Viernes, 28 Abril 2017 21:00

Hna. Clare, ayúdame

Hna. Clare rezando el Rosario

David Cruz (España)El que mi madre pudiera permanecer viva teniendo esa enfermedad «fulminante», para recibir la unción de enfermos, y que se me permitiera verla casi tres horas, y que estuviera con total lucidez, es una gracia pedida y concedida a la Hna. Clare.

David Cruz David Cruz es miembro de los Laicos del Hogar de la Madre y un estrecho colaborador de la Fundación EUK Mamie. De hecho, es conocido entre nosotros como “la voz” de HM Televisión. El pasado 30 de marzo de 2017, David recibió una terrible noticia: su madre había sido diagnosticada de una enfermedad mortal y fulminante, una disección aórtica. Él se encontraba trabajando en Gales, en el Reino Unido. Llegar a tiempo de ver a su madre con vida parecía materialmente imposible. Arrancó el coche en dirección al aeropuerto suplicando: «Hna. Clare, ayúdame». No tiene ninguna duda de que, llegar a tiempo para despedirse de su madre, encontrarla lúcida y serena, que ella pudiera recibir la unción de enfermos… es un regalo de Dios en el la Hna. Clare ha tenido algo –o mucho- que ver. Lo cuenta él mismo, en una conmovedora carta al P. Rafael Alonso, fundador del Hogar de la Madre.

Querido P. Rafael: 

Lo primero de todo es darle las gracias por la cercanía espiritual tan grande que ha sentido toda mi familia y conocidos por el Hogar en su totalidad. Segundo, le escribo desde la proximidad temporal de los hechos, para que no sea ni el tiempo, que difumina los recuerdos, ni mi cariño, el que cambie las cosas. Porque lo que tengo que escribirle no es fácil para mí, por lo doloroso de la experiencia. Pero, a la vez, es una grandísima gracia recibida por mediación de la Hna. Clare.

Padre Rafael, siento que el que mi madre pudiera permanecer viva, teniendo una enfermedad «fulminante», para recibir la unción de enfermos, y que se me permitiera verla casi tres horas después de un viaje incierto, y que estuviera con total lucidez, es una gracia concedida, que pedí a la Hna. Clare desde el primer momento que supe de la gravedad. Igualmente importante para mí ha sido ver cómo la Virgen Santísima vino por ella. Estoy totalmente convencido de ello.

El jueves 30 de marzo de 2017, fui al trabajo como todos los días, a Mitcheldean, en el bosque de Dean (Reino Unido). Mientras tanto, en España, el día había empezado mucho más pronto, aproximadamente a la 1:30 AM. A esa hora, mi madre empezó a sentir mareos, vómitos y dolor de espalda y pecho. Mi padre fue en busca de un taxi para poder ir a urgencias, y empezaron las esperas y las pruebas para ver lo que podía ser.

Hna. Clare en Priego

Ese mismo jueves, ya amanecido, mi esposa Isabel llevó a David a la ruta, para ir al colegio, y de ahí se fue a misa de 9:30 AM, donde siempre se encontraba con mis padres. Ese día no les vio y, gracias a Dios, les llamó para saber de ellos. La contaron que estaban en el hospital, pero que no se preocupara que ya estaban a punto de darles el alta... y que no me dijeran absolutamente nada. Con todo, Isabel marchó al hospital. Les encontró en urgencias, ya con el papel del alta en la mano, y a punto de vestirse mi madre para irse a casa. Por lo visto, había tenido subidas y bajadas de tensión fortísimas e incontroladas durante toda la noche.

Isabel la estaba ayudando a vestirse para irse a casa, cuando se le desplomó con un bajón de tensión de 6/3 mientras estaba sentada. Afortunadamente no llegó a ponerse de pie ni cayó al suelo. Isabel la tendió de nuevo en la cama y llamó al médico, lo que hizo que se tuvieran que quedar un poco más en urgencias. La suerte fue que tuvo un vómito de sangre, e Isabel llamó al médico. Gracias a Dios la pudieron recuperar. Empezaron a hacerle pruebas que no tenían previstas hacer antes, porque no tenía antecedentes del corazón.

En ese momento recibí la primera noticia de lo que estaba pasando por e-mail:

From: Isabel Bandera 
Sent: Thursday, March 30, 2017 1:32 PM
To: Cruz Palacios, David
Cariño, estoy en el hospital con tus padres. Es tu madre que se ha puesto malilla. Ya nos íbamos de alta, pero de momento le están haciendo más pruebas. Si quieres, llámame. No te alarmes.

La conversación inmediata no fue nada tranquilizadora, porque notaba a Isabel escondiéndose para hablarme. Me puso en guardia para salir corriendo. El tema vuelos era muy complicado, sobre todo para el mismo día, porque no había vuelos en los dos aeropuertos que tenía más cercanos.

El 30/03/2017, a las 13:42, "CRUZ PALACIOS, DAVID" escribió:
Hay billetes para mañana desde Bristol y Birmingham… Si tuviera que ir esta tarde-noche los busco en Londres…
Por favor, dime algo….

From: Isabel Bandera 
Sent: Thursday, March 30, 2017 14:54 PM
To: Cruz Palacios, David
David, llámame por Dios.

En el momento en el que le dieron un diagnóstico más elaborado, Isabel propuso al médico comunicármelo inmediatamente, pero este le dijo que sería mejor esperar a hablar con el cardiólogo. Era una ‘disección aórtica’. Isabel no se esperó. Sabía que era muy grave y salió del edificio de urgencias para llamarme. Sus palabras fueron: «¡Ven! Sal ya». Me sobraron palabras para salir disparado.

Esta decisión de Isabel fue determinante en el «perfecto timing celestial» de los siguientes acontecimientos. Si hubiera esperado a reunirse con el cardiólogo para decirme algo... Inmediatamente salí del trabajo sin pararme, sin billete, y solo repitiendo: «Hna. Clare, ayúdame». No sabía a qué aeropuerto dirigirme. Solo unas palabras a unos compañeros para que supieran dónde andaba si pasaba cualquier cosa.

Llamé a la secretaria del departamento en Vitoria para ver si podía sacarme un vuelo cuanto antes, y a un amigo que vive en Inglaterra para que me indicara. Me dijo que fuera hacia Heathrow (el aeropuerto de Londres). Como la zona donde trabajo está en mitad de un bosque perdido en caminos comarcales cerca de Gales, el camino hacia ‘cualquier’ otro aeropuerto comenzaba bastantes kilómetros más adelante. Durante este tiempo, y antes de llegar a la «rotonda de la decisión», la secretaria de mi departamento me llamó con dos vuelos para ese día desde el Aeropuerto de Heathrow, uno salía en una hora y media y otro en dos horas. El navegador me decía que llegaría en dos horas. Tenía que intentarlo. Pedí el segundo vuelo: a las 17:10.

Con el tema del billete casi resuelto, quedaba el trayecto... Haciendo cuentas, no salían las horas para llegar a tomar el avión. Por el camino no paraba de rezar un rosario sin fin (sin contar las decenas). La velocidad a la que iba era superior a la máxima pero, al tiempo, no me podía arriesgar a ser parado. En un momento dado, sentí un estremecimiento tremendo que me paralizó el cuerpo: los dedos se me quedaron petrificados y no podía mover un músculo, al mismo tiempo que me ponía a llorar desconsoladamente y a temblar. Tenía la sensación de que mi madre se iba sin remedio en ese mismo momento. Grité a la Hna. Clare: «Por favor, aguántala con vida... ¡¡¡Por favor!!!»

Hna. Clare tocando la guitarra

Con la angustia del momento, y recuperando poco a poco la movilidad y la serenidad, continué camino. Fui a entregar el coche de alquiler en el aeropuerto... Lo dejé sin combustible y con una rueda pinchada. Al chico de recepción no tuve que decirle ni una palabra: le di las llaves y no me pidió, como siempre hacen, que esperara al examen final del estado del vehículo y a firmar la hoja de entrega... Algo muy extraño.

Avancé unos diez metros y vi que justo llegaba el autobús que me llevaría al ‘Terminal 5’. Normalmente pasan cada 10 o 15 minutos. Al llegar al terminal, no me dio tiempo a dudar del camino a seguir para ir a Departures: el ascensor estaba «esperándome» en frente de mí. Entré en el terminal: anunciaban congestión de largas colas en seguridad. Además, en ese momento me di cuenta de que llevaba puestos los zapatos de seguridad, con la puntera de acero... Empecé a pensar que no me dejarían pasar «a la primera», y que tendría que dar explicaciones, y pasar por escáneres adicionales. La larga cola anunciada en seguridad iba a ser «misteriosamente» una fila de ¡¡¡tres personas!!! Y, al pasar los zapatos, ningún problema. ¿¿¿???

Llegué a la puerta de embarque ¡¡a tiempo!! El vuelo estaba llenísimo. El mío era el último asiento libre que quedaba. Una última llamada a casa para hablar con Isabel y confirmar que estaba en habitación, tranquila y serena. Le mandé a Isabel el teléfono de la Parroquia de San Leandro, para que avisaran y fueran a verla. Isabel se había adelantado por whatsapp con Javier, el párroco, a pesar de la negativa de mis padres de «molestarlos». En el momento de mi llamada, ya había recibido la visita de tres de los sacerdotes de la parroquia, y recibido la unción de enfermos. Durante la misa en el tanatorio, el sacerdote que oficiaba, el P. Amador, dijo que el día anterior se había confesado.

Un vistazo al correo para leer el de un amigo médico, Humberto, que me dijo que lo que tenía mi madre era muy grave. El vuelo lo pasé con mi «rosario sin fin», acordándome mucho del favor pedido a la Hna. Clare. De hecho, no quería dormirme -a pesar de la tensión acumulada y de la monotonía del vuelo- para no dejar de rezar. Pero ya me estaba haciendo a la idea de que mi madre se iría, tarde o temprano. Llegué al Aeropuerto de Madrid Barajas a las 20:45. Taxi y a las 21:30 estaba en el hospital. Isabel acababa de irse para casa, para pasar la noche con David, que estaba en casa de Mónica y Quino desde que salió del colegio.

Al entrar en el hospital, pasé por la capilla. Estaba cerrada. Delante de la puerta, pedí fuerzas. La encontré consciente, totalmente lúcida, y fue una conversación que me tranquilizó enormemente. Tenía mucha paz. No era una «despedida», sino una conversación normal con mi madre. Me vio un poco más delgado, me dijo que fuera responsable y que me cuidara. Toda su preocupación era que yo volviera a casa. No podía casi hablar, porque tenía la garganta completamente seca y dolorida. Tenía muchísima sed: los médicos le habían prohibido beber, porque al beber devolvía el agua. La mojé los labios varias veces. Lo agradeció muchísimo, pues casi ni podía hablar del dolor provocado por la sequedad de garganta. Le dolía todo el cuerpo y no conseguía una postura cómoda.

Intentando que ella durmiera un poco, le dije a mi padre que rezara el rosario a su lado. Llegados al 5º Misterio, observé que mi madre levantó la cabeza mirando al techo y se hizo la señal de la cruz. En ese momento supe que se iba a ir pronto... Recordé la imagen que hay en Lourdes, donde la Virgen llega a llevarse el alma de un enfermo.

Minutos más tarde intentó levantarse. Parecía que quería ir al baño. Mi padre intentó pararla. En ese momento, levantó la mirada y los brazos para expirar con los ojos mirando a lo alto. Inmediatamente llamé a la enfermera. Llegaron rapidísimos. Nos echaron de la habitación, para salir al poco y decirnos que nos despidiéramos, que no había nada que hacer. Eran las 11:45 aproximadamente. Certificaron su muerte a las 11:49, del jueves 30 de marzo de 2017.

P. Rafael y hna. ClareP. Rafael, siento que el que pudiera permanecer viva teniendo esa enfermedad «fulminante», para recibir la unción de enfermos, y que se me permitiera verla casi tres horas, y que estuviera con total lucidez, es una gracia pedida y concedida a la Hna. Clare. Igualmente importante para mí, ha sido ver cómo la Virgen Santísima vino por ella. Estoy totalmente convencido de ello.

El resto de las horas de esa noche y de los días siguientes han sido muy duras, pero quiero hacer llegar mi mayor agradecimiento a todo el Hogar de la Madre, especialmente a Quino y Mónica, que se hicieron cargo de David mientras nosotros pasábamos el trance.

También quiero agradecer de corazón a la Hna. Teresa María, porque durante los últimos meses me ha ido mandando un impresionante «catequesis» que me han ayudado a tener una fe muy firme en «la Vida». Se trata de unos textos de María Simma y sus experiencias con las almas del purgatorio, para grabar como audiolibro. Mi madre era muy partidaria de rezar por las almas del purgatorio, todos los días y a todas las horas.

Un saludo.

Agradecido de corazón.

David Cruz Palacios

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