me fui a mi casa con el duende «Dominic» y fui al instituto también con él. Los profesores, hasta los más estrictos e inflexibles, terminaron tragándose el cuento.

Unos años después, yo estaba en casa con mi familia y unas amigas. Allí estábamos todos metidos en la cocina, como buenos irlandeses, bebiendo té mientras teníamos conversaciones que empezaban por la frase: « ¿Os acordáis de aquella vez que…?» seguida de una carcajada general y de palmetazos en las rodillas. Ya que todos estábamos de tan buen humor, dije: « ¿Os acordáis de cuando yo actué como si estuviera hipnotizada y tuviera un duende?». Todos me miraron. Silencio total. « ¿Os acordáis?», repetí con una risa nerviosa. «No, no. Tú tenías un duende de verdad, lo que pasa es que, como estabas hipnotizada, ahora no te acuerdas… Pero sí, sí, lo tenías en la palma de la mano». Y todos empezaron a hablar a la vez convenciéndome de que era así.

Cuento esta historia porque, cuando yo supe que Dios me estaba llamando a la vida religiosa, nadie podía creerse que Dios llamara una chica como yo. Según muchos, era imposible que yo pudiera tener vocación, pero, sin embargo, sí que podía tener un duende. El escritor Chesterton dijo: «Cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa». ¡Tremenda frase! ¡Triste realidad! Dios puede llamar a quien quiera, como quiera, donde quiera… Y, ¿por qué? Porque es Dios. Nuestro fundador, en una poesía que escribió titulada « ¿Por qué a mí?», dice: «No preguntaré ya más por qué a mí, simplemente reconoceré tu libertad y daré gracias sin parar».

Sin sitio para Dios

mapa de irlanda

La verdad es que nunca pensé en ser monja. Miles de otras cosas sí pero… monja, ¡jamás! Soy de una pequeña pero muy valiosa ciudad del Norte de Irlanda llamada Derry.  Por razones políticas hay una gran división en el Norte entre protestantes y católicos. Cuando vivía en mi país este conflicto y discordia se podían palpar claramente. Siempre he vivido en una zona y en una familia predominantemente nacionalista, luchamos por una Irlanda libre que consistía en una ruptura radical con Gran Bretaña. Quizás es por el hecho de venir de una familia y un entorno tan radical y guerrero que yo siempre he sido muy «todo o nada». Aunque éramos católicos nunca hemos sido fervientes. Recibí los sacramentos de bautismo, comunión, confirmación, confesión pero nunca entendí (tampoco tenía mucho interés) lo que estaba recibiendo.

Sí me acuerdo cuando tenía unos siete años ir a la iglesia con mi madre y con mis hermanitas. Era cuaresma, todas las imágenes estaban cubiertas con telas moradas. Subimos al coro y desde allí vimos el Vía Crucis proyectado sobre una tela blanca en la zona del presbiterio. Mientras ponían imágenes de la pasión del Señor, la música de fondo decía «Jesús, acuérdate de mí cuando llegas a tu reino». Aunque era muy pequeña todo lo que veía y oía me tocaba profundamente, y lloraba porque no entendía porque trataban a «este hombre» así.

Una “cabra loca”

A los 7 años

Desde muy pequeña, animada por mis profesores, empecé a recitar poesías en el feis (son festivales tradicionales en Irlanda donde recitan poesías, cantan, hacen baile irlandés...). También empecé a cantar en un coro y escribir historias. Posiblemente por las incitaciones de mis profesores y que en mi familia me decían que yo era una «elementa», me vino el pensamiento de que yo quería hacer algo muy grande con mi vida. Yo quería ser actriz, y no cualquier actriz sino ¡una actriz famosa!

Cuando tenía catorce años vi en el periódico un anuncio que decía algo así más o menos: «Para actores aspirantes que sueñan con un día llegar a la gran pantalla, este taller es tu oportunidad para ganar experiencia y consejo para poder trabajar en la televisión y el cine». Asistí al taller y gracias al éxito de aquello empecé a formar parte de una agencia de actores. Tuve mi primer trabajo en la televisión en el canal cuatro de Inglaterra con quince años, luego tuve algunos otros trabajitos como presentadora en la televisión y cuando tenía dieciocho tuve un pequeño papel en una película. Me encantaba el teatro, tanto hacerlo como escribirlo, leerlo y dirigirlo. Mi meta era Hollywood…en serio. ¿Por qué no podía ser así? Además la quiromante que leyó las cartas a mi madre decía que sería así. (ejem, ejem) 

Yo era un poco (o un mucho) «cabra loca». En el tema de los estudios no iba mal, pero estar allí metidos en el instituto seis horas diarias me parecía descabellado. Las únicas asignaturas que me apasionaban eran literatura y teatro. Mi formación como católica romana era pésima a pesar de haber recibido educación en una escuela e instituto católico. 

