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Viernes, 02 Febrero 2018 16:36

Eternamente agradecida

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Hna. Stacey Donovan, SHM:  Me ayudó mucho verla tan transparente y feliz, porque estaba en la voluntad del Señor.

La Hna. Stacey Donovan se manifiesta «eternamente agradecida» por todo el bien que ella y su familia han recibido de la Hna. Clare, que tuvo un papel muy importante en la aceptación de su vocación y fue el instrumento que el Señor usó para la conversión de su hermana menor. La Hna. Clare había experimentado en primera persona la misericordia de Dios, y trataba por todos los medios de que los jóvenes se dejaran alcanzar por esa misma misericordia.

Conocí a la Hna. Clare en un campamento en el año 2007, en Cherry Lake, Florida (EEUU), cuando yo tenía 19 años. Mi hermana mayor, la Hna. Mary, había entrado al noviciado de las Siervas del Hogar de la Madre en España. Al tener una hermana Sierva, pensé que sería bueno tener más contacto con el Hogar, así que me apunté al campamento de este año. No me acuerdo mucho del campamento, porque mi memoria no es muy buena. Pero sí me acuerdo de la Hna. Clare, porque era una de esas personas que es difícil olvidar por su alegría y su gran sentido de humor. Durante el campamento, la Hna. Clare junto con la Hna. Grace improvisaban actuaciones como si fueran un programa de televisión al que llamaban «Life with the Home». Era una forma de sacar temas importantes para hacernos pensar, mientras nos hacían reír al mismo tiempo. Durante el campamento ella estaba con las niñas más pequeñas, siempre haciendo buen ambiente, cantando, riendo, lo que hiciera falta.

Mis recuerdos más bonitos con ella son los de la peregrinación de 2008. Fuimos a Canadá, Nueva York y Filadelfia. Íbamos tres hermanas y nueve chicas en una furgoneta de doce plazas. Nos lo pasamos muy bien. Para todas las que fuimos, fue un tiempo muy fuerte de gracia. Una de las hermanas era la Hna. Clare. Estaba también mi hermana pequeña, aún sin convertir y metida en una vida de vicio. Ella fue a la peregrinación solo porque mis hermanos y yo la «empujamos». Así que, al principio, no estaba allí de muy buena gana. Esta peregrinación fue para ella una gracia de conversión muy grande. La Hna. Clare fue el instrumento que el Señor usó para cambiar el corazón de mi hermana.

La Hna. Clare se veía reflejada en muchas actitudes de mi hermana, y sabía por dónde cogerla. Creo que fueron muy importantes las conversaciones en el coche, durante los largos viajes atravesando EEUU. Cuando mi hermana escuchó la conversión de la Hna. Clare, el muro que había construido comenzó a caer. Mi hermana empezó a abrir su corazón a Dios y tomó a la hermana como guía espiritual. Todavía tiene todo guardadas todas las cartas y mensajes de la Hna. Clare, porque recibió mucho bien de esas conversaciones.

Siempre era muy clara a la hora de decir las cosas. Nunca presentaba las verdades de Dios de una forma tibia, siempre «caliente», porque era una «mujer-mujer».

La Hna. Clare tenía un don muy grande con los jóvenes, especialmente con «los peces gordos», porque ella también había experimentado la misericordia del Señor. Yo la estaré eternamente agradecida por todo el bien que ella le hizo a mi hermana y a toda mi familia.

También para mí la Hna. Clare fue un punto de referencia en esta peregrinación. En esos momentos, yo estaba en plena lucha con mi vocación. Sabía que tenía que tomar la decisión de volver a España o no, porque estaba experimentando muy fuerte la llamada del Señor. Pero durante ese verano lo había dejado de lado, sobre todo por miedo a hacerle daño a mi padre. La peregrinación me hizo volver a pensarlo todo de nuevo. Recuerdo hablar mucho con la Hna. Clare a lo largo de toda la peregrinación. Me ayudó mucho verla tan transparente y feliz, porque estaba en la voluntad del Señor. Allí recibí la gracia de poder decir «sí», para volver a España para ser Sierva.

Durante la peregrinación fuimos al santuario de Santa Kateri Tekawitha, una nativa india. De pronto, a la Hna. Clare se le ocurrió darnos a cada una un «nombre indio». ¡Cuánto nos reímos! Ella le echaba mucho rollo y decía que para poner el nombre tenía que recibir una «inspiración». Cuando —de repente— le venía un nombre, se ponía toda seria (bueno, más que seria se ponía «payasa») y se giraba hacia ti para decirte tu nuevo nombre. Yo era «dancing bull», que traducido sería el «toro bailarín». Era un forma más de hacer buen ambiente entre nosotras.

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