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Clare y Sara

Hna. Sara Lozano:  Doy gracias al Señor por haberla tenido como hermana y por el tiempo que pasé con ella. He recibido mucho de ella. 

La Hna. Sara Lozano, SHM, coincidió con la Hna. Clare en los primeros años de ambas como Siervas del Hogar de la Madre. Destaca de su connovicia que «la Hna. Clare amaba su patria, a su familia y a las Siervas, tenía un gran celo apostólico y te alegraba la vida con su presencia».

Mis primeros recuerdos de la Hna. Clare son de los encuentros de Semana Santa en los que participó cuando solo tenía 17 y 18 años. Yo era una chica de su edad (nos llevamos solo dos meses) y recuerdo que me impresionó su personalidad tan abierta. ¡Parecía no tener vergüenza de nada! Hablaba en público, cantaba con su grupo de Derry...  Como yo era muy tímida, me impresionaba su desenvoltura para tratar con toda naturalidad con el P. Rafael Alonso, fundador del Hogar de la Madre, y con las hermanas, sin conocerles apenas. También la recuerdo en la peregrinación de 2000 a Roma para ganar el Jubileo. Se puede decir que Clare era un «elemento», un «ciclón», un «personaje» que no se sabía por dónde saldría.

Clare y Sara

Lo siguiente que recuerdo es cuando fui con el P. Rafael y otra candidata en el coche a recogerla del aeropuerto. Yo acababa de entrar de candidata y ella venía para entrar. Pasé dos años viviendo en la «casita» con ella y con otras candidatas y chicas. Con la Hna. Clare siempre se estaba a gusto. Ella alegraba mucho la vida con sus comentarios chistosos. Me asombraba su ingenio en este punto. Inventó una canción para animar a las chicas que teníamos que volver a la universidad después del fin de semana, algo que nos costaba horrores; otra canción sobre la vida de una candidata; y en todo lo que inventaba sabía hacernos partícipes a las demás, era siempre una interpretación en equipo. También solía animar nuestras procesiones con la Virgen por toda la casa. De hecho, es posible que esta iniciativa fuera idea suya. En este tiempo creo que se santificó mucho con el trabajo de construcción de la casa de las hermanas. También de ello hizo una canción. El estudio no era su fuerte, ni tenía mucha formación religiosa, por lo que inventó una musiquilla para recordar  y aprender de memoria los Diez Mandamientos. También tuvo que hacer una buena ascesis para cambiar criterios que había recibido en su ambiente y que ella sabía no eran según lo que Jesús nos pide, por ejemplo el «amor a los enemigos».

Novicias

Nos volvimos a «encontrar» en el noviciado, donde compartimos más de un año. Coincidí con ella dos veces sirviendo a los ancianos de Priego y era graciosísimo ver cómo los trataba. Una vez tuvo que preparar un momento de oración y recuerdo que después se disculpó porque parecía una letanía, pero a mí me encantó. Era al estilo de las «Alabanzas del Dios Altísimo» de San Francisco de Asís, como una enamorada que no deja de ensalzar la grandezas de su Amado. Hubo algunos libros que le impresionaron. Uno de ellos era de San Josemaría Escrivá, y me citó una frase que le había impresionado y que a mí se me quedó grabada: «Señor, Tú eres quien eres: la Suma Bondad. Y yo soy quien soy: el último trapo sucio de este mundo podrido. Pero Tú me miras, me buscas, me amas». 

Ciertamente, una chispa se nos fue cuando se incorporó a la comunidad donde estaba destinada después del noviciado. Recuerdo que, algunas semanas después, oí al Padre comentar, no recuerdo sus palabras exactas, pero era algo así como que la Hna. Clare estaba siendo verdaderamente una religiosa en toda regla.

Coincidí con ella unos meses en Estados Unidos, en la parroquia y colegio de la Asunción (julio-agosto 2007). Aquí pude experimentar yo misma su celo por las almas. Se preocupaba por elegir libros de religión que transmitieran fielmente la doctrina de la Iglesia. Estaba atenta a cada alumno y a cada profesor, especialmente a su bien espiritual, sin miedo a denunciar alguna situación o actuación que no fuera del agrado de Dios. En esto era muy valiente. No soportaba que «el mundo» se metiese en el colegio. No estaba de acuerdo en que se celebrase Halloween porque no es una fiesta cristiana. Y también le preocupaba que la música que se ponía en el colegio fuera adecuada y no mundana.

H Clare y H Sara

En los últimos años no he coincidido mucho con la Hna. Clare, pero doy gracias al Señor por haberla tenido como hermana y por el tiempo que pasé con ella. He recibido mucho de ella. Como conclusión puedo decir que la Hna. Clare amaba su patria, a su familia y a las Siervas, tenía un gran celo apostólico y te alegraba la vida con su presencia. El Señor hizo grandes cosas en ella y creo que verdaderamente supo transmitir la presencia de Nuestra Madre. A pesar de tener esa personalidad tan «llamativa», creo que el Señor y Nuestra Madre hicieron su obra en ella de forma escondida, de modo que, sin que nos diéramos cuenta, ya estaba preparada para el Cielo. Después de su muerte asistí con asombro al despliegue de los medios de comunicación religiosos y profanos para cubrir la noticia y transmitir algo de su vida. Tampoco yo pude evitar pensar en la «monja famosa» y en cómo el Señor estaba realizándolo «a Su modo».

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