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Hna. Beatriz Liaño, España:

Hermana BeatrizMe impresiona la fidelidad con que respondió a las gracias que el Señor le concedía.

Hna Beatriz Liaño, SHM, es de Cantabria (España) y entró en las Siervas el 1 de noviembre de 1992.

HnaClare peregrinacion Italia

Hna. Clare en la peregrinación a Roma en 2000

Mi primer recuerdo de la hna. Clare es el de esa famosa Semana Santa del año 2000, cuando aterrizó por primera vez en España para participar de nuestro Encuentro de Semana Santa. La verdad es que pintas de llegar a ser monja no tenía. Ni siquiera pintas de ser demasiado fervorosa, porque ciertamente no lo era. Por eso me llamó tanto la atención cuando en la última asamblea anunció públicamente que quería ser Sierva. Todos los que estábamos allí estallamos en carcajadas, claro, porque como además era cómica en sí misma, era lo mínimo que podía pasar, que nos riéramos. Creo que el único que la tomó en serio y comprendió que realmente el Señor la estaba llamando, fue Padre Rafael. ¡Gracias a Dios! Ella cogió el micrófono y dijo aquellas frases “célebres”: “Yo quería ser una actriz famosa, pero ahora también quiero ser monja… A lo mejor puedo ser una monja famosa”. El Padre la respondió al vuelo: “Clare, si quieres ser una monja famosa, tendrás que ser humilde”. Es decir, si quieres ser una monja “conocida”, tendrás que ser una monja santa.

Me sorprendió que volviera ese verano, para la peregrinación a Roma para la JMJ del 2000. Pero más me sorprendió que el verano siguiente, año 2001, volviera para quedarse como Sierva. Ella entró de candidata el 11 de agosto de 2001. Ese curso 2001-2002, yo estuve destinada en Zurita. Recuerdo que un par de meses después de su entrada, quizás era el mes de octubre, estábamos teniendo nuestra reunión de comunidad con el P. Rafael antes de la misa de la tarde. Vivíamos todavía en la casa pequeña de Zurita. La llamaron por teléfono y salió para atender la llamada. El teléfono estaba en el recibidor, así que sentíamos sus respuestas detrás de la puerta. Parecía tener una tensa conversación con alguien. Cuando entró se la veía exultante. Como era tan expresiva, todo su ser manifestaba que algo importante había pasado. El Padre no pudo menos que interrumpir la reunión para preguntarla. Ella explicó que la llamada era de su manager que le había insistido en que volviera a Irlanda porque tenía para ella un papel en una película, la decía que no fuera tonta, que era una oportunidad única, que esta vez no era un papel secundario – como en la anterior película en la que había participado- sino un papel de cierta relevancia, que ya había tenido su momento de hacerse la interesante, que volviera. Tras el relato todos la miramos expectantes, hasta que el Padre se atrevió a preguntarla: “¿Y qué vas a hacer?” Ella le miró sorprendida por la pregunta y le contestó: “Ya le he dicho a mi manager que no vuelvo, pero… ¡déjeme disfrutar este momento dos minutos antes de olvidarlo para siempre!”

Me consta que el manager continuó llamándola, tratando de convencerla para que volviera… Hasta que él mismo se convenció de que la decisión de la hna. Clare era inquebrantable. Es sorprendente de qué manera tocó el Señor el corazón de la hna. Clare para que una “oferta” así no se convirtiera en una tentación que la derrumbara. Era tan joven, hacía tan poco que había conocido al Señor, las promesas eran tan deslumbradoras… Me impresiona la fidelidad con que respondió a las gracias que el Señor le concedía.

Ese curso, su primer año de Sierva, me impresionaba ver la sensibilidad tan grande que tenía para las cosas de Dios. Ella que no había tenido nunca una auténtica formación religiosa, se convirtió en una esponja que absorbía y hacía suyo todo lo que escuchaba sobre el Señor. Cuando coincidíamos en las conversaciones en la mesa o situaciones similares, me impresionaba escucharla hablar y ver cómo crecía en ella el conocimiento y la experiencia de Dios.

HnaClare Jacksonville

Hna. Clare y Hna. Beatriz en E.E.U.U.

Por ese tiempo, HM Televisión estaba dando sus primeros pasos. Recuerdo una vez en Barcenilla que ella le pidió al Padre poder trabajar en HM Televisión, pero delante de las cámaras, actuando para el Señor. El Padre callaba y no le prometía nada. Ella insistió, y le hizo una demostración al Padre de lo que era capaz de hacer. Realmente era impresionante el talento artístico que tenía: podía hacerte reír hasta hacerte caer de la silla, o podía conmoverte hasta que las lágrimas corrieran por tus mejillas. El Padre la explicó que, de momento, no quería verla entre las cámaras ni siquiera para “cosas buenas” hasta no verla purificada de muchos apegos, para que el don que tenía no fuera un peligro para su vocación de Sierva. Les recuerdo mirándose a los ojos fijamente mientras el Padre hablaba y una hermana traducía para la hna. Clare que aún no hablaba español. Recuerdo la expresión de la hna. Clare, que comprendió al Padre perfectamente. Realmente supo purificarse de sus deseos de fama mundana y de todas sus vanidades, y poner al servicio del Señor, al servicio de la salvación de las almas todos sus talentos artísticos. 

