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Hna. Kristen Gardner (EEUU): La Hna. Clare tenía la convicción de que iba a ser elegido el cardenal Ratzinger.

hermanakristenLa Hna. Kristen Gardner entró en el noviciado de las Siervas del Hogar de la Madre en 2004. La Hna. Clare estaba comenzando su segundo año de noviciado, así que ambas convivieron en el noviciado un año. De esta época son estas simpáticas anécdotas vividas por ambas en Roma, que nos permiten conocer un poco mejor a la Hna. Clare: su alegría, su capacidad de santificar el trabajo y transformarlo en oración –con toda naturalidad– y su amor al Papa.

Hermana Clare de novicia

Las hermanas esperando el humo blanco en la Plaza de San Pedro

El Señor nos concedió una gracia muy grande, la de poder pasar un mes de nuestro noviciado en Roma, entre los meses de febrero y marzo de 2005. Las hermanas de esa comunidad tenían que trasladarse a una nueva casa y necesitaban ayuda para limpiar, pintar y preparar todo. ¡Allí nos fuimos las novicias con mucha alegría! Por las mañanas trabajábamos y por las tardes teníamos clases de patrística, de vida consagrada y de la vida y obras de Sta. Teresa de Ávila, con las hermanas profesas. Los fines de semana hacíamos peregrinaciones. Cuando trabajábamos, nos poníamos un pañuelo encima de la toca, para que no se manchara. La Hna. Clare siempre tenía dificultades con la toca y se le caía con mucha frecuencia. Recuerdo que se le iba cayendo poco a poco por debajo del pañuelo, hasta que solo se quedaba con el pañuelo. Nos reíamos muchísimo cada vez que le pasaba. Ella siempre estaba cantando mientras trabajábamos. Inventó una música para cantar las letanías de los santos. Era una música muy alegre y, con ella, íbamos pidiendo ayuda a todos los santos que se nos venían a la cabeza. 

El Papa Juan Pablo II estaba muy enfermo en ese momento. Pudimos ir al Hospital Gemelli para verlo desde la ventana a la hora del rezo del Ángelus. Era justo después  de que le hicieran la traqueotomía. Fue un momento muy fuerte y una gracia muy grande estar allí. También pudimos asistir a la Misa de apertura de los Ejercicios Espirituales de la Curia Vaticana, que presidió el entonces Cardenal Joseph Ratzinger. Allí la Hna. Clare lo escuchó por primera vez y le cogió mucho cariño.

Dos meses después, cuando murió Juan Pablo II, las novicias tuvimos la gracia de poder volver a Roma para la elección del nuevo Papa. La Hna. Clare tenía la convicción de que iba a ser elegido el cardenal Ratzinger. Durante todo el camino (¡un viaje de más de 20 horas en furgoneta!) nos lo iba diciendo. La Hna. Sara Lozano, que también era novicia entonces, sabía alemán, y la Hna. Clare iba preguntándole palabras en alemán para poder decirle algo al cardenal Ratzinger en alemán cuando fuese elegido papa. La Hna. Sara le enseñó una canción para niños sobre un elefante en un bosque, y la Hna. Clare le cambió la letra para que dijera: “Habemus Papam: Ratzinger, Ratzinger”.

Durante la espera del Cónclave, íbamos todos los días a la Plaza de San Pedro para ver si salía el humo blanco. Recuerdo momentos muy graciosos, en los que la Hna. Clare imitaba perfectamente la voz del cardenal Ratzinger, haciéndonos reír muchísimo. El día en que fue elegido, cuando el cardenal protodiácono anunció: “Habemus Papam: Eminentissimum ac reverendissimum Dominum, Dominum JOSEPHUM…”, la Hna. Clare gritó: “¡¡¡¡RATZINGER!!!!” Y yo pensé: “Habrá muchos cardenales que se llamen José...”. Y siguió el cardenal: “Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinalem RATZINGER”. Y ya os podéis imaginar su alegría, además de la alegría de todas, la mía incluida.

En Roma durante la eleccion de Benedicto - En la Plaza

Las hermanas esperando el humo blanco en la Plaza de San Pedro

Al día siguiente estábamos en casa comiendo y teníamos ganas de ver al nuevo papa, pero no iba a ser posible hasta varios días después, en la misa de inauguración del pontificado. El Padre Rafael decidió que, al menos, podíamos ir a rezar el rosario en la Plaza de San Pedro y, desde allí, mirar hacia su ventana.

Todas teníamos ganas de ver al Papa y, por supuesto, teníamos la esperanza de verlo, pero realmente era imposible. Estábamos sentadas en la plaza, hacia la izquierda, para poder ver bien la ventana del Papa, y de repente vino corriendo hacia nosotros un chico que gritaba: “El Papa está allí”. Y señalaba detrás de él. El chico nos sobrepasó y siguió corriendo en la dirección opuesta a donde, supuestamente, estaba el Papa. Todas nos levantamos inmediatamente, pero, antes de que empezáramos a reaccionar, la Hna. Clare ya estaba a la mitad de la plaza. Tenía tantas ganas de ver al Papa... La Hna. Conchi estaba justo detrás de ella. El P. Rafael y las demás nos pusimos a correr también. Yo iba por detrás, con la Hna. Rocío, incrédulas las dos, diciendo: “Sí, hombre... ¿Cómo va a estar allí el Papa? Es imposible. Además, el chico corría en la dirección opuesta. Si realmente estuviera el Papa allí, ¿por qué no corría hacia el Papa?”. Bueno, entonces llegamos nosotras, con pocas ganas, detrás de las demás. Y resultó que sí, que el Papa estaba allí. Había ido a su antiguo apartamento para recoger sus cosas. En ese momento estaba dentro, pero la gente nos aseguraba que en el cualquier momento iba a salir para volver al Vaticano. La Hna. Clare, gracias a su velocidad, llegó y estaba en primera fila. Y cuando pasó el Papa, lo pudo ver muy bien.

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