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Hna. Kristen Gardner, Estados Unidos:

hermanakristenLa Hna. Kristen Gardner vivió muchas cosas con la Hna. Clare. En esta primera parte de sus recuerdos, nos cuenta cómo conoció a la Hna. Clare y sus primeras impresiones sobre ella.

La Hna. Kristen es de Ohio (Estados Unidos) y entró en las Siervas en el año 2002. Actualmente está en la comunidad de Roma (Italia).

arbol

La Hna. Kristen con la Hna. Clare
en el verano de 2001 en Barcenilla (España).

El primer recuerdo que tengo de la Hna. Clare es de la Semana Santa de 2000, cuando ella conoció el Hogar. Era también mi primer Encuentro de Semana Santa. Aunque éramos pocas personas de habla inglesa en el Encuentro, no la conocí hasta que el día en que salió delante de todos para decir que quería ser una monja famosa. Yo tenía entonces trece años, a punto de cumplir catorce, y ella tenía diecisiete. Sin embargo, en la Semana Santa del año siguiente sí que tuvimos bastante más trato. Estábamos en la misma habitación, con otras muchas chicas, ya que era una habitación grande con muchas literas. Recuerdo que, en un momento dado, seguramente durante una charla, yo estaba tumbada en la cama leyendo a Sherlock Holmes. Ella entró y me preguntó si quería bajar a tomar un té con ella. Tenía un acento cerrado de Irlanda del Norte, que pasaron al menos cinco minutos hasta que llegué a entender qué quería decir. Terminamos riéndonos mucho. A ella se le salieron los ojos cuando respondí negativamente a su propuesta, ya que no me gustaba el té y no había tomado uno en toda mi vida. Recuerdo también su saludo típico: “What’s the crack?”, que quería decir: “¿Qué tal?”, y cómo se reía las primeras veces por mi cara de susto, ya que yo pensaba que me estaba ofreciendo droga o algo así.

Después del encuentro, subí con ella en la misma furgoneta a Santander, ya que íbamos a pasar unos días con las hermanas. En el viaje nos contó todas sus luchas con la vocación, lo que le había costado ser fiel al volver a casa a todo lo que había vivido en España y en la peregrinación de Italia. Comentó cómo su familia no la creía y no la animaba, y muchas otras cosas. Durante todo el viaje, me fue surgiendo el deseo de animarla y ayudarla en su vocación. Tenía la convicción de que tenía que rezar por ella, y rezar mucho. Ella tenía todo en su contra, pero era evidente que el Señor la estaba llamando y, como ella estaba tan abierta y dispuesta a hacer su voluntad, Él le daría la fuerza para volver.

Yo regresé a España ese verano, el 18 de junio de 2001. Ella había llegado un poco antes. Ya hablaba de que iba a entrar como candidata el día 11 de agosto, en la fiesta de Sta. Clara. Recuerdo sus luchas por dejar de fumar. Sabía que para el 11 de agosto tenía que haberlo dejado del todo, pero eso no significaba que fuera fácil y que, de un instante para otro, lo pudiera dejar. 

Hicimos un viaje rápido a Lourdes a finales de junio. El Padre Rafael decidió llevar a las novicias de segundo año, que iban a hacer sus primeros votos el día 2 de julio. Como había sitios libres en los coches, nos invitaron a las chicas que estábamos allí a unirnos a ellas. Paramos en una gasolinera para desayunar. Las hermanas sacaron los vasos de plástico, el pan, la leche… Tenían de todo. Cuando terminamos de desayunar nos pusimos a recoger, pero… ¿dónde estaba Clare? De pronto, descubrimos que estaba a unos metros de distancia de nuestras furgonetas, hablando con un señor que acababa de llegar con su coche. El hombre tenía una caja de cigarrillos en las manos. Y sí, Clare estaba pidiéndole un cigarrillo. A ella ya no le quedaba ninguno y, al verle fumar, la tentación había sido demasiado grande. Varias chicas nos acercamos corriendo para pedir al hombre que no le diera el cigarrillo. A este señor le hizo mucha gracia la situación. La verdad es que era cómico. Primero, como le había pedido la Hna. Clare el cigarrillo, a base de gestos y de unas pocas palabras en español. Y, segundo, que nos acercásemos tan rápido para insistirle - en inglés y repetidamente - que no se lo diera. El hombre – riéndose - se lo dio, mientras todas gritamos: “¡¡¡Nooooo!!!” Pero Clare no tuvo ningún problema y pidió al hombre que se lo encendiera con su mechero y se lo fumó allí delante de nosotras. 

chica sonriendo

La Hna. Clare de candidata.

Cuento esto porque aquí porque permite ver la lucha tan grande que tuvo que enfrentar y, aunque no siempre tuvo la fuerza, para cortar con todo de golpe, al final la tuvo y lo hizo. Desde el día en que entró de candidata, no volvió a fumar. Sería fácil pensar que al ir a España para hacerse monja, Dios la iba a dar una gracia impresionante para que lo dejara todo sin ningún esfuerzo... No fue así. Tuvo una lucha muy grande.

Después al llegar a Lourdes, mi amiga Sarah y yo, le compramos unos caramelos de menta que llevaban la imagen de la Virgen grabada, para ayudarle a tener algo en la boca y que así le fuera más fácil dejar de fumar.

Con frecuencia, el Padre Rafael le pedía hacer alguna actuación. Había dos actuaciones típicas que solía hacer, que eran las que había hecho para castings de películas y programas de televisión. En la primera, imitaba a una mujer desequilibrada que estaba sola en una celda. Era impresionante ver cómo cambiaba su cara y sus gestos de un segundo a otro: de una mirada vacía a una risa histérica incontrolada. En la segunda actuación, imitaba a la esposa de un borracho cuando él llegaba a casa, borracho como siempre. Ella “discutía” con él, le gritaba y hasta recibía alguna bofetada. Eran impresionantes sus talentos.

Yo estaba en ese tiempo luchando con mi propia vocación. Su valentía para dejarlo todo me ayudó. En mi caso, lo que más me costaba era pensar que, si me hacia Sierva, no iba a poder utilizar todos los dones que Dios me había dado. Pero, al ver cómo Dios le había pedido a Clare dejar sus dones de actriz y toda su carrera para ser Sierva, ¿cómo no me iba a poder pedir dejar mis propios talentos? Su ejemplo me ayudó. 

He podido comprobar, tanto en su caso como en el mío, que el Señor nos pidió entregarle todos nuestros talentos para poder después ponerlos a su servicio de otra manera. Pero nos pidió inmolarlos primero. 

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