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Lunes, 26 Octubre 2020 21:00

«Este es nuestro Puyo ahora»: la generosidad de la Hna. Clare

Karolina Vera

Karolina Vera:  La Hna. Clare tuvo que andar durante tres horas y media porla selva, llevando su propia mochila, con botas, con un chubasquero por si llovía y con su hábito lleno de barro. 

Karolina Vera es una joven del Hogar de la Madre muy cercana a la Hna. Clare. Participó en las labores de rescate, hasta recuperar el cuerpo de la Hna. Clare bajo los escombros a los que el terremoto del 16 de abril de 2016 redujo la Unidad Educativa «Sagrada Familia» de Playa Prieta (Ecuador). Karolina comparte con nosotros un precioso recuerdo de la generosidad de la Hna. Clare, esta vez sobre la disposición de la hermana para la difícil misión del Puyo, en la región amazónica de Ecuador.

Las Siervas del Hogar de la Madre, junto con algunos sacerdotes y jóvenes pertenecientes al Hogar de la Madre y al Colegio «Sagrada Familia» de Playa Prieta, solíamos ir de misiones dos veces al año al Puyo, en la selva amazónica ecuatoriana, para evangelizar a los indígenas Shuars (más conocidos como Jíbaros) y así llevarles el amor de Dios. 

La Hna. Clare también fue de misiones al Puyo. Participó en la segunda misión que hicimos, que comenzó el 17 de febrero del 2014. Éramos un total de 35 misioneros: 8 hermanas, 4 sacerdotes y 23 jóvenes. Nos repartimos para visitar once comunidades Shuar. 

La Hna. Clare, junto con su equipo misionero, visitó dos comunidades: la de Sharupi y la de Shakay. Para llegar a Sharupi, tienes que caminar por la selva durante una hora y media y cruzar un río a pie. Para llegar a Shakay, tienes que caminar otras dos horas más desde Sharupi, a través de un camino de troncos que es muy duro, y más aún si llueve. En total, para llegar hasta la segunda comunidad, la Hna. Clare tuvo que andar durante tres horas y media porla selva, llevando su propia mochila, con botas, con un chubasquero por si llovía y con su hábito lleno de barro. 

Llegar a las comunidades no es fácil, más todavía en el mes de febrero, ya que en Ecuador estamos en temporada de invierno y llueve mucho, y el camino se vuelve más duro. Estar cuatro días dentro de las comunidades indígenas, en la selva, tampoco es fácil. No hay servicios básicos: no hay luz, no hay baños, no hay ni siquiera camas, así que tienes que dormir en el suelo. Así es como viven los Shuars y de esa misma forma tenemos que vivir nosotros mientras estamos allí.

Yo no estuve en el mismo equipo misionero de la Hna. Clare porque, cuando ella se quedaba en su comunidad, yo iba más lejos, a una comunidad llamada Jampis que se encuentra a unas seis o siete horas caminando. La misión terminó y cada uno volvió a casa con el corazón lleno. 

Puyo

Después de algún tiempo, volví a ver a la Hna. Clare, que en ese entonces estaba en la comunidad de Guayaquil. Cuando la vi le dije: «Hna. Clare, volvamos al Puyo». Ella solo sonrió. 

En 2015, la Hna. Clare fue destinada a Playa Prieta, donde yo vivo. Un día, después de haber estado hablando sobre el Puyo, recuerdo que me preguntó que por qué me gustaba tanto el Puyo. Yo le dije: «Porque esas personas desean conocer y amar a Dios y le necesitan. Porque las sonrisas de esos niños son las más preciosas que he visto nunca. Porque allí me siento libre y feliz». La Hna. Clare me dijo que ella se había entregado totalmente en la misión del Puyo, y que estaba muy contenta y agradecida con Dios por haberle permitido vivir aquello, pero que solo volvería allí si Dios se lo pedía, que no se ofrecería a ir. 

En el 2016, poco antes de la Semana Santa, las hermanas anunciaron que habría una nueva misión al Puyo el mes siguiente y que nos apuntáramos las que quisiéramos ir. Yo me acerqué a la Hna. Clare y le dije: «¡Vamos!». Ella solo sonrió. Yo le devolví la sonrisa. Me preguntó una vez más que por qué me gustaba tanto el Puyo y yo le volví a dar la misma respuesta. Me miró, me sonrió y se fue. 

Ya estando en el encuentro de Semana Santa con el Hogar de la Madre, el Viernes Santo por la noche, la Hna. Clare me llamó aparte y, con una sonrisa preciosa y resplandeciente, me dijo: «¿Sabes lo que le he pedido hoy al Señor?». Y yo, mirándole con mucha intriga, le dije que no lo sabía. Entonces ella, mirándome fijamente, me dice: «Le he pedido al Señor ir al Puyo en la siguiente misión. Me he ofrecido a ir. Quiero ir no solo porque Él me lo pida, sino que he querido ofrecerme. Se lo he pedido». Tengo que reconocer que, cuando ella me dijo eso, me puse contentísima, pero sobre todo me quedé muy impresionada y solo podía pensar: «Realmente la Hna. Clare vive en tensión de santidad y se lo da todo al Señor, todo». 

Lastimosamente, no pudimos ir de misiones al Puyo el mes siguiente. El 11 de abril de 2016, Playa Prieta sufrió una gran inundación. Todo el pueblo, incluido el colegio donde las hermanas vivían, estaba inundado. El agua llegaba por la cintura. Durante toda esa semana las hermanas, las candidatas y un grupito de chicas estuvimos sacando agua y limpiando todo el colegio. Siempre estábamos riendo y diciendo: «Este es nuestro Puyo ahora, en el hay que darlo todo». ¡Estábamos tan contentas! El 16 de abril, la Hna. Clare y las candidatas que repetían junto a mí sonriendo «este es nuestro Puyo ahora, hay que darlo todo», después de darlo todo a lo largo de esa jornada, morían bajo los escombros a los que el terremoto redujo el edificio donde se encontraban. 

Ellas lo dieron todo hasta el final, todo sin reservarse nada. Gracias Hna. Clare. Gracias María Augusta, Valeria, Mayra, Catalina y Jazmina. Gracias por el ejemplo. Gracias por tanto.

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