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Hna. Annemarie Naiman, EEUU:

h annemarieElla, que se encontraba fatal, fue capaz de olvidarse de sí misma para hablar con la gente.

La Hna. Annemarie Naiman es Sierva del Hogar de la Madre. Conoció a la Hna. Clare cuando era aún una joven estudiante universitaria. Nos ha contado ya muchas cosas de sus recuerdos sobre la Hna. Clare. Hoy comparte con nosotros una anécdota acaecida durante la Jornada Mundial de la Juventud 2011, en Madrid (España). Una vez más, contemplamos el espíritu de sacrificio de la Hna. Clare, su olvido de sí misma y su capacidad de esconder su dolor detrás de una sonrisa y una conversación amena.

En la JMJ 2011

En el autobus durante la JMJ 2011

Otra ocasión de éstas, en las que pude observar el espíritu de sacrificio de la Hna. Clare, fue durante la Jornada Mundial de la Juventud en 2011, en Madrid. En un momento dado a lo largo de esos días, el Papa Benedicto XVI se iba a encontrar con un grupo de religiosas jóvenes en el Monasterio de El Escorial. Todas las novicias (yo era novicia en ese momento) y unas cuantas profesas de las Siervas del Hogar de la Madre, teníamos entrada para el encuentro.

Salimos muy tempranito para coger sitio. Habíamos pensado desayunar allí mientras esperábamos. Había un grupito de hermanas que no tenían entrada. Ellas cogieron algo para desayunar y se fueron a buscar un buen sitio fuera de El Escorial, donde al menos pudieran ver una pantalla y saludar al Papa cuando saliese. Las demás seguimos avanzando.

En la JMJ 2011

Durante la JMJ 2011

En un cierto punto, cuando había que pasar por el control, resultó que la Hna. Clare y yo tampoco teníamos entrada. Éramos las últimas para entrar, estábamos ya separadas del grupo, sin entrada y sin desayuno. Nos dimos la vuelta para buscar un sitio fuera de El Escorial nosotras también, pero no veíamos a las otras hermanas que se habían quedado fuera. Para colmo de males, la Hna. Clare tenía migraña ese día, ¡y las migrañas de la Hna. Clare no eran ninguna broma! Ella no tenía nada de hambre pero, pensando en mí, tuvo la idea de pedir a unas hermanas franciscanas si podían darnos algo de comida. Las observó diciendo: “Ellas saben lo que es mendigar, seguramente nos darán algo”, como de hecho sucedió.

A medida que avanzaba la mañana, su migraña se iba intensificando. Estábamos al sol, en medio de un mar de gente que cantaba y gritaba, con el calor del mes de agosto en Madrid. Había mucha gente sentada esperando el Papa. Nosotras también nos sentamos. Ella tuvo que cerrar los ojos un rato. Siempre pensando en mí, no quiso perder el sitio que teníamos en el que quizás podríamos ver de cerca al Papa. Insistió en sentarse allí mismo, en vez de ir a buscar un sitio a la sombra.

A lo largo de toda la JMJ, mucha gente se acercaba a nosotras para preguntarnos quiénes éramos, de dónde éramos, nuestro carisma, etc. Allí también mucha gente se acercaba a preguntar. Con cada persona que se acercaba, la Hna. Clare se levantaba y hablaba tan alegre y graciosa como siempre. De hecho, hablaba con ellos más que yo. Fue una lección gigante para mí ese día. Ella, que se encontraba fatal, fue capaz de olvidarse de sí misma para hablar con la gente mucho más que yo, que no sufría más que un poquito de timidez.

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