Pasamos varios años sin coincidir mucho, porque yo estaba en Roma y ella en EEUU, aunque a veces coincidíamos en verano en nuestra casa de Zurita. La volví a ver en 2009, en Jacksonville, en un viaje en el que acompañé al Padre y a la Madre a visitar a las comunidades de EEUU y Ecuador. Recuerdo una tarde en concreto: el Padre y la Madre con dos hermanas de la comunidad, estaban hablando con algunas chicas que habían pedido la entrada a las Siervas. Por otro lado, se había reunido en casa un numeroso grupo de chicas. La superiora de la comunidad me dijo que avisara a la hna. Clare que reuniera a las chicas y tuviera una reunión con ellas. Fui a avisarla. Cuando se lo dije, por fracciones de segundo se turbó su mirada. Me di cuenta de que tenía una fuerte migraña y que pensar en ponerse al frente de un grupo de más de treinta chicas y guiar una reunión que no había ni siquiera preparado, la suponía un esfuerzo enorme. Pero ya digo, fueron fracciones de segundo. Al momento se rehízo, llamó a las chicas, y comenzó la reunión como si tal cosa. Yo, que no hablo inglés, no podía ayudarla porque ni siquiera la entendía. Pero era evidente que estaba haciendo bien a las chicas, que ni se dieron cuenta del estado en que estaba la hermana.

Hna-Clare-JMJ

Hna. Clare en la JMJ Madrid

El siguiente recuerdo importante fue en la JMJ de Madrid 2011. Yo era la responsable de la peregrinación, ayudada por un equipo de diez hermanas, al frente de unas 120 chicas de varias nacionalidades e idiomas distintos. Teníamos muchísimo jaleo. No era fácil porque a muchas de esas chicas no las conocíamos y tampoco ellas nos conocían. A algunas les resultaba difícil entrar en el ritmo de la peregrinación, porque habían venido buscando otra cosa, y ese Madrid hasta la bandera de jóvenes no facilitaba que nos hiciéramos con el grupo. Todas las hermanas trabajaron muchísimo sirviendo a las jóvenes y tratando de que la experiencia les hiciera el mayor bien posible a nivel espiritual. La mayor parte de los problemas procedían de un grupo de chicas que venía de EEUU. Como yo no hablo inglés, me sentía muy limitada a la hora de intervenir directamente. La hna. Clare en esa situación hizo una labor importantísima con las chicas. Me impresionaba el “ojo” que tenía con ellas, enseguida calaba a las chicas y localizaba los problemas. Sabía qué cosas podía y debía solucionar ella sin marearme a mi -que tenía que atender a mil cosas-, pero sabía al tiempo tenerme informada de todo lo que yo necesitaba saber. Y sabía también en qué cosas debía hacerme intervenir a mi, contando con su ayuda como traductora. Hablaba a las chicas con fuerza cuando tenía que hacerlo, pero luego estaba siempre entre ellas, riendo y bromeando, animando las veladas que organizábamos al anochecer, procurando conocerlas y ganárselas para poder luego ganarlas para Cristo. 

La última vez que la vi, en octubre de 2012, yo estaba a punto de ser ingresada en el hospital para ser operada y ella estaba a punto de marchar a Ecuador. En la misma semana coincidían las dos cosas. La noche antes de mi ingreso, junto con las demás hermanas, organizó una “fiesta” llena de cariño para mi. La recuerdo disfrazada de no sé qué cosa, junto con otras hermanas. Habían hecho una canción divertidísima con la historia de un camello que me iban a regalar para que me llevara a cuestas cuando saliera del hospital. Pasamos un rato estupendo. Era uno de sus grandes servicios que hacía a la comunidad: con su ingenio y sus bromas sabía crear un ambiente buenísimo. Quien la conociera solo superficialmente, seguramente diría: “Claro, como tiene ese carácter… siempre está haciendo bromas”. Ciertamente, tenía un carácter alegre y bromista, y un don para hace reír. Pero no basta solo un buen carácter para estar siempre alegre y gastando bromas. Para mantenerse en esa disposición un año tras otro, los quince años que compartimos con ella, después de un día de trabajo agotador lo mismo que en medio de una migraña, con sus propias luchas internas, sus momentos de tentación… no basta solo un buen carácter, es necesario también mucho olvido de sí misma, mucho sacrificio escondido, mucha entrega a los demás, una caridad enorme… Esa misma noche en la que yo estaba a punto de ser ingresada, ella estaba a punto de irse a Ecuador. Supongo que esa noche ella tenía también sus miedos y sus preocupaciones. Partía hacia un país donde no se le ocultaban los sacrificios que le esperaban, un país donde el calor es asfixiante, las enfermedades tropicales son frecuentes, donde la violencia genera situaciones de inseguridad ciudadana… No hizo el más mínimo comentario sobre sí misma y se volcó en acompañarme a mi en ese momento de enfermedad.

 

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