Unas amigas de mi clase atendieron un retiro para jóvenes que duraba un fin de semana. Cuando volvieron del retiro no hacían nada más que hablar sobre ello. Para tener un seguimiento con los jóvenes que fueron al retiro, se formó un grupo juvenil que se reunía todos los domingos. Varias veces me habían invitado a uno de estos retiros y al final fui a uno. No me acuerdo mucho de aquello pero hay una cosa que sí se me ha quedado. Tuvimos adoración del Santísimo (yo no tenía ni idea lo que era eso). El Santísimo estaba expuesto en el altar y debajo de la custodia había un cuadro grande de Jesús que ponía: «Jesús, Nuestro Salvador», y me acuerdo estar pensando: « ¿el mismo que está en el cuadro está en la custodia también?, ¿me está mirando?, ¿me está escuchando?». Creo que fue en el silencio de aquel pequeño oratorio cuando por primera vez fui consciente de que Jesús me quería decir algo. Como hice muchos amigos en el retiro me invitaron al grupo los domingos.  Después de un tiempo me pidieron dar charlitas y ser monitora de grupo en los siguientes retiros. Yo seguía bastante «verde» en el ámbito religioso. La verdad es que no sé de qué han sido mis charlas o el testimonio que he dado porque realmente no tenía nada que decir. Tenía muchas ganas de vivir, de realizar mi ideal y mi meta pero Dios no formaba una parte central de mi vida para nada.

En el mundo del teatro y de la televisión

Hermana Clare con amigas de jóven

Hna. Clare (izqu.) con sus amigas

Lamentablemente, a una edad muy joven empecé a salir a fiestas y discotecas, y a meterme en el ambiente que todo este mundillo arrolla. Fumaba y bebía. El tema del alcohol luego llegó a ser un problema para mí, y me era inviable vivir sin un paquete de cigarrillos.

Cuando tenía dieciséis años y ya había hecho algunos trabajitos en la televisión empecé a experimentar un vacío que no entendía lo que estaba pasando dentro de mí. «Eso de ser presentadora no es para mí» pensé y llegue a declinar una oferta de trabajo para un canal conocido: Nickelodeon. Por esta época una amiga mía me llamó por teléfono invitándome a ir España. Que era un viaje gratis, que no sé quién lo había pagado para que los jóvenes tengan la buena experiencia que él había tenido y no sé cuántas cosas más. Mientras ella me hablaba yo sólo pensaba: «España, gratis, sol, playa, fiesta… ¡Claro que voy!» Yo sinceramente pensaba que íbamos a ir a una islita turística como Ibiza, pero este viaje resultó ser un encuentro de Semana Santa en un pueblito de España donde no había nada de playa, ni de sol, ni de fiesta ni nada de nada (con todos mis respetos: ¡Viva Priego!). El hombre que pagó por mi billete – por cierto, estoy inmensamente agradecida ya que por su generosidad estoy aquí- conoció el Hogar de la Madre el año anterior cuando él asistió al encuentro de Semana Santa. Se quedó impresionado y quería llevar jóvenes allí para que tuvieran la misma experiencia. La verdad es que no sé por qué pensaron en mí ya que era muy superficial y cabra loca de las montañas. Cuando me enteré que iba a ser un encuentro de Semana Santa y que iba a ser en un monasterio con monjas y sacerdotes, por supuesto no me hizo ni pizca de gracia, pero tenía que ir porque mi nombre estaba en el billete de avión.

Un viaje gratis a España

Hermana Clare con amigas de jovén

Hna. Clare con sus amigas

Aterrizamos en España ¡Olé, olé! Gracias a Dios, en el grupo con quien había venido había personas estupendas, entre ellos un hombre que me ayudó mucho, Paddy Mc Connell. Siempre he admirado a Paddy porque me parecía un hombre que creía y vivía en lo que estaba diciendo o cantando. Tenía mucho carisma con los jóvenes y era un hombre de una fe muy tangible, un hombre de Dios. 

¿Qué vas a hacer por mí?

2003 Priego Semana Santa HM (20)

El monasterio donde se celebró la semana santa de 2000

Me acuerdo que durante este encuentro de Semana Santa con el Hogar había charlas de formación, reuniones por equipos, oración, misa…yo sólo iba a las cosas donde sabía que si no iba lo iban a notar, por ejemplo en las reuniones por grupos. Allí conocí al Padre Rafael Alonso, nuestro fundador, él justo estaba en mi grupo. Todas las chicas en mi grupo hablaban de las maravillas de la Eucaristía (que creo que era el tema del encuentro) y cuando me preguntaron a mí que qué pensaba, quité el cigarrillo de mi boca y pregunté que qué era la Eucaristía. Cuando me explicaron lo que era, no experimenté ninguna iluminación de la fe, simplemente respondí con un: «Ah» estática.

La cruz que la Hna. Clare besó

La cruz que besó la hna. Clare

Llegó el día de Viernes Santo. Asistí a los oficios de este día con una actitud totalmente pasiva. Llegó un momento en el que todos los que estaban en la iglesia se pusieron en fila en el pasillo central para la adoración de la cruz. Yo veía que algunos hacían la genuflexión y después besaban los pies de Jesús clavado en la cruz. Era la primera vez que veía algo así. Yo también me puse en la fila, no movida por ningún impulso piadoso ni ferviente, simplemente lo hice porque es lo que tocaba hacer. Cuando llegó mi turno, me puse de rodillas y besé los pies de Jesús. Aquel sencillo acto no duró más de unos diez segundos, besar la cruz… algo aparentemente trivial tuvo un impacto muy fuerte dentro de mí. Tertuliano escribió que «en la acción de Dios no hay nada que desconcierte la mente humana como la desproporción entre la sencillez de los medios usados y la grandiosidad de los efectos obtenidos». Yo no sé explicar exactamente lo que pasó, no vi ningún coro de ángeles ni vi ninguna paloma blanca que venía desde el techo hacia mí, pero tuve la certeza de que por mí el Señor estaba en la cruz y junto con esta convicción, me acompañó un vivo dolor algo similar a lo que había experimentado de pequeña cuando hacía el Vía Crucis. Al regresar a mi banco, yo ya tenía una huella dentro que no tenía antes. Yo tenía que hacer algo por Él, que había dado su vida por mí.

Aunque recibí esta gracia tan grande no es que enseguida empecé hacer penitencia y cambiar de vida. Todo lo que uno dice a Jesús cuando ha recibido una gracia fuerte sea en un retiro, en una peregrinación, en un encuentro, todo esto que le decimos incluso con lágrimas cuando estamos «encima del monte Tabor», también lo tenemos que recordar, volverlo a decir y vivirlo cuando «bajamos del monte», cuando volvemos a nuestra vida cotidiana, a nuestro ambiente. Decía santa Edith Stein: «El Crucificado entonces nos mira y nos pregunta si aún seguimos dispuestas a mantenernos fieles a lo que prometimos en una hora de gracia».

Quiero que vivas como ellas

roma2000

La Hna. Clare en la peregrinación de 2000.

En este encuentro de Semana Santa el Padre me invitó a ir con los jóvenes del Hogar a la Jornada Mundial de la Juventud en Roma, era el año 2000. Yo acepté aunque no sabía muy bien ni quién era Juan Pablo II ni qué era una Jornada Mundial de la Juventud. Fue en esta peregrinación por Italia donde la inconfundible voz de Dios me volvió a hablar muy dentro de mí. Confieso que no viví muy bien el viaje, me atraían más la tiendas de Italia que las iglesias y catedrales. Pero, ¿no es verdad que el Buen Pastor dejó las noventa y nueve ovejas para ir a buscar la oveja despistada? Pues lo mismito hizo conmigo, me buscó hasta que encontró el momento oportuno para decirme: «Quiero que tú vivas como ellas».  «Ellas» eran las hermanas, y vivir «como ellas» significaba ¡ser monja! Subía el volumen de la música que estaba escuchando en el autobús, quizá así no podía oír nada y podía olvidar lo que Dios me estaba pidiendo. El Señor no compitió con mi música. No me gritó, simplemente me repetía la misma frase. Empecé a pensar en todo lo que tendría que dejar: mis sueños, las fiestas, mi novio… la lista parecía interminable y por supuesto esto fue seguido de un: «yo no puedo vivir esta vida, para mi es imposible, etc.». Sin embargo el Señor me aseguró que si Él pide algo, siempre da la gracia y la fuerza para vivirlo. Una pregunta frecuente de los jóvenes es: «¿cómo se sabe si tienes vocación?» Uso aquí las palabras de Madre Teresa de Calcuta cuando le preguntaron la misma cosa: «Cuando una chica ha experimentado la llamada, ella lo sabe, igual no sabe cómo explicarlo, pero lo sabe». Y así era.

¿Por qué me sigues hiriendo?

Al regresar a mi país seguía viviendo como antes (sí señores y señoras…) «con el peso de mis miserias volví a caer en estas cosas terrenas y a ser reabsorbido por las cosas acostumbradas, quedando cautivo en ellas» (San Agustín). Sin embargo nunca podía olvidarme de la hermanas. Me parecía absurdo, allí estaba yo siempre rodeada de gente, de fiesta en fiesta, metida en todo el mundo de teatro y no podía dejar de pensar en las monjas. Poco a poco también todo lo que antes pensaba que me hacía feliz, perdía valor para mí y experimenté el tremendo peso del vacío.

Una noche cuando estaba de fiesta con mis amigos el Señor me dijo: «¿Por qué me sigues hiriendo?» Yo entendí que mi manera de vivir y mi falta de respuesta a lo que el Señor me estaba pidiendo me hacían mucho daño a mí misma y a Dios también. No fue hasta que fui a Inglaterra a grabar la película, que experimenté de una manera muy profunda la gran cavidad que había en mi alma. A pesar de estar con gente famosa, comer en restaurantes costosos, quedar en hoteles de no sé cuántas estrellas, realmente sentí que en mis manos tenía todo, y a la misma vez que yo era una pobre miserable que no tenía nada. Todo lo que yo pensaba que me iba a hacer feliz y libre me ataba y me engañaba. Fue entonces que dije a Dios: «¡Se acabó!, la paz que yo he encontrado contigo y en el Hogar no la encuentro en ningún otro sitio; yo tengo que dar este paso y es ahora o nunca». Ciertamente es verdad lo que dijo San Buenaventura: «Voluntas Dei, Pax nostri», la voluntad de Dios es nuestra paz.

¡Voy a ser monja!

perpetuos peq

Hna. Clare en sus votos perpetuos

Creo que ya pueden imaginar la reacción de todo el mundo cuando yo les decía que tenía vocación y que quería dejar todo para entregarme al Señor por completo…« ¡Tú estás loca!» Allí empezó otro tipo de película, pero lo importante es que yo sabía con una fuerza que no venía de mí lo que tenía que hacer. Años después cuando un primo mío me vio ya vestida con el hábito y a punto de hacer mis votos perpetuos me dijo: «Clare, yo te conocía antes de ser monja, y verte ahora así…solo puedo decir o que tú estás loca o que Dios realmente existe» En Isaías 55: 8 dice: «Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice el Señor». Dios sabe lo que hace, nosotros sólo tenemos que fiarnos de él.

Felizmente consagrada

HnaClare 10

La vocación religiosa es un don tan grande que realmente confunde a la persona elegida. Dios fija su mirada en una pobre alma para vivir con y en ella y así ayudarle a salvar el mundo. Esto sí es una locura, pero ¡bendita locura! Nosotros sí estaríamos locos de no responder a lo que Dios pide de cada uno de nosotros, porque lo que Él pide siempre es lo mejor. Hemos sido creados para cosas grandes no para la comodidad. Termino con unas palabras que el Papa Benedicto XVI dirigió con mucho ardor y viveza a los jóvenes en su primera misa como Sucesor de Pedro: 

« ¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo –si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a Él–, miedo de que Él pueda quitarnos algo de nuestra vida? ¿Acaso no tenemos miedo de renunciar a algo grande, único, que hace la vida más bella? ¿No corremos el riesgo de encontrarnos luego en la angustia y vernos privados de la libertad?». Y todavía el Papa quería decir: «¡No! quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande».       

Doy fe de ello. ¡Viva el Señor!  ¡Viva la Virgen!  ¡Viva el Papa! Y…...¡Vivan las monjas!

A ustedes les toca decir: ¡Que vivan!                                                                               

Hna. Clare María de la Trinidad y del Corazón de María

Ver testimonio de la Hna. Clare en la JMJ 2011.

hna clare sonriente

Semana Santa del año 2000. La Iglesia celebra el Gran Jubileo del nacimiento de Cristo. A un encuentro de oración con el Hogar de la Madre había llegado una joven irlandesa de 17 años. Parecía tan alegre como superficial. Buscaba sol y chicos en España, y se encontró con un grupo de personas que celebraba con toda intensidad la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

Clare Crockett, que así se llamaba la joven irlandesa, no estaba preparada para eso. Desde la infancia acariciaba el sueño de llegar a ser una estrella del cine mundial y estaba trabajando duro para conseguirlo. Sabía que tenía cualidades para ello: un gran talento artístico, una preciosa voz, un aspecto físico atractivo y una personalidad arrolladora. Con solo 15 años la habían contratado ya como presentadora de programas juveniles de televisión en el Canal 4 –uno de los más importantes del Reino Unido– y, a los 17, se había interesado por ella el Canal Nickelodeon.

Los primeros días del encuentro de Semana Santa se los pasó tomando el sol y fumando. El Viernes Santo alguien la dijo: «Clare, hoy sí que tienes que entrar en la capilla. Hoy es Viernes Santo». Clare entró en la capilla, pero se quedó en el último banco. Como tantos adolescentes de nuestras parroquias. Pero, durante la liturgia del Viernes Santo, los fieles se acercan al presbiterio para adorar y besar la cruz. Clare se unió. Y ese sencillo gesto, supuso un antes y un después en su vida. Cuando terminó el acto, una hermana la encontró llorando mientras repetía: «Él murió por mí. ¡Me ama!... ¿Por qué nadie me ha dicho eso antes?». Clare había comprendido cuánto la amaba el Señor y cuánto había hecho Él por ella. Y comprendió que «el amor solo con amor se paga», y que el amor que el Señor la pedía, suponía entregarle todo.

biografia de chica 320

No fue fácil dar el paso. De regreso a Irlanda participó como actriz secundaria en el rodaje de «Sunday», dirigida por Charles McDougall. Y volvió a entrar en la vorágine de superficialidad y pecado que el mundo del cine le ofrecía. Ella misma lo expresó así: «Vivía mal, vivía en pecado mortal. Bebía mucho, fumaba mucho, empecé a fumar drogas. Seguía con mis amigas, con mi novio. Seguía igual. No tenía la fuerza de cortar con todo eso. Pero claro, no tenía la fuerza porque no le pedía al Señor que me ayudara».

Pero el Señor insistía en «perseguirla». Una noche de fiesta se excedió de nuevo con el alcohol y, cuando estaba vomitando en el servicio de una discoteca, experimentó que Jesús que le decía: «¿Por qué sigues hiriéndome?» La presencia de Dios era tan fuerte que no podía ignorarla. Poco después, estaba en la habitación de un importante hotel de Londres mientras leía el horario para las grabaciones del día siguiente. Experimentó un vacío tan grande que comprendió que su vida no tenía sentido si no se la entregaba a Jesucristo. Ni los ruegos de su familia, ni las promesas de su manager consiguieron detenerla. El 11 de agosto de 2001 entregó su vida a Dios como candidata de las Siervas del Hogar de la Madre.

Clare tenía que cambiar muchas cosas en su vida. El difícil ambiente de su ciudad natal, Derry —con sus sangrientas luchas por la independencia de Irlanda del Norte del gobierno del Reino Unido— habían herido profundamente su corazón, y fue lo primero que hubo que sanar. Pero Clare se había rendido ante la verdad del inmenso amor de Jesucristo hacia ella y ya nada la detendría en su carrera. El fundador del Hogar de la Madre, el P. Rafael Alonso, recuerda: «Había sido criada en un ambiente de odio y de violencia. Y tenía que pasar de la violencia al amor, a la serenidad y a la paz. Eso no se hace de un día para otro. Como tampoco se hace de un día para otro la conversión de una mujer que tenía sus ilusiones puestas en ser una actriz famosa de Hollywood». Y ella mismo explicó: «Al principio tenía la tentación de mirar para atrás y decir: “Lo quiero otra vez”. Pero entendí que yo había encontrado un amor más grande».

biografia de candi 320

Tras los años de candidatado y noviciado, profesó el 11 de febrero de 2006. Durante los ejercicios de mes que hizo durante tiempo del noviciado, recibió la gracia de comprender en primera persona eso que el Señor le dijo un día a Santa Catalina de Siena: «Yo soy el todo y tú eres la nada». Fue algo que la transformó interiormente y la ayudó —a medida que iba madurando humana y espiritualmente— a poner al servicio del Señor y de la evangelización todos los dones de los que estaba dotada, que no eran pocos. Así, se fue convirtiendo en un instrumento cada vez más dócil en las manos del Señor.

Todavía muy joven y con muchas cosas por aprender llegó a su primer destino, nuestra casa de Belmonte, en Cuenca (España). Aquí las Siervas del Hogar de la Madre dirigimos una residencia para niñas y jóvenes que proceden de familias con dificultades. Es un trabajo difícil porque, en muchos de los casos, las niñas llegan a nosotras tras haber sufrido situaciones familiares que las han marcado dolorosamente. La Hna. Clare comenzó aquí a poner de manifiesto el don tan especial que tenía para llegar a las almas de los niños y jóvenes, para mostrarles la verdad, para enseñarles a amar al Señor, para guiarles en su personal proceso de curación interior de las heridas que cada uno arrastra. Su celo por las almas, especialmente de los jóvenes, era inmenso. La Hna. Isabel Cuesta recuerda: «Lamentaba el tiempo en el que había estado sujeta a la mentira y, en ese sentido, ella hablaba muy claro a los jóvenes. Tenía mucho celo por revelarles la verdad y por desvanecer las mentiras que les llevaban a perder la fe, a perder la gracia, a perder la pureza». Y la Hna. Karen María McMahon completa: «Cuando veía pecado, decía “no”. Era muy clara. Muy clara. Uno podría pensar que las chicas se asustarían o que dirían: “Es demasiado intensa, qué exagerada”. Pero, al contrario, siempre se reunían alrededor suyo cuando tenían oportunidad. No era porque ella buscaba ser el centro, sino porque era una luz para ellas».

La Hna. Clare estuvo solo unos meses en esa casa, pero los superiores pudieron ya percibir que había asumido muy profundamente los criterios y el estilo de las siervas. Por eso, comprendieron que podían enviarla, junto con otras tres hermanas, a la comunidad que debía abrirse en EEUU, en la ciudad de Jacksonville (Florida) en el mes de junio de 2006. Era la única hermana que era de lengua madre inglesa, y eso supuso que tuviera que asumir mucha responsabilidad. Las hermanas trabajan allí al servicio pastoral de la Parroquia de la Asunción y de su escuela parroquial, además de colaborar en varias parroquias más, con sus correspondientes colegios parroquiales.

biografia 320

Han pasado más de diez años desde que la Hna. Clare estuvo en Jacksonville y es impresionante comprobar cómo la «marca» que dejó en los que entonces eran sus «niños de catequesis». Por ejemplo, Kaitlyn Manson tenía tan solo seis años cuando conoció a la Hna. Clare, pero recuerda que, cuando la Hna. Clare les llevaba a la capilla del Santísimo, les decía: «Escuchad lo que Jesús os quiere decir. Por supuesto que podéis hablarle, pero aseguraos de que le escucháis». El párroco de la Asunción, el P. Fred Parke, explica: «Los niños captaban el entusiasmo que ella tenía por la Eucaristía. Ella rezumaba entusiasmo por el Señor. Y, una vez que habías estado con ella, sabías que tenías que adquirir ese entusiasmo. Era muy pegadizo».

El 8 de septiembre de 2010, la Hna. Clare regresó de EEUU para hacer sus votos perpetuos. Tenía que haber vuelto a EEUU después, pero un problema con su visado la dejó en tierra. Un cambio de planes en el que actuaba, sin duda, la mano del Señor.

Al margen de esta circunstancia de la imposibilidad de volar a los EEUU, los votos perpetuos de la Hna. Clare son una fecha a señalar porque, varias hermanas que fueron superioras suyas, coinciden en afirmar que los votos perpetuos marcaron un antes y un después en la vida espiritual de la Hna. Clare. Fue destinada a la comunidad que las Siervas del Hogar de la Madre estaban abriendo en Valencia (España). Su superiora, la Hna. Isabel Cuesta, recuerda: «La Hna. Clare acababa de hacer sus votos perpetuos. Se había dado totalmente al Señor y su manera de vivirlo era hacerlo todo con toda su alma. (…) Había una imagen que la Hna. Clare usaba mucho y que le ayudaba a poner cada día su vida en las manos de Dios. Era la imagen del “cheque en blanco”. Cada día le ofrecía al Señor un cheque en blanco, para que Él le pudiera pedir todo lo que quisiera».

biografia 320 1

Hna. Clare (izqu.) con la Hna. Isabel Cuesta

En Valencia la actividad fundamental de la Hna. Clare fue la atención espiritual a los enfermos terminales y crónicos del Hospital de Mislata. Era un apostolado muy difícil y que suponía un continuo olvido de sí misma para comprender el corazón de cada enfermo, y para guiarlo en esa última y definitiva etapa de su vida. Los frutos de conversión que consiguió en enfermos terminales aquejados de SIDA o con fuertes trastornos mentales merecerían un artículo entero.

En el año 2011, la Hna. Clare volvió de nuevo a Belmonte, el primer destino que había tenido apenas recién salida del noviciado. Su superiora fue esta vez la Hna. Ana Mª Lapeña que define acertadísimamente la «espiritualidad» de la Hna. Clare: «Darlo todo con un gran sentido del humor». La Hna. Ana Mª todavía se admira de la obediencia de la Hna. Clare, hasta el punto de afirmar: «Todavía no sé qué cosas le gustaba hacer y qué cosas no. ¡Nunca lo pude notar! Y no solamente que cuando yo le pedía algo su respuesta era siempre: “¡¡pues claro!!”, sino que ella estaba siempre observando a ver qué necesidades había para ofrecerse». «Al final de ese año yo pensé: “Quiero aprender a obedecer así”».

Podría parecer que a la Hna. Clare no le costaba estar siempre alegre y disponible, pero, a las luchas personales que todos tenemos, en ella se unía un plus de sacrificio. Lo cuenta la Hna. Ana Mª Lapeña, pero lo refieren muchas otras hermanas que han vivido con ella: «Nadie lo notaba, pero ella tenía migrañas con mucha frecuencia. Yo lo descubrí la primera vez porque me la encontré en el baño vomitando. Pero me dijo: “No es nada, hermana, que hay mucho trabajo. No pasa nada”. Tú la podías ver cantando, tocando la guitarra, jugando… y yo sabía que tenía una migraña».

biografia ecuadorHKelly320

En octubre de 2012 la Hna. Clare recibió un nuevo destino, Ecuador. Se incorporó a la recién fundada comunidad de Guayaquil, donde las Siervas del Hogar de la Madre llevaban solo un año y todo estaba todavía a medio hacer. Las hermanas dan clase de religión y de inglés en varios colegios, algunos en zonas muy pobres, y desarrollan una gran labor parroquial y de evangelización de niños y jóvenes, haciendo retiros, campamentos, convivencias, reuniones semanales… Un intensísimo ritmo de trabajo al que se unía el calor agotador de esas tierras y el desgaste por las diversas enfermedades tropicales que padeció. Ella mismo dio testimonio de la disposición con la que llegó a Ecuador: «Cuando llegué a Ecuador, estábamos escuchando un audio de la vida de san Juan Pablo II y, en uno de sus viajes apostólicos, le preguntaron: “Santidad, ¿está usted cansado?” Y él respondió: “La verdad es que no lo sé”. Yo me acuerdo que era mi primera semana aquí, en Ecuador, y yo quería usar esa frase como mi lema, mi manera de vivir aquí. A veces te cansas. ¡Por supuesto que el trabajo cansa! Pero, aunque esté cansada, espero no hacerme la víctima y seguir entregándome».

La Hna. Mercedes Ramos nos cuenta un pequeño detalle que nos hace entender de qué manera se entregó la Hna. Clare en este último periodo de su vida: «Terminas las clases agotada. Realmente es agotador por el calor y por el esfuerzo continuo de elevar la voz, de controlar a los cuarenta niños... A la hora del recreo, lo que una quería hacer era llegar y tomarse un vaso de agua, descansar un poquito. Pues era sorprendente cómo, la Hna. Clare, la mayoría de los recreos se los pasaba en el patio jugando con niños».

Dos años después, en 2014, fue destinada a otra comunidad dentro del mismo Ecuador, Playa Prieta. En Playa Prieta las Siervas del Hogar de la Madre dirigen la Unidad Educativa «Sagrada Familia», una escuela donde niños y niñas de bajos recursos económicos pueden acceder a una educación católica y de calidad gracias a la ayuda de becas sostenidas con la ayuda de muchos benefactores. Pero no es lo único que las hermanas hacen en Playa Prieta. Tras la intensa jornada de clases y actividades escolares, las hermanas encuentran tiempo todavía para la labor parroquial y para la atención a numerosas familias pobres, que son asistidas gracias al apoyo de los Grupos Misioneros del Hogar de la Madre. Por eso, bajo el sol o bajo las lluvias torrenciales, las hermanas visitan las humildes casitas de esa zona rural. Localizan las necesidades fundamentales y entregan a Jesucristo y la esperanza en la vida eterna, al tiempo que reparten canastas de comida, medicinas o dan solución a otros muchos problemas materiales.

biografia ninos ecuador 320

Hna. Clare con unos niños

Varias veces al año, las comunidades de Siervos y Siervas del Hogar de la Madre junto con grupos de jóvenes, entraban en la selva preamazónica, en el Puyo, en el Oriente ecuatoriano, para evangelizar a sus habitantes. También la Hna. Clare caminó durante horas por esos senderos impracticables, con el barro por las rodillas y cruzando a pie los afluentes del Amazonas, con el agua por el pecho, hasta llegar a los humildes poblados de los indígenas shuar, los antaño tan temidos «jíbaros». Los shuar viven en pequeñas comunidades de no más de treinta personas. Cultivan la tierra con métodos ancestrales y viven en una gran pobreza. En las chozas de los poblados no hay más que un suelo de tierra y la cazuela donde se cocina la «chicha»: bebida preparada con yuca que se mastica y deja fermentar. A veces las hermanas han llegado a poblados donde nunca antes había sido predicado el Evangelio, o donde aún se practica la poligamia. Pero incluso los que habían recibido en alguna ocasión la visita de algún sacerdote y habían sido bautizados, lo desconocían casi todo sobre su fe.

Todos recuerdan a la Hna. Clare siempre abrazada a su guitarra, su gran aliada en la evangelización de grandes y chicos. Y la recuerdan cantando y cantando, hasta quedar sin voz, y aun así seguir cantando, a pesar del calor, del cansancio y las migrañas. Su forma de cantar era un reflejo de su forma de vivir. La Hna. Kelly María Pezo recuerda: «Cuando cantaba se notaba que así era como vivía. Cantaba con todas sus ganas, con todas sus fuerzas, hasta quedar afónica. Y para mí eso es una imagen de cómo vivió. Ella vivió entregándose hasta desgastarse, hasta quedar sin voz, pero en su vida. Decía: “Es que no puedo cantar bajito, no me sale”. Y eso es reflejo de su vida, no podía hacer las cosas a medias. Cuando ella hacía algo lo hacía a tope, lo hacía con todas sus ganas, sin guardarse nada. Cuando cantaba no se guardaba nada, y cuando vivía no se guardaba nada».

Pero a pesar del bullicio y la alegría que siempre había a su alrededor, a medida que los años pasaban, crecía en la Hna. Clare la necesidad de silencio y de buscar tiempos para estar a solas con el Señor.

2biografia nino ecuador 320

Hna. Clare con un niño en Ecuador

Para las hermanas era evidente de qué manera se estaba desgastando la Hna. Clare. La Hna. Mary Donovan tuvo la oportunidad de encontrarla en las Navidades de 2015, después de un tiempo sin verla. Se quedó muy impresionada: «Llevaba bastante tiempo sin ver a la Hna. Clare. Al reencontrarla me pareció muy cambiada, hasta el punto de que recuerdo haber pensado: “Dios mío, se ha entregado totalmente aquí”. Su cara y su voz estaban totalmente gastadas por todo el trabajo y apostolado». A la Hna. Clare todo le parecía poco por Cristo. Lo demuestra este fragmento del e-mail que dirigió al P. Rafael el 8 de abril de 2015, en el que decía: «Aunque el Viernes Santo es un día triste, no sé explicar la alegría y el deseo entusiasmado que tengo de sufrir por el Señor. Todo me parece poco: la falta de sueño, el ayuno, el calor, el tener que atender a la gente… Todo lo que puede costar me llena de alegría, porque me hace estar cerca del Señor. (…) Estuve un buen rato delante de la cruz pidiendo la gracia de nunca, nunca olvidar todo lo que el Señor y la Virgen han sufrido por mí».

El terremoto que acabo con la vida de la Hna. Clare y de las otras cinco jóvenes aspirantes a Siervas del Hogar de la Madre: Mª Augusta, Mayra, Jazmina, Valeria y Catalina, comenzó a las 18:58 del sábado 16 de abril de 2016. Las hermanas habían tenido una semana muy dura a causa de las fuertes inundaciones que días atrás había sufrido Playa Prieta. En cuestión de quince minutos el agua enlodada les llegaba ya por encima de la cintura. Faltaban apenas dos semanas para el inicio del curso escolar en el hemisferio sur y se encontraban con el colegio en un estado de desastre total: todas las aulas inundadas, las paredes recién pintadas destrozadas por el agua, lo mismo que sillas, mesas, puertas y una gran cantidad de material didáctico que no habían tenido tiempo de rescatar. Por eso, en cuanto el nivel del agua empezó a bajar, se habían puesto a limpiar y tratar de arreglar ese desastre. Trabajaban con alegría y generosidad. El trabajo era duro porque el agua, al irse, dejaba a su paso varios palmos de lodo. Y estaban preocupadas también de tantas familias pobres que lo habían perdido todo, o casi todo, a causa de las inundaciones. Estaban en una situación extrema ante la que reaccionaron con una gran entrega. Contemplando los hechos a posteriori, parece que el Señor las estaba preparando.

Cuando comenzó el terremoto, hacía poco que habían regresado de Misa en la parroquia del pueblo. Era ya de noche, porque en Ecuador poco después de las seis de la tarde ya es noche cerrada. En la casa había once personas: cuatro hermanas y siete chicas. Estaban divididas en dos grupos. Las tres hermanas y dos chicas que fueron rescatadas vivas estaban en la zona de la vivienda de las hermanas, en el segundo piso. La hna. Clare con el grupo de jóvenes fallecidas estaban en el primer piso. Habían tenido una clase de guitarra y estaban a punto de reunirse todas para rezar el rosario en comunidad. No hubo tiempo. Ese día, en la comida, la conversación había girado precisamente en torno al tema de la muerte. La Hna. Clare dijo con mucha seguridad: «Yo no le tengo miedo a la muerte. ¿Por qué voy a tener miedo a la muerte, si me voy a ir con Aquel con el que siempre he anhelado estar toda mi vida?»

biografia ecuador 320

Hna. Clare en Playa Prieta

Para su comunidad de Siervas del Hogar de la Madre fueron momentos muy dolorosos, pero nuestra sorpresa fue descubrir que nos dolía su pérdida, pero que su recuerdo nos llenaba de alegría. La siguiente sorpresa fue encontrar que muchísima gente nos escribía de forma espontánea para decirnos el bien que les estaba haciendo la Hna. Clare. Muchos eran amigos y conocidos, pero otros muchos —y eso era algo aún más sorprendente— eran desconocidos que nos hablaban de descubrirla vida de la Hna. Clare les estaba moviendo a la conversión, al descubrimiento de su vocación, a la aceptación de una vocación que había sido rechazada, al crecimiento y renovación espiritual… incluso gracias más especiales… Hay cosas muy impresionantes. Y hay una nota común muy característica en los mensajes que recibimos, y es que muchos describen a la Hna. Clare como «su amiga». Aún sin haberla conocido. Es «su amiga».

Tras su muerte, comenzamos a publicar recuerdos, breves escritos, agradecimientos que nos iban llegando… Y pronto una idea loca se nos cruzó por la mente: ¿por qué no hacer una película sobre su vida? La Fundación EUK Mamie-HM Televisión comenzó a grabar testimonios y a recoger todo el material que se pudo recuperar. De ahí nació: «O todo o nada: Hna. Clare Crockett», una película-documental con la que esperamos que, a través de la vida de la Hna. Clare, se siga anunciando el amor del Dios que cambió la vida de la Hna. Clare.

Buscar

Newsletter mensual

Elegir idioma

  1. Valeria
  2. María Augusta
  3. Jazmina
  4. Mayra
  5. Catalina




«¿Qué más puedo hacer
por ti, Señor?»

instantanea valeria
 




«Sí, por la Virgen
hago lo que sea»

instantanea m augusta
 




«Yo sé que la Virgen
me quiere mucho»

instantaneas jazmina
 




«Dejé mis miedos y
me decidí por lo mejor»

instantanea mayra
 



«Voy a cambiar,
voy a dejar
esta vida que llevo»

instantanea catalina
 

Escríbenos

Si tienes algún recuerdo o has recibido algún favor de la hna. Clare o de alguna de las 5 candidatas fallecidas en el terremoto de Ecuador, así como fotos o vídeos, te rogamos que nos lo mandes enviando un e-mail a: hermanaclare@hogardelamadre.org

Por favor, no olvides indicar de dónde eres, sobre quién es la historia que nos cuentas y cómo la conociste.