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Cuando era pequeñaja

En lugar de preparar nuestra lista de Navidad este año, vamos a preparar nuestros corazones para que así Nuestro Señor pueda nacer allí también. Estoy segura que éste es el mejor regalo que podemos hacerle por su cumpleaños.

La Hna. Clare escribía regularmente para la revista HM Zoom+ en una sección que llevaba por título «Cuando yo era pequeñaja». Las historias que contaba eran más o menos inventadas, pero las contaba en primera persona, como si realmente le hubieran sucedido durante su infancia. Y así, entre bromas y ocurrencias, dejaba en los corazones de los niños muy buenas enseñanzas. Como esta que les presentamos, en la que la Hna. Clare se presenta a sí misma con todos los defectos con que muchos niños viven la Navidad normalmente, para guiarles hacia cómo debe vivir un niño cristiano la Navidad. Léanlo. No lo solo los niños, también los que ya no somos niños tenemos mucho que aprender de la Hna. Clare y sus consejos para tener una ¡¡Feliz Navidad!!

Recuerdo estar sentada en el sofá de mi comedor con mis dos hermanas. Yo tenía unos ocho años, mi hermana Shauna seis y mi otra hermana, Megan, tres. Estábamos allí sentadas, cada una con un trozo de papel en el que ponía: «Cosas que queremos de Santa Claus». Era septiembre. Cada una buscaba en el catálogo, escogiendo al menos tres cosas de cada página. Tenía 500 páginas.

Mi hermana Megan no sabía escribir aún e intentaba dibujar lo que quería. Mi hermana Shauna parecía que estaba escribiendo una novela. Y yo decidí cortar los dibujos del catálogo y pegarlos en mi hoja. Parecía que estaba haciendo mi propio catálogo.

Cuando yo era pequeñaja

Cuando le enseñamos a mi madre una de las listas de Navidad, no sabemos por qué, pero se quedó pálida. Dijo algo así como: «¿Sabéis que Santa Claus no es millonario?». Nosotras pensábamos que sí. Así es que todos los días, después del colegio y de hacer nuestros deberes, continuábamos añadiendo cosas a nuestra lista y, en el calendario, con un rotulador rojo, íbamos tachando los días de la semana muy contentas, porque sabíamos que estábamos un día más cerca de Navidad.

La Navidad era nuestra época favorita del año, porque podíamos comer todo el chocolate que quisiéramos, podíamos ponernos nuestros nuevos vestidos y además teníamos montones de regalos.

Mi otra fecha favorita del año era el día de mi cumpleaños, justo antes de Navidad y comíamos una gran tarta. En ese día todos mis amigos venían a mi casa, hacíamos juegos y pasábamos un buen rato.

Pero ese año fue diferente. Iba a cumplir nueve años y mi madre había planeado una fiesta sorpresa. Así que cuando me levanté por la mañana no encontré ninguna tarjeta de felicitación, ni regalos de cumpleaños. Nadie me dijo: «Feliz cumpleaños» y, cada vez que mi hermana Shauna me miraba, parecía que se reía. Quizá estaba equivocada, pensé y puede que sea mañana mi cumpleaños. Pero no, el calendario decía que era hoy. Mi madre, viendo que estaba triste y un poco confundida dijo: «¡Feliz cumpleaños!». Pero eso fue todo. Fui al colegio. Mis amigos tampoco me dijeron nada.

Cuando yo era pequeñaja

Chicos y chicas, no sabéis lo triste que me sentí. Todo el mundo se había olvidado de mi cumpleaños. Cuando terminó la clase todos mis amigos se fueron rápidamente. Ni siquiera me dijeron adiós. Comencé a llorar. Nadie recordaba mi cumpleaños. Cuando volví a casa y abrí la puerta todos mis amigos y mi familia gritaron: «¡Feliz cumpleaños!». ¡¡¡Se habían acordado!!! ¡Qué contenta estaba!

Pero, os estaréis preguntando, ¿por qué estoy contando esto? En septiembre, mis hermanas y yo empezamos a preparar la Navidad, pero por razones equivocadas. Queríamos que llegase Navidad para recibir regalos. ¡Qué tontas éramos! En Navidad recibimos el mayor, el mejor, el más bonito de los regalos siempre, un regalo que no podemos envolverlo en una caja. ¡Navidad, el 25 de diciembre, es el día que Jesús, Nuestro Salvador nace! Y ¿qué hacemos los chicos y las chicas? Nos olvidamos de que es el día de su cumpleaños y solo pensamos en nosotros mismos. ¡Nos olvidamos del Niño Jesús! Fíjate lo triste que me sentí aquel año cuando pensé que mi familia y amigos se habían olvidado de mi cumpleaños. Y todos los años, Nuestro Señor Jesús se tiene que sentir así, porque todo el mundo se olvida de Él.

En lugar de preparar nuestra lista de Navidad este año, vamos a preparar nuestros corazones para que así Nuestro Señor pueda nacer allí también. Estoy segura que éste es el mejor regalo que podemos hacerle por su cumpleaños.

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