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Katherin con las hermanas

Katherin:  Al hablarme, simplemente con decirme algunas palabras ya cambiaba cosas en mí sin yo darme cuenta. Me ayudaba mucho, y eso no me pasa con muchas personas.

Katherin fue alumna de la Hna. Clare en la Unidad Educativa Sagrada Familia de Playa Prieta (Ecuador) cuando ella tenía 13 años. También pidió a la Hna. Clare ser su guía espiritual y la ayudó mucho en su vida de fe.

Tengo 19 años y vivo en San Gabriel. Conocí a la Hna. Clare en octavo de básica, cuando ella vino a sustituir a la Hna. Ruth, como profesora de inglés. La veía todos los días en el colegio. También los sábados cuando venía a Misa y en el grupo.

Yo describiría a la Hna. Clare como una persona muy entregada. Creo que podrías pasar todo el día con ella y no te aburrirías. Incluso con los alumnos, me daba cuenta que, no solamente se fijaba en lo superficial -en sus notas, que si conversaba con una amiguita en clase o no- sino que se fijaba también mucho en su vida interior.

La sentía como a una amiga y una madre, porque siempre estaba ahí corrigiéndome, dándome ánimos para no rendirme… Al hablarme, simplemente con decirme algunas palabras ya cambiaba cosas en mí sin yo darme cuenta. Me ayudaba mucho, y eso no me pasa con muchas personas. Cuando una persona me habla, tengo que analizar y pensar si me convence, y luego ver si hago lo que ella me ha dicho. En cambio, con la Hna. Clare no era así. Simplemente con escucharla, ya algo en ti cambiaba.

Cuando íbamos a los círculos los domingos, siempre iniciábamos con la oración. Y yo siempre llegaba tarde y ya estaban en la capilla cantando. Y la Hna. Clare… ¡cómo cantaba! Era única. La voz le salía del alma. Cantaba canciones con letra muy profunda.

Creo que nunca he conocido a una persona así: tan alegre, tan divertida… y que al mismo tiempo demostrara que llevaba a Dios en su corazón. 

Vi mucho en ella la virtud de la paciencia. Cuando estábamos en noveno, mi curso era muy desagradable, nadie quería estar con nosotros. Y la Hna. Clare era la que estaba ahí.  Todo el mundo quería que llegara su hora de inglés. Recuerdo que a nosotros no nos gustaban dos horas de clase de la misma materia. Y con ella, en cambio, siempre las estábamos esperando. Siempre.

También destacó mucho en ella, la caridad, el amor hacia las almas.
Se le notaba muchísimo en los recreos… Los chicos más rebeldes siempre intentaban buscarla y contarle sus cosas, y ella siempre les daba la solución. Siempre, siempre.
También, los domingos, después de los círculos, jugábamos al fútbol. Era la única hermana que siempre estaba ahí jugando con nosotras, haciéndonos reír.
Éramos pequeñas y tal vez no había mucha diversión. Pero siempre estaba ahí. Siempre.

Yo no sabía que ella sufría de migrañas. Y siempre, siempre, estaba con una sonrisa. Siempre la veía feliz. Obviamente habrá ciertas ocasiones en donde estaba enojada, porque alguien le hacía enojar. Pero casi siempre estaba sonriendo. Siempre estaba haciendo reír a los demás, sacándole una sonrisa.

Una vez la Hna. Clare se había enterado algo de mí que era falso. Se lo habían dicho y ella lo creyó. Y yo me enojé mucho, porque eso era mentira y ella prefirió creer a las otras personas antes que a mí. Entonces, por la tarde, después del colegio, fui a casa de las hermanas, toqué el timbre, y justamente salió ella.

Y, yo creo que cualquier otra persona, al ejercer algún cargo superior o al ser hermana o profesora, no hubiera aceptado su error, pero ella sí. Ella se dio cuenta que lo que la gente le había dicho era mentira. Y lo aceptó… y eso me llenó porque ella, siendo hermana, se dio cuenta de que también se podía equivocar, se dio cuenta de su pequeñez y lo reconoció. Y ahí me dio una frasecita que decía: «Confío» y una imagen de la Virgen. (…)

Recuerdo una vez, que entré a la capilla por la tarde y ella estaba ahí arrodillada. Y, ¡con qué fervor se la veía ahí rezando! (…) Por fuera está muy alegre, muy despierta, muy viva… y allí en la capilla era como… otra Hna. Clare. (…)

La última cosa que voy a decir es, que, estoy segurísima de que ella sí está en el cielo.

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