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P. José Luis Saavedra, SHM, España:

pjoseluisok"Al Señor hay que darle lo mejor que podamos hacer, y eso al Padre le va a gustar".

El P. José Luis Saavedra, S.H.M., es Siervo desde 2001 y fue ordenado sacerdote en 2012. Ha coincidido con la Hna. Clare en varias ocasiones a lo largo de estos años.

Como todos los Siervos, no he tratado apenas a la hermana Clare. Pero sí recuerdo dos pequeñas anécdotas, por el trabajo de la música que en alguna ocasión excepcional he compartido con la hna. Clare. Aquí se las escribo por si sirve de algo.

La primera anécdota es esta:

Cuando el Hogar de la Madre fue aprobado como Asociación Pública Internacional de Fieles por el Pontificio Consejo de Laicos en Roma, como gesto de agradecimiento y de fe, en el Hogar tratamos de preparar una gran celebración. Tres cardenales celebraron sendas Misas de acción de gracias al Señor en diversas Basílicas romanas. La música era importante, y la preparamos del modo más cuidado que pudimos. Los Siervos y las Siervas preparamos, desde nuestras diversas comunidades, las diversas voces de obras polifónicas que luego ensayaríamos juntos en Roma.

No sé si fue allí en Roma donde la Hna. Clare participó en los ensayos. Recuerdo más bien cómo, en los meses siguientes, en las ceremonias de votos y entradas al Noviciado que tuvimos en España, volvimos a preparar algunas de aquellas canciones. Los ensayos eran demasiado pocos y demasiado breves para lo que teníamos que preparar, así que intentábamos aprovechar el tiempo al máximo. Yo solía hacer las veces de director pero, como no teníamos ni piano ni diapasón, y muchas veces ni tenía las mismas hojas de una celebración para otra, ya no recordaba los tonos en que había que coger las canciones. Cuando eso pasaba, nos hacíamos un lío y perdíamos mucho tiempo. Hasta que alguien dijo que la hna. Clare sí que se acordaría de los tonos. A partir de ese día se acabó el problema. Y cada vez que afrontábamos una nueva obra de aquellas complicadas polifonías, yo hacía siempre lo mismo: "A ver, hna. Clare, ¿nos puede dar la nota, por favor?" A veces debimos llegar a ser más de treinta personas cantando, y nadie sabía los tonos de las canciones. Pero ella sí, por un talento poco común que tenía para la música. Es lo que se llama técnicamente "oído absoluto" y que tienen muy pocas personas. Generalmente estas personas son muy versada en música y con muchos estudios. Creo que ella no los tenía, pero su oído era fuera de lo común. A ella no le gustaba para nada aquella repetida pregunta que yo le hacía y que la ponía en el centro de todas las miradas. Me di cuenta solo alguna vez, por algún suspiro que se le escapaba. Pero enseguida se reponía y sin pestañear, haciendo un esfuerzo para ser dócil, rápidamente daba la nota exacta para ayudar a aquellos breves ensayos, y desaparecer otra vez enseguida del centro de atención. Así nos dejaba preparado el tono con que teníamos que empezar la siguiente canción. Siempre acertaba con la nota.

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Cantado en Tierra Santa

La segunda anécdota tuvo lugar en Tierra Santa:

En el viaje a Tierra Santa que hizo el Hogar de la Madre en 2012 con el P. Rafael Alonso, nuestro fundador, éramos menos personas para trabajar en la música. Esta vez yo era ya sacerdote, por lo que no pude colaborar con la música más que en un par de ocasiones. En una de ellas, quisimos cantar la canción “Getsemaní”, y nos salió bastante mal, con inseguridad y sin recordar la letra. De esas veces que empiezas a tararear con la boca medio cerrada para que otros sigan, y como no seguía nadie, la cosa acaba para reír o llorar. Entonces nos dieron la noticia de que íbamos a poder hacer una Hora Santa en la Basílica de Getsemaní, con nuestro grupo solo en la Basílica, y un paseo por los olivos milenarios entre los que rezó el mismo Señor. Para la música, siendo tan poquitos, empezamos a desanimarnos. El mismo guía nos dijo que no cantásemos aquella canción de Getsemaní que habíamos cantado antes, que nos saldría mal. Fue entonces cuando la hna. Clare se "enfadó". Empezó a preparar las canciones mientras íbamos de camino y aún en la misma puerta de la Basílica, siendo casi los últimos en entrar, nos enseñó a la hna. Kelly Jo y a mí las voces de una canción que tendríamos que cantar ¡a capela!

No iba a haber ni guitarra, porque era una canción muy solemne donde no pegaba guitarra. Pero eso significaba que entre tres personas tendríamos que sostener la canción entera. Era en inglés y decía las palabras de Getsemaní: "Stay here and keep watch with me. Watch and pray" (Quedaos aquí y velad conmigo. Velad y orad). Pero con tan poco ensayo, la hna. Kelly Jo y yo nos sentíamos un tanto inseguros como para cantar solos. Cuando se dio cuenta de nuestra inseguridad, la hna. Clare dijo: “Ok, empiezo yo sola, en la segunda vuelta cantáis vosotros y a la tercera yo hago la otra voz". Esa "otra voz" era de verdad algo complicado, muy alta y con otro ritmo: lo que se llama "a contrapunto". Era muy difícil y yo me di cuenta de que quizá llamaría demasiado la atención aquella canción, como algo quizá demasiado erudito, donde el centro íbamos a ser nosotros en lugar del Señor. Me da pena reconocerlo, pero en ese momento le expresé a la hermana mi preocupación de que quizá al P. Rafael no le gustaría mucho eso, que le iban a parecer "gorgoritos". Entonces ella me dijo algo así como las últimas palabras que dijo al P. Kevin en su despedida en Playa Prieta: "Al Señor hay que darle lo mejor que podamos hacer, y eso al Padre le va a gustar".

Luego, en la adoración - como está claro - las canciones no salieron perfectas, pero nosotros pusimos todo de nuestra parte. Lo que sí hubo fue un verdadero espíritu de oración y el Señor derramó muchas gracias sobre nosotros. El Padre disfrutó mucho aquella Hora Santa. En un momento de la celebración, estando todos entorno a la roca donde oró el Señor, el Padre nos mandó a las Siervas y Siervos poner nuestras cruces de votos perpetuos sobre la roca, como pidiendo al Señor la gracia de que nuestra cruz y nuestra oración estén llenos de la Cruz y la presencia del Señor.

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