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Courtney con la Hna. Clare

Courtney McHale:  Parecía tener la verdadera comprensión de la humildad que todos buscamos, que no es una desestimación de nuestros dones, sino el celo de usarlos para los propósitos de Dios. Era muy divertido estar con la Hna. Clare, porque utilizaba su talento para actuar y contar historias con la intención de captar nuestros corazones y llevarlos hacia Dios.

Courtney McHale conoció a la Hna. Clare cuando tenía 16 años en una peregrinación a los santuarios de los mártires de América del Norte y Canadá en 2008. Depués acudió también a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid en 2011, donde volvió a coincidir con la Hna. Clare. Comparte en este testimonio una bella descripción de la personalidad de la Hna. Clare y su total donación al Señor.

Conocí a la Hna. Clare cuando yo tenía dieciséis años, en una peregrinación que hicimos con una furgoneta llena de chicas, destino a Nueva York y Canadá. Después, cuando yo tenía diecinueve años, pasé tres semanas con ella durante la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011.

¡Las primeras palabras que me vienen a la cabeza cuando pienso en la Hna. Clare son «alegre» y «sierva»! La Hna. Clare siempre estaba pendiente de los demás. Era muy desinteresada y no temía utilizar todos sus dones para la gloria de Dios. Esto realmente me llamó la atención. Parecía tener la verdadera comprensión de la humildad que todos buscamos, que no es una desestimación de nuestros dones, sino el celo de usarlos para los propósitos de Dios. Era muy divertido estar con la Hna. Clare, porque utilizaba su talento para actuar y contar historias con la intención de captar nuestros corazones y llevarlos hacia Dios. Tenía una cualidad magnética. Recuerdo que todos los jóvenes querían estar cerca de ella y escuchar lo que tenía que decir. En un momento dado nos hacía reír a carcajadas y, al siguiente, nos hablaba de una profunda verdad espiritual que escuchábamos con toda atención. Había algo muy simple, pero muy profundo, en ella y en su forma de hablarnos.

Siempre me impresionó el modo en que la Hna. Clare vivía su vida, con tanta certeza y celo. Estaba entregada a Dios, a su vocación y a su trabajo de tocar las almas y llevarlas al Cielo. Nos animaba a jugárnoslo todo. Muy a menudo, refiriéndose a recibir las mociones del Espíritu Santo, decía: «¡Hazlo!». Tampoco tenía miedo de sufrir. En esto fue un ejemplo para mí. A menudo tenía migrañas debilitantes, pero nunca lo sabías porque siempre desviaba la atención sobre sí misma. Recuerdo que, cuando yo estaba en el instituto, me impresionó mucho su ejemplo de sufrimiento alegre.

¡La Hna. Clare demostró tantas virtudes heroicas! Su alegría era sin duda ejemplar. Su obediencia también me llamaba la atención. Durante las peregrinaciones con ella, fui testigo de momentos en los que se le pedía que hiciera cosas que iban en contra de la comodidad humana, pero ella no dudaba un instante y abrazaba la obediencia cada vez, sin dejar traslucir si estaba disgustada de alguna manera. La Hna. Clare era ejemplarmente rápida en pasar a la acción cuando el Padre u otra de las hermanas le pedía algo. Asumía con entusiasmo un papel de profunda humildad, como si se viera a sí misma como la niña más pequeña de la familia del Hogar de la Madre. Cuando hablaba sobre su conversión y su pasado, lo hacía de manera que no glorificaba el glamour de una vida popular y mundana. Me parecía que valoraba tan profundamente la pureza, que en sus conversaciones y relatos, siempre defendía esta virtud con su forma de hablar. Recuerdo que me admiraba su desprendimiento de la comodidad y de las posesiones materiales. Tenía una verdadera pobreza de espíritu y su sencillez era hermosa. De hecho, la Hna. Clare mostraba que la sencillez no significa aburrimiento, ¡sino libertad y alegría!

Courtney con la Hna. ClareNo recuerdo haber encontrado falta alguna en la Hna. Clare.

Yo diría que estaba en constante unión con Dios o, al menos, deseando estarlo en todo momento. Comprendí, por la paz que transmitía su presencia, que ella era ejemplo de la acción de los frutos del Espíritu, que son un signo seguro de comunión con Dios. Era evidente que su vida de oración era muy fuerte. La observaba en momentos de oración y la admiraba mucho. Estaba enamorada de Jesús, ¡no me cabe duda!

Cuando estaba con ella, escuchándola hablar y viéndola servir, estaba convencida de que era una santa viviente. No era porque pareciera perfecta, sino porque era humana de una manera muy purificada: era lo que un humano debería ser. Era real, auténtica y accesible. Había algo en ella que hacía que quisieras abrirle tu corazón y escuchar sus consejos. Recibir consejos de la Hna. Clare era muy consolador, porque sentía su conexión con Dios, y sentía que Dios la estaba usando de una manera impresionante, como si Dios pudiera tocar mi propio corazón a través de la Hna. Clare. Aunque la Hna. Clare siempre estaba alegre y era ejemplo de una profunda virtud, no estaba en un nivel inalcanzable para el resto de nosotros y nunca tenía un aire que te hiciera sentir que estaba un paso más allá, aunque claramente lo estaba. Más bien vivía con los brazos abiertos de par en par, abrazando a Cristo y abrazando a todo el pueblo de Dios. Sabía caminar con los demás y tenía el don de animar. Tenía tantos dones y, sin embargo, estaba tan claro que esos dones eran de Él y que ella le pertenecía a Él, y nos animaba a cada uno de nosotros a encontrar nuestra identidad en Él solo, como había hecho ella.

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