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Lunes, 30 Septiembre 2019 21:00

Perdida en el hospital. ¿Perdida?

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Hna. Kelai Reno:  La Hna. Clare y yo íbamos por el pasillo del hospital intentando orientarnos cuando, de repente, vimos venir hacia nosotras a una señora que lloraba. 

Una mañana, la Hna. Clare y la Hna. Kelai tenían que llevar la comunión a un enfermo del Hospital Clínico de Valencia. Desorientadas, se perdieron por los pasillos. Bueno, ellas pensaban que estaban perdidas, pero —como nos cuenta la Hna. Kelai Reno, SHM— «el Señor sabía exactamente donde quería ir Él».

hnaclarehospitalCuando viví con la Hna. Clare en nuestra comunidad de Valencia, acabábamos de fundar allí y todo era nuevo para nosotras. Trabajábamos en dos hospitales, el Hospital Clínico en Valencia ciudad y el Hospital Militar de Mislata. Visitábamos a los enfermos y les llevábamos la comunión.

Uno de esos primeros días, la Hna. Clare y yo fuimos al Hospital Clínico, pero nos perdimos por los pasillos del hospital. Ella llevaba a Jesús, que siempre tenía agarrado contra el pecho, debajo de escapulario de su hábito. Íbamos por el pasillo intentando orientarnos cuando, de repente, vimos venir hacia nosotras a una señora que lloraba.

Nos llevó dentro de la habitación donde acababa de fallecer su padre y nos dijo que justo le había pedido al Señor que le mandase a alguien que la ayudara. Cuando salió al pasillo nos encontró a nosotras. No se refería a ayuda médica, porque esa ya la tenía. De hecho, había enfermeras en la habitación. Nos explicó que se refería a ayuda para el alma de su padre y para su propia alma, porque ella estaba allí sola, sin su familia.
En este momento, la Hna. Clare le dijo: «Tú has pedido ayuda y pensabas que nosotras éramos esa ayuda, pero es el mismo Señor el que ha salido a tu encuentro para buscarte y poder estar aquí, contigo y con tu padre». Y sacó la píxide donde llevaba al Señor de debajo de su escapulario. Cuando esta señora se dio cuenta de que la hermana llevaba con ella al Señor, empezó a llorar de agradecimiento porque el mismo Señor había querido venir a consolarla. Las tres nos pusimos de rodillas junto al lecho, y rezamos por el alma de su padre, allí ante el Santísimo. Ella estaba tan agradecida. 

A la Hna. Clare le tocó mucho este suceso. Le asombraba la providencia del Señor. Nosotras pensábamos que estábamos perdidas, pero el Señor sabía exactamente donde quería ir Él. Cuando llegamos a casa le contamos la historia a las hermanas, pero es que ella se acordaba y contaba esta historia incluso meses y años después. Y siempre señalaba con tanto cariño cómo el Señor sale a buscarnos, sale a nuestro encuentro.

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