Viernes, 03 Febrero 2017 21:00

Santa chulería

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Hna. Mary Donovan, EEUU:  Al conocerla, descubrí que la santidad y la chulería son compatibles y un modo maravilloso de vivir.

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Primera parte del testimonio de la Hna. Mary Donovan SHM, sobre la Hna. Clare. La Hna. Mary nos relata su primera impresión sobre la Hna. Clare, cuando la conoció en el año 2005. Hubo dos cosas que le llamaron poderosamente la atención: primero, lo que la Hna. Mary llama la “santa chulería” de la Hna. Clare; y segundo: su alegría, esa virtud tan característica suya. La Hna. Mary comparte con nosotros simpáticas y aleccionadoras anécdotas, que nos hablan de la alegría y el celo por las almas de la Hna. Clare.

Conocí a la Hna. Clare en 2005, cuando pasé mi primer verano en España, con las Siervas del Hogar de la Madre, con la intención de entrar como candidata de la comunidad. En aquel tiempo, la Hna. Clare era novicia. Fue una de las primeras hermanas que conocí. Además, con ella podía hablar en inglés, porque en ese momento yo no conocía el español y pocas hermanas hablaban inglés. Con todo, debo decir que hablar con ella fue un reto en sí mismo, porque casi no la entendía debido a su fuerte acento irlandés. Recuerdo que pensé: “Pero, ¿quién es esta hermana tan graciosa y tan chula, que habla con un acento tan fuerte?” Santa chulería: Esa fue mi primera impresión de ella. Al conocerla, descubrí que la santidad y la chulería son compatibles y un modo maravilloso de vivir. La Hna. Clare tenía un gran sentido del humor, pero solo con el paso del tiempo descubrí que, ese sentido del humor, no era solo un don suyo, sino una virtud: la alegría. Puedo dar testimonio de que ella practicó esa virtud incluso en las circunstancias más difíciles. Con esfuerzo, ella fue capaz de convertir muchas situaciones difíciles en situaciones alegres.  

Hna Clare jugando

Un momento en particular me viene a la memoria. En 2008, la Hna. Clare y yo ayudamos en uno de nuestros campamentos en Ocala, Florida (EEUU). Era uno de mis primeros campamentos como profesa, y me acuerdo mucho de su ejemplo de alegría y, sobre todo, de su celo apostólico y su amor por las almas. Una noche, algunas de las chicas sufrieron un caso grave de “homesickness”, es decir, de añoranza de su casa y su familia. Muchas de ellas nunca habían salido de su casa por más de una o dos noches y, ese día, mientras cenábamos, de repente escuchamos el llanto de una chica… Y después el de otra… y otra… Todas simultáneamente sollozando: “¡Quiero irme con mi mamá!… ¡Quiero irme a casa!”  Me acuerdo pensar: “Ay, ay, ay… A ver qué hacemos ahora”.  No sé cómo lo hizo, pero en apenas unos minutos, la Hna. Clare no solo consiguió que las chicas dejasen de llorar, sino que fue capaz de que estuvieran un buen rato riéndose a carcajadas y cantando canciones. Fue una curación milagrosa de su “homesickness.” 

En otra ocasión, al terminar la cena, comprobamos que todas las chicas -y las hermanas también, la verdad- estábamos exhaustas de las actividades el día y del calor de la jornada. Cualquier persona que pase un verano en la Florida sabe cuán insoportable puede llegar a ser el calor allí. Se notaba un bajón general en el ambiente del campamento. Las chicas empezaron a quejarse por todo, del mismo cansancio. No querían ni unirse a las canciones. Y nosotras no sabíamos exactamente cómo mejorar las cosas. Sinceramente, pienso que todas las hermanas tuvimos la gran tentación de pensar: “Se acabó, ya está, les mandamos a la cama y punto”.  Justo cuando las cosas parecían haber llegado al punto más crítico, recuerdo ver cómo la Hna. Clare se levantaba de la mesa con cara de determinación. Buscó algo para usar a modo de micrófono (creo que cogió una cuchara o algo así) y, junto con la Hna. Grace, organizó un “programa en directo” al que dieron el nombre de “Life with the Home” (La Vida con el Hogar). En un momento consiguió que todas las chicas le prestaran atención. El “programa” consistió en ir llamado a varias chicas al “escenario” (una mesa del comedor) para ser entrevistadas, también cantaban canciones estilo karaoke, contaban chistes, escuchaban intervenciones de los “oyentes” que llamaban al “programa”,  y todo lo que os podáis imaginar de entretenido y divertido.  Todo improvisado, claro. Toda la situación me impresionó muchísimo. Yo me di cuenta de que la iniciativa no había sido fácil en absoluto para la Hna. Clare, porque ella estaba tan cansadísima como lo estábamos nosotras. Pero creo que, en ese momento, como en otras muchas ocasiones, el Señor le pidió hacer algo y ella, sin vacilar, respondió con una generosidad total. 

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Al terminar ese mismo campamento, el “Ranger” (el guardabosques) encargado de vigilar las instalaciones del campamento, tenía que revisarlo todo. Le acompañamos por los distintos espacios, mientras él nos iba diciendo lo que quedaba por hacer en cuanto a la limpieza y orden de todo. Si había algo que según su criterio no estaba perfecto, teníamos que limpiarlo de nuevo. En fin, este “Ranger” no era precisamente una persona agradable, ni era fácil tratar con él. Llegados al comedor, nos dijo bruscamente que teníamos que fregar el suelo del comedor otra vez porque, en su opinión, no estaba lo suficientemente limpio. Casi no podíamos creer lo que estábamos escuchando. Yo miré a la Hna. Clare y noté que estaba bastante enfadada, pero no dijo nada. Con decisión, cogió una fregona y empezó a fregar el suelo, pero lo hizo exagerando de tal forma sus movimientos, que solo con mirarla comenzamos a reírnos a carcajadas todas. ¡Esa era la Hna Clare! Incluso ante una situación difícil, era capaz de hacerte reír y olvidar lo que estaba pasando. 

(Continuará).